Damon, la fiesta sexual más lujuriosa de Nueva York

No hay fiestas como las de Damon

El pasado 1 de abril, cien afortunados neoyorkinos acudieron a la suite presidencial de un hotel de cinco estrellas del ‘downtown’. Esta ha sido la primera de muchas otras orgías que van a celebrarse a partir de ahora en Manhattan. Como sucede en tales congregaciones, el secreto forma parte del morbo. El periódico no está autorizado a contar dónde se ha organizado exactamente el evento. Todos los entrevistados utilizan seudónimos y, por su puesto, los convidados mantienen el anonimato a través de elaboradas máscaras que ocultan o disimulan sus facciones.

El ambiente no tiene nada que envidiar al de la bacanal de la película ‘Eyes Wide Shut’: mujeres extranjeras merodeando en lencería y robando apasionados besos con lengua a otras damas, jacuzzis de cristal gigantes, mucho cuero, látigos, corpiños y por supuesto sexo, mucho sexo en cada recodo. Los hombres están obligados a ir vestidos de esmoquin y corbata. Las faldas cortas, la ropa interior más sensual o la indumentaria fetichista compone el hábito de ellas.

Durante el evento se suceden los espectáculos. Una asistente vestida de blanco virginal se queda fascinada ante el show erótico entre una especie de sacerdote disfrazado con una máscara dorada y una mujer que lleva una falda de PVC con una cremallera situada en un punto estratégico. En otro lugar de la suite, un varón con el rostro cubierto lleva atada de una cadena a una joven vestida con una capa y un tanga de mínimas dimensiones que se desplaza a gatas con el pecho completamente descubierto. A su paso, la mujer lame las piernas de las otras asistentes: “me encanta ser una gatita”, ronronea: “¿no te gustaría acariciarme?”

“Dudo que la monogamia sea la solución para todo el mundo”. Quién profiere tal filosofía de vida es Damon Lawner, fundador de Snctm (pronunciado “sanctum”), la fiesta sexual más elitista que se organiza en los Estados Unidos. El experimento comenzó hace cinco años en Los Ángeles, pero es ahora cuando ha empezado a extender sus tentáculos por otras urbes del pecado.

“Quería llevar la experiencia a tantas ciudades como fuera posible”, señala Lawner. Con motivo de la llegada de esta reunión privada a la Gran Manzana, el tabloide ‘The New York Post’ ha conseguido introducirse en ella para contarnos de primera mano qué es lo que ocurre en semejante celebración de la vida y los sentidos.

Los hombres pagan 1.875 dólares para acceder a la fiesta. Si van acompañados de una dama el precio se reduce a 1.500. Para ellas, la entrada es gratuita

Lawner explica lo que, según él, se esconde detrás de su concepto: “Esto no va sobre sexo. Aquí, por supuesto, se folla mucho. También a mí me encanta el sexo. Pero esto va sobre hablar, sobre nuestra esencia como individuos y seres libres, para explorar todo esto juntos. Porque el sexo es una cosa sencilla. La gente lo puede hasta comprar”.

El pasado 1 de abril, cien afortunados neoyorkinos acudieron a la suite presidencial de un hotel de cinco estrellas del ‘downtown’. Esta ha sido la primera de muchas otras orgías que van a celebrarse a partir de ahora en Manhattan. Como sucede en tales congregaciones, el secreto forma parte del morbo. El periódico no está autorizado a contar dónde se ha organizado exactamente el evento. Todos los entrevistados utilizan seudónimos y, por su puesto, los convidados mantienen el anonimato a través de elaboradas máscaras que ocultan o disimulan sus facciones.

El ambiente no tiene nada que envidiar al de la bacanal de la película ‘Eyes Wide Shut’: mujeres extranjeras merodeando en lencería y robando apasionados besos con lengua a otras damas, jacuzzis de cristal gigantes, mucho cuero, látigos, corpiños y por supuesto sexo, mucho sexo en cada recodo. Los hombres están obligados a ir vestidos de esmoquin y corbata. Las faldas cortas, la ropa interior más sensual o la indumentaria fetichista compone el hábito de ellas.

Solo los más bellos, inteligentes, ingeniosos, exitosos y abiertos serán recibidos. La mascarada atrae a modelos, actrices y músicos de éxito

Durante el evento se suceden los espectáculos. Una asistente vestida de blanco virginal se queda fascinada ante el show erótico entre una especie de sacerdote disfrazado con una máscara dorada y una mujer que lleva una falda de PVC con una cremallera situada en un punto estratégico. En otro lugar de la suite, un varón con el rostro cubierto lleva atada de una cadena a una joven vestida con una capa y un tanga de mínimas dimensiones que se desplaza a gatas con el pecho completamente descubierto. A su paso, la mujer lame las piernas de las otras asistentes: “me encanta ser una gatita”, ronronea: “¿no te gustaría acariciarme?”

Con todo, algunos asistentes se lamentan de que el panorama de la fiesta de Nueva York tiene menos categoría que las orgías de Los Ángeles. La gente se muestra menos participativa y más 'voyeur'. 'The New York Post’ señala que algunos parecen más interesados en coleccionar contactos profesionales que en hacer el amor. Cuando una de las participantes no accede a los deseos de su interlocutor masculino, le entrega su tarjeta de presentación como premio de consolación. Nicolas de la Kethulle, director de operaciones de Snctm, cree que todo esto se explica porque “en Los Ángeles somos más frívolos, ya que allí llevamos más de cinco años”. “Nueva York es diferente” señala Lawner. “Aquí hay gente que viene de todas partes del mundo.

Con todo, algunos asistentes se lamentan de que el panorama de la fiesta de Nueva York tiene menos categoría que las orgías de Los Ángeles. La gente se muestra menos participativa y más ‘voyeur’. ‘The New York Post’ señala que algunos parecen más interesados en coleccionar contactos profesionales que en hacer el amor. Cuando una de las participantes no accede a los deseos de su interlocutor masculino, le entrega su tarjeta de presentación como premio de consolación. Nicolas de la Kethulle, director de operaciones de Snctm, cree que todo esto se explica porque “en Los Ángeles somos más frívolos, ya que allí llevamos más de cinco años”. “Nueva York es diferente” señala Lawner. “Aquí hay gente que viene de todas partes del mundo”.


 Los hombres pagan 1.875 dólares para poder acceder a la fiesta. Si van acompañados de una dama, el precio se reduce a 1.500. Para ellas la entrada es gratuita. El número de féminas que acuden a las reuniones de Lawner triplica al de los de varones.

Las 75 mujeres presentes van de los veinte años hasta más allá de la cuarta década.

“La principal directiva de nuestra omnipresente vigilancia es asegurarnos que todas las damas sean tan libres y abiertas como deseen, sin temor alguno. Siempre hay que preguntar antes de tocar. Es nuestra regla de oro.

Explorar la propia sexualidad

Resulta curioso cómo, a fin de cuentas, los anhelos más ocultos de los asistentes son a veces bastante poco extravagantes. Cuenta Lawner que “mi mayor fantasía sexual es muy simple. No os lo vais a creer, pero mi sueño es el amor verdadero. No sé si se puede realizar, pero creo que es el último lujo. Si puedes encontrar a la persona correcta y el amor auténtico, no puede existir nada mejor”.

La fiesta lleva ya varias horas. Como buen anfitrión De la Kethulle se preocupa de que sus invitados se sientan cómodos. Mira en derredor y declara: “La gente está follando” y con un gesto que denota victoria y satisfacción concluye: “Es maravilloso que los neoyorkinos se lo estén pasando bien”.

En declaraciones a Goop, defiende Lawner que “es hermoso y posible tener relaciones sexuales para toda la vida entre dos amantes monógamos. Al final, esta podría ser la mejor resolución que una pareja que llega a Snctm podría tomar. Para otros se trata de satisfacer cada fantasía al máximo durante una noche. Ningún camino está equivocado. La decisión siempre estará en sus manos”.

damon



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