BDSM

El BDSM* es tendencia. La literatura erótica y las películas del momento han conseguido algo impensable, que una práctica que era considerada un fetiche extraño de gente freak, sea normalizado. Se ha tenido que crear un peliculón y vender miles de copias de libros, pero ¡oye! Por lo menos se ha avanzado.

Tras el estreno mundial donde la señorita Anna conoció al señorito Cristian y descubrir que una mazmorra, podía ser una habitación roja de lo más sexy, miles de mujeres se apuntaron al fenómeno de las sombras y decidieron realizar sus fantasías más secretas.

El BDSM es un juego, un juego muy excitante, donde existen unas normas claras y precisas, que por una vez, no están para saltárselas, puesto que tu salud también participa en el en juego (consejitos del día: poner límites, pre-negociar la escena, tener palabras de seguridad, escoger las instrumentos adecuados.

Yo nunca había ido más allá de un pequeño azote en el trasero durante mis relaciones sexuales. He de admitir que me gustaba la sensación. Realmente, hoy por hoy, me da igual que me juzguen, descubrir y aceptar que me gustaba ha mejorado mi vida sexual.

Mi consejo: Si sois fans del spanking como yo, tenéis que saber que lo primordial es que sea consentido (como cualquier otro acto sexual), pre-negociado y que las mejores zonas son las que tienen más piel, grasa o músculo (el culo, por ejemplo).

El spanking es un juego sexual que probablemente muchos ejercen pero que en realidad ni siquiera lo conocen como tal. Y es que en cuestiones desexualidad en pareja, muchas cosas son mejor experimentarlas que definirlas o entenderlas.

De una forma u otra, el término inglés spanking se interpreta como azotes o nalgadas, y se refiere a golpear con la mano o cualquier otro complemento los glúteos de la pareja con fines eróticos, de acuerdo con información del blog sexo-eros.

 Este juego sexual no siempre tiene como finalidad el sexo porque la relación, después de unos pocos azotes y del juego de roles que se interpreta en el mismo, se convierte en una experiencia más enérgica y estimulante.

 El spanking implica los azotes, pero a su alrededor gira un complejo juego de roles donde uno de los miembros de la pareja actúa como aquél que infringe alguna clase de la ley o acuerdo, mientras que el otro asume el papel del “castigado”. Es un sometimiento donde ambos miembros están de acuerdo con el rol que cada uno desempeña.

Con la persona adecuada y teniendo claro que quieres practicar y de que modo, puede ser una experiencia maravillosa. Todo el mundo piensa que el BDSM es sexo salvaje y descontrolado, pero hay una parte más suave, sin nudos complicados o posturas raras, que no asusta, y es genial para los principiantes.

Es importante partir de una base fundamental: la mayoría de nosotros practicamos el BDSM en distintos grados sin darnos cuenta. Vale, ahora igual estás flipando y no nos crees, pero piensa en esta situación: estás jugando con tu pareja, le besas, le acaricias, le tocas... y de repente, él se mueve para intentar tocarte; pero tú le dices que no de forma autoritaria, que no puede moverse hasta que tú no se lo permitas. En esta situación, tú estás siendo claramente Dominante, y él está siendo Sumiso.

Seguro que ya tienes una idea acerca de qué te gusta más, si dominar o ser dominado; pero no es hasta que pruebas todo que descubres qué es lo que realmente quieres. Algunas personas son claramente sumisas, otras son indudablemente dominantes; y otras muchas son versátiles y pueden disfrutar de ambas partes del juego.

Eso sí, nunca pienses que ser dominante te convierte en sádico; ni que ser sumiso te convierte en masoquista. No es así.

Y es que, no vamos a negarlo; el BDSM puede llegar a ser muy sensual y excitante; y una gran manera de encender la relación con tu pareja.

 

Así que, si estabas pensando en iniciarte en este conjunto de técnicas sexuales, estás en el lugar indicado; porque queremos indicarte las bases de estas prácticas y la mejor manera de iniciarse.

 





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