¿Crisis de madurez masculina = infidelidad?

¿Cómo es el proceso de maduración del hombre? ¿Cómo afectan los años al estado físico del varón?

Muchas son las preguntas y los estudios sobre el proceso natural de envejecimiento del sexo masculino. Es cierto que afecta a cada persona de una forma, pues la propia genética o el estilo de vida de cada uno es totalmente diferente. Sin embargo, sí que existen algunos puntos y rasgos en común entre los varones.

La mayoría de los infieles son hombres que se encuentran en lo que se conoce como crisis de la mediana edad, es decir, que tienen entre 39 y 49 años, indica la "página de infieles" AshleyMadison.com. 

Entre las causas para la infidelidad se señala que algunos hombres pueden llegar a sentirse viejos a los 40 años, y a partir de esa sensación pensar que es momento de tener una segunda relación que los haga recuperar algo de juventud. 

Para muchos, esta es la edad dorada del hombre, el momento en el que se vive una feliz vida de pareja, donde habitualmente se empieza a disfrutar de puestos más atractivos en el trabajo y se viven los primeros y más emocionantes años de vida de los hijos. Eso sí, ya está a la vuelta de la esquina la crisis de los 40.

De los 41 a los 45

A partir de este momento, al hombre le costará más poder engendrar un hijo y comenzará a sentirse menos atractivo para las mujeres. Carey defiende que es a los 41 cuando los hombres se comienzan a sentir invisibles frente al sexo opuesto y empiezan a tener más problemas físicos como la aparición de la papada o aumento de peso. En estos años, también es cuando se producen más divorcios en el sexo masculino.

A partir de los 50 disminuye la libido. (Tim McConville/Corbis)

De los 46 a los 50

Tras los años de dudas, a partir de los 45 y a punto de llegar los 50 es cuando se consuman más infidelidades. Quizá aprovechando esos últimos momentos antes de que llegue la bajada de la líbido, pues el usuario medio de viagra se encuentra en la cincuentena. En cuanto al aspecto económico y profesional, normalmente estos son los años en los que se consigue un nivel adquisitivo más alto.

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Sin embargo, no solo es juventud lo que buscan, también las infidelidades ocurren por las siguientes razones:
 

1. Aburrimiento

La falta de tiempo y el aumento de las horas de trabajo son causas distanciamiento entre las parejas generando una pesada y aburrida rutina. Por eso, y aunque para nada están reconocidas como solución, muchos hombres inician aventuras románticas con las que esperan avivar la emoción en sus vidas.

2. Falta de cariño
 

Cuando un hombre se siente poco valorado por su pareja tiende a coquetear o salir con alguien más, en espera de reavivar la chispa del enamoramiento y sentirse nuevamente apreciado. 
 

3. Para sentirse motivado

Con el paso del tiempo y el agobio de responsabilidades, los hombres pueden ver truncados algunos de sus planes de vida; esto, junto a la llegada de la crisis de la mediana edad, provoca que busquen una segunda vida amorosa para sentirse motivados y retomar sueños y proyecciones. 

 

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4. Para escapar de la responsabilidad
 

Para muchos tener una relación fuera del matrimonio es una manera de escapar de la realidad, las presiones y los problemas de la casa; la infidelidad se presenta entonces para ellos como una manera de vivir una vida más tranquila, sin las presiones de las responsabilidades ni compromisos. 

Para evitar los extremos de la infidelidad y las consecuencia que generalmente trae consigo,te recomiendo tomarte un tiempo para recuperar a tu pareja, siempre ser honesto con ella y buscar ayuda profesional si es que se quiere salvar la relación. 

Es una etapa inexorable de la vida masculina y, en mayor o menor medida, tarde o temprano e independientemente de su condición social o cultural, todo hombre enfrenta esta crisis.

Sin embargo, los problemas de esta edad no corresponden a un estado menopáusico masculino, ya que éste no existe. Tampoco se trata de una decadencia hormonal, puesto que los niveles del hombre van descendiendo lentamente a través de su vida, en un ciclo que comienza cerca de los 18 años de edad y que corresponde a la máxima potencia sexual del varón.

Las causas que provocan esta crisis son de diversa índole. A primera vista, resulta inexplicable que el hombre se comporte como si hubiese perdido algo… y el problema es que no sabe qué. Probablemente, el origen se encuentre en muchas cosas no concretas: tal vez el deseo de reconocimiento a su trabajo de tantos años, la pérdida de los sueños juveniles y de las energías para conquistar el mundo, el recuerdo de las metas soñadas y proyectadas cuando sólo se tenía 20 ó 25 años, el deseo de una profesión más prestigiada, un mejor puesto en la empresa, un ascenso, etcétera.

Y esta desazón llega en plena “edad de la experiencia“, en la que se supone existe una desaceleración de todas las emociones y reacciones, es decir, una mayor capacidad de autocontrol; la madurez, la confianza en sí mismo; el hombre no necesita demostrarse nada y tiene una amplia capacidad de recibir y dar amor con diferentes miveles de placer.

Pero a pesar de los logros alcanzados, la crisis manifiesta sus síntomas:

  • Insomnio.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Problemas conyugales.
  • Insatisfaccion laboral.
  • Temor a las enfermedadess y a la muerte.
  • Y la temida impotencia sexual.

El hombre en crisis trata de salir de su medio, cambiando su actitud y comportamiento, incluso buscando cambios de empleo y aventuras rejuvenecedoras. Por desgracia, también es la edad en que aparecen con mayor frecuencia algunas enfermedades como la diabetes, la úlcera gastroduodenal, hipercolesterolemias, hipertensión arterial y la impotencia, que es un hecho o condición sine qua non.

Como una manera de liberarse de esta pesada carga, fácilmente se cae en el alcoholismo o se recurre a la conquista de mujeres jóvenes, intentando con ello una transfusión de juventud. Si funciona sexualmente, muchas veces sigue con ella y es capaz de abandonar su hogar.

Además, fuma y engorda en exceso producto del estrés y se agrega el insomnio, que cada vez se va haciendo más resistente a las dosis habituales de hipnóticos y tranquilizantes.

Sin duda, se trata de los síntomas de una época que se acaba. Y no ocurre sólo para aquellos frustrados con sus vidas. Esta crisis la presenta tanto el hombre que consiguió sus objetivos, como aquel que no lo hizo.

El primero se siente vacío y sin nada por que luchar; este es el hombre que trabajó por largos y duros años ahorrando dinero y bienes, privándose de muchas cosas, construyendo día a día el bienestar de su familia, soñando con la casa propia o el automóvil.

Ahora, con sus metas cumplidas, muchas veces se encuentra con una familia diferente, hijos que han crecido y que tienen intereses distintos; ya no les atrae compartir con sus padres, puesto que cuando ellos querían o lo necesitaban él estaba trabajando Ahora ellos quieren hacer una vida independiente con su propio círculo de amistades.

Por otro lado, el que no logró sus objetivos cae en la cuenta de sus limitaciones y tiende también a enojarse y deprimirse, sufriendo exactamente los mismos cambios en su hogar.

Ambos grupos sienten que su vida se ha rutinizado, se sienten desgastados, agotados, insignificantes, envejecidos y por primera vez ven a la muerte como algo que realmente existe, es decir, se sienten absolutamente deprimidos.

Pero los cambios no terminan ahí. Cuando la crisis ha llegado, el hombre también encuentra que su esposa ya no es la misma. Ella se ha liberado del cuidado de los hijos, ya no tiene las ataduras del cuidado del hogar y, además, siente y quiere iniciar una nueva vida; superar la etapa del matrimonio en el que sólo se habla con monosílabos y volver al período de antes de casarse, cuando conversaban por horas y planeaban el futuro.

Y lo peor es que la esposa juega un papel decisivo en la tarea de sobrellevar y superar este cambio de conducta del marido y que, justamente en este período, ella pasa la angustia del síndrome de la menopausia. Como resultado, muchas veces se ve a la mujer intentando ayudar a un hombre en plena crisis de la madurez. El clásico caso de un ciego conduciendo a otro ciego.

A consecuencia de todo lo anterior, el hombre reduce el contacto con su esposa e hijos, llegando a altas horas de la noche o la madrugada a su casa, aumenta la incomunicación, provocando un desencuentro en el plano afectivo, que desemboca también en lo sexual. Es aquí donde la mujer juega un papel muy importante y decisivo para la conservación del matrimonio. Estadísticamente se ha visto que aquellas esposas que entienden que el marido esta sufriendo una crisis, no hacen mayor cuestión por la inapetencia sexual de su pareja y, por lo general, todo vuelve a la normalidad después de superada la crisis.

Aquella esposa que no entiende o no tiene conocimiento de la existencia de este problema patológico de su marido, es muy probable que lo hostilice pensando en la infidelidad; en que ya no se siente atractiva. Con esta actitud, lo más probable es que se profundice mucho más la crisis y que desemboque en una ruptura definitiva (esto ocurre en un 20% de los casos).

Sin embargo, la mejor opción es ayudar al marido a salir del pantano y no hundirlo. Lo más importante es tener en cuenta de que se trata de un problema temporal y absolutamente superable en un plazo promedio de uno a dos años, luego de lo cual todo volverá a la normalidad.

De los 50 a los 60

Aunque los hombres se sientan así antes, las mujeres comienzan a dejar de ver atractivo a un hombre cuando sobrepasa los 53 años. En esta época, el hombre ya suele haber alcanzado su nivel más alto como profesional y también en lo sentimental. Se encuentra ante un periodo de gran madurez.

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A partir de los 60

En estos años suele llegar la jubilación y la aparición del tan ansiado tiempo libre. En un momento en el que la esperanza de vida ha aumentado notablemente, estos años pueden convertirse en una segunda juventud, en la que se disfrute de más ocio que nunca sin tener por qué dejar a un lado las experiencias sexuales. Según el British Medical Journalsiete de cada diez hombres practican sexo con estas edades.

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