Al otro lado del mundo

Siempre sucedía lo mismo. Abría su chat y esperaba ansiosa y entusiasmada noticias de él, desde el otro lado del mundo. Mientras tanto él se moría de ganas por comunicarse con ella y alimentar la complicidad que, sin apenas buscarlo, les había estallado en pleno rostro. Los prolegómenos eran breves, muy sencillos y sutiles. Bastaban dos o tres “me encantas”, seguido de algún “ojalá estuvieras aquí muy cerquita de mi” y de un “como deseo besar tu boca”, para que se desembocará un torrente de pasión con pasaporte directo a la luna… y sin pagar billete.

“¿Jugamos?” Era la palabra fetiche que provocaba que el desenfreno se activará en ambos. “Si tú quieres…” Era la respuesta definitiva que les regalaba una experiencia sensorial demoledora. Tan real como que estaban vivos. Tan auténtica como el deseo que invadía sus más bajos instintos. El juego comenzaba como no podía ser de otro modo, a miles de kilómetros de distancia.

“¿Donde estás?” – Te pregunto – “en el trabajo” me dices… Muy bien, imagina que estoy frente a ti. Voy a desnudarte muy despacio. Empezare desabrochándote los botones de tu blusa mientras saboreo tus labios. Nuestras bocas se reconocen y se gustan. Te libero de la blusa y se te escapa un suspiro. Te desabrocho el pantalón de tu uniforme de trabajo sin dejar de besarte. Tu respiración se acelera al intuir lo que se avecina. Lo deseas más que yo. Deseas que mi mano se abra camino debajo de tus bragas y compruebe la humedad de tu coño. Y así es como sucede. Un escalofrío de placer te recorre mientras mis dedos localizan tu clítoris con absoluta y delicada precisión. “Espera – me dices – voy a ir al baño, no puedo más. Estoy ardiendo”. Recorres varios pasillos de tu oficina y te encierras en el baño. “Sigue, estoy sola”. Me arrodillo ante ti y te bajo despacio las pequeñas braguitas que acarician tus zonas más íntimas. Descubro un coño rasurado y lo beso. Un, dos y tres veces. Vuelves a suspirar pero ahora más fuerte. Mi lengua lame todos tus pliegues. Todos. “¿Te estás tocando? ¡¡Sí!! – Me contestas – me encanta, no pares por favor”. Voy aumentando la velocidad de mis lametones y te saboreo mientras introduzco un par de dedos en tu vagina. Está completamente mojada. Ardes por dentro y ya me he quemado en tu fuego. Te corres en mi boca y me derrito de placer victorioso. Emites unos gemidos al ritmo de tus flujos hormonales y sientes que tu cuerpo se transporta a la luna en un instante.

Cambian las reglas del juego y me pides que me incorpore. Nos damos un respiro, por poco tiempo. Me susurras al oído, “ahora mando yo”. Me devoras la boca con maestría y tus manos buscan en mi entrepierna alguna prueba de excitación. La encuentran. Palpas mi polla por encima del pantalón y sientes ganas de liberarla. Cuando me quiero dar cuenta ya te has introducido mi sexo en la boca. No te gusta perder el tiempo. Ni a mí tampoco. Repasas con tu lengua el glande de mi polla y me deshago de placer. Cierro los ojos. “¿Sigues acariciándote?” – Te pregunto – “Claro, no he dejado de hacerlo, estoy muy excitada…” Seguimos. La succión es perfecta. Te la introduces hasta el fondo de tu garganta. Cada vez la te tengo más dura. Lo percibes. Frenas en  la tarea y te pones de pie. “Quiero que me folles contra la pared, ahora”. Tus palabras activan mi lívido. Te colocas en posición de combate. Tus manos están muy abiertas y apoyadas contra la pared. Me expones tu espalda y tú culo. Me acerco a tu nuca y beso tu cuello con pasión. Emites unos jadeos deliciosos y te abandonas al placer. Mis manos bajan por tu espalda y  exploran tu culo. Me arrodillo, separo tus nalgas y aplicó un generoso lametón en tus dos orificios más íntimos. Vuelves a gemir. Azoto tus nalgas y experimentas un placer especial. Me pides que te azote de nuevo y obedezco. Estás a punto de perder el sentido y sin embargo aciertas a ordenarme que te penetre. No quiero retrasar tus demandas. Me pongo de pie y me sitúo detrás de ti. Elevo una de tus piernas para que el movimiento sea perfecto, mientras la otra pierna tuya sigue firme apoyada en el suelo. No prolongó más la situación y con un movimiento certero te empotro contra la pared. Al principio las embestidas no son muy bruscas pero poco a poco van ganando intensidad. La lubricación de tu coño es perfecta. Mi polla entra y sale con facilidad. Volvemos a viajar a la luna, pero esta vez queremos hacerlo juntos. Y lo logramos.

Estoy a punto de estallar y te das cuenta. “Quiero que te corras en mi boca” – me súplicas. Vuelves a arrodillarte y acercas tu cara a mi sexo. Tu boca abierta está a escasos centímetros de mi polla. Me masturbo para ti y te excita verme. Finalmente estallo de placer y mi semen se derrama por toda tu boca y la comisura de tus labios. Sonríes con picardía sabiéndote ganadora y me lanzas una última mirada de deseo con mi esperma esparcido sobre tu rostro. “Me encantas, ha sido increíble – me dices – y lo he sentido todo en mi piel… a pesar de que te encuentras al otro lado del mundo”.

La distancia física queda reducida a la nada cuando la pasión y la complicidad se ponen en marcha entre dos personas. Tú y yo lo sabemos y lo comprobamos cada vez que rompemos las barreras y las fronteras. Nos despedimos saciados y satisfechos



Comentar

Se el primero en comentar

Notificación de
avatar
wpDiscuz