A ti te espero

La noche cae como una negra cortina y lo único que me ilumina es la luna que se cuela por la ventana de mi habitación. Me preparo para dormir pero de pronto siento una presencia tras de mí, y por una extraña razón estoy segura de que es él. ¿Cómo llegó hasta aquí? ¿Por qué no me avisó? Hay mil preguntas que vienen a mi mente, pero las desecho en un instante… La espera ha sido demasiada como para perder en ellas el tiempo. En este momento no quiero pensar, solo vivir.

No me muevo. Cierro los ojos y quedo completamente rodeada de oscuridad. Siento cómo inmediatamente mis otros sentidos se agudizan. Aún nuestros cuerpos no se tocan, pero reconozco su figura tan próxima. Percibo su aliento caliente en mi cuello, y escucho cuando inhala mi olor, llenando sus pulmones con mi esencia.Yo sigo inmóvil, con el corazón a galope por la anticipación.

Entonces, en su primer contacto, coge mis manos, entrelazando sus dedos con los míos por unos segundos. Me suelta y toma cada una de mis muñecas ejerciendo una pequeña presión. Sigue su camino apenas tocando la piel de mis brazos, pasando por el lado interno de ellos y rozando mis pechos como por accidente. Sube hasta mis hombros y entonces comienza la labor de desnudarme. Con la precisión de un maestro desliza los tirantes de mi vestido, y con un sólo movimiento éste termina en el suelo.

Sus manos ahora rodean mi cuello, y sus pulgares presionan desde mi nuca hasta la base del cráneo, provocando un delicioso escalofrío. Sigue su camino, guiándose con la línea de mi columna vertebral hasta llegar al cierre de mi sostén. Lo suelta sin problemas y lo lanza junto al vestido.

Ahora sus caricias se centran en mi cintura y mis caderas… Dibuja mi trasero y una sorpresiva nalgada me hace brincar… !Siempre tan impredecible! Sus pulgares se introducen en los costados de mi tanga, y despacio la desliza hasta mis tobillos. En estos momentos lo único que visto son los altos zapatos de tacón, -esos que tanto le gustan- y decide dejarlos porque sacan su lado fetichista.

Me pide que coloque las manos sobre la cabeza, y con un delicioso movimiento delinea mis pechos, desde las axilas hacia el centro, y no puedo evitar que un suspiro se escape de mis labios. Sabe el efecto que sus mimos producen, y sigue tocándome de una forma magistral, sacando las mejores notas de mi cuerpo. No hay rincón que deje sin explorar con sus dedos. Entonces, cuando el orgasmo ya es inminente, decido abrir los ojos.

Descubro mi reflejo en el espejo que está al frente: eran mis manos -y no las suyas- las que me acariciaban… Él seguía al otro lado del océano. Y sin embargo nunca había estado tan cerca de mí como en esa bendita noche negra.



Comentar

Se el primero en comentar

Notificación de
avatar
wpDiscuz