Criaturas de la noche

Hay un hueco en mi estómago, mientras más veo, más siento y más me acerco suavemente al centro del universo, veo tus ojos como centellas corriendo por el cielo, recorriendo mi cuerpo centímetro a centímetro. Su belleza es relativa comparada con la tuya, con el brillo de tu piel en esta noche, en algún bosque, de alguna ciudad. Tu nombre, como el de muchas, es solo un suspiro entre el manojo de gemidos y notas musicales de una relación sexual.

Tus labios rojos como la sangre, maravillosa comparación, porque mientras muerdo tu cuerpo y araño tu espalda, ésta brota en leves cantidades, solo dejando en claro que esta noche no es como cualquiera, no es una velada con cena y beso antes de dormir.

Esta velada se trata de sexo, y de cómo volverlo más salvaje y pasional, como dos criaturas entre los árboles tirando hojas por el movimiento, siendo vistos por miles de ojos en la oscuridad, con la luna de testigo mientras con lenguas cruzadas y besos prohibidos llegamos juntos al orgasmo, uno descomunal y enloquecido, no parecido a ninguno, un ferrocarril sin control, tus piernas temblando y tus ojos en blanco, en mis piernas una tensión magnífica y mis ojos viendo tu cuerpo desnudo bañado por la luz de la noche, con un grito salido como del mismísimo infierno y que parece no detenerse nunca.

Tu cuerpo entre choques de dulce dolor comienza a volverse mantequilla, a lo lejos el aullido de algún animal proclama la victoria conjunta de dos seres salvajes, complaciendo hasta el último de los deseos instintivos... Sólo dejándose llevar....

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