¿Cuantas pajas son demasiadas pajas?

Muchas veces, la gente se masturba no porque no encuentren a nadie con quien practicar el sexo, sino porque no pueden dormir, no se inspiran para escribir, etc."

Una de las razones por las que mucha gente no conozca técnicas de masturbación seguras es porque nunca se han fomentado. "Desde el primer momento, la masturbación es un acto vergonzoso para los adultos"

"Cuando tienes dos años y tus padres te pillan tocándote, te dice, '¡No hagas eso!'. Cuando estás en el colegio y recibes educación sexual, el tema se trata con incomodidad y risitas".

Ya no digamos si te tocó estudiar en un colegio religioso, en el que se propagaba la absurda idea de que la masturbación te llevaría al infierno, te saldrían granos en la cara, o se te caería el pelo hasta quedarte calvo. Para mi el arte del onanismo comenzó a temprana edad y a base de práctica conseguí la perfección de mis momentos a solas. Pero recuerdo un echo en mi adolescencia, que me marco bastante sobre este tema. Mi amiga y yo espiábamos a sus vecinos del ático de enfrente con los prismáticos, era un ritual de cada tarde de verano, se sentaban en sus cómodas hamacas y se masturbaban mutuamente mirando a la lejanía sin cruzarse palabra alguna. ( creo, sabían los observábamos y eso les excitaba mucho más). Pero lejos de que esto parezca uno de mis relatos, me vuelvo a centrar en el tema en cuestión.

De mis conversaciones con mis amistades también sé que lo de hacerle pajas al prójimo está un tanto pasado de moda, al menos si ya ha perdido usted la virginidad y ya no tiene quince años. Cuando hablo con mis amigas y amigos homosexuales sobre estos menesteres calentorros, ellos y ellas señalan con unanimidad que pasan de hacer pajas, que las pajas dan mucha pereza y cansan, que la mano después de un rato afanoso de dale que te pego, toma que te doy duele, y que ya metidas en faena, pues mejor una mamada, chica. Estoy de acuerdo.

Sin duda las pajas acompañan al individuo casi desde que tiene uso de razón, o desde que comienza a advertir que existe vida propia ahí abajo, entre las piernas. Y que además no se conforma con hacerse notar, sino que ruge reclamando atenciones precisas, dedicados mimos y caricias exclusivas. Vamos una paja, y si es de las buenas, mejor que mejor.

De de mis conversaciones con amigos pajilleros y amigas que se tocan, se hacen dedos o echan mano de la juguetería sexual de última generación y vibradores- algunos son asombrosos, como esos consoladores que simulan perfectamente a una buena verga humana, con sus venas, sus pelotas y todo-, cerca de un 95% de los hombres y un para muchos sorprendente 90% de las mujeres (siempre se ha creído que las mujeres nos tocábamos infinitamente menos que ellos, pues va a ser que no) se masturban con cierta frecuencia, y la mitad de estos y estas onanistas lo hacen con frecuencia diaria. Yo lo veo normal. ¿No se come todos los días? Pues igualmente está bien que las pajas sean diarias.

Pero la paja propia, esa que se casca uno mismo, eso ya es otra cosa. La paja es un refugio de lo más intimo en el que uno encuentra un remanso de paz entre tanta excitación, el sosiego más reconfortante entre esa eclosión que está apuntito de estallar. Puede que cuando uno siente que está medio moribundo, le da por hacerse una paja y este acto de amor propio donde los haya le devuelve nuevamente a la vida. Y renace, vuelve a reverdecer. La paja, digo yo, es un vaivén de sensaciones y sobre esto del onanismo y de lo que a uno le pone y cómo le pone, no hay nada escrito. Vamos, que cada uno piensa en lo suyo. Unos vuelan o acaso atraviesan océanos, mientras que para otros es un chute, y al consumarse respiran aliviados porque se sienten en casa. En lo que concierne a la logística de la operación pajillera, las pajas pueden ejecutarse, imagino yo, en cualquier lugar que lamente humana sea capaz de elocubrar. Películas aparte, los enclaves tradicionalmente destinados a casacársela suelen ser la ducha (como hace a diario el doblemente loser de Lester), tumbados boca arriba en la cama, pensando en otra (infinitamente más joven) y con la mujer al lado pensando ¿Pero qué haces cabrón?…

Encerrados en el cuarto de baño mientras el pajillero se alivia el pene sobre el inodoro, por aquello de no ensuciar…

Entre rejas…

Lo que pasa por la  mente de cada uno mientras se pajea es un inmenso abanico de posibilidades. Algunos olisquean alguna prenda íntima y sucia, mientras unos fijan su mirada en esos esculturales cuerpos desnudos que inundan las revistas porno.

Otros tiran de imaginación y de recuerdos…

Y tú ¿En qué piensas cuando te haces una paja?

Si te has levantado con el pie izquierdo y has tenido un mal día, quizás todo se solucione con una buena paja.

O no. Por probar que no quede..

Si te va el onanismo puede que te interese leer este  artículo o este relato que seguro que acabará en paja segura.

 

Comentar

Se el primero en comentar

Notificación de
avatar
wpDiscuz