Despedida húmeda y morbosa

La primera vez que fui a visitarla, llevaba unos vaqueros, un top corto que dejaba ver su cintura y no llevaba sujetador por lo que sus grandes pechos se notaban más que nunca. Al verla con esa ropa tuve malos pensamientos.

Desde niña siempre tenido inclinaciones a que me gusten las mujeres, aunque creo que no soy lesbiana, porque siempre me he enamorado de chicos y hasta ahora lo sigo haciendo, pero desde que empecé a masturbarme mis fantasías siempre han girado alrededor de las mujeres. Hasta el momento que conocí a Teresa nunca me había liado con ninguna tía.

Nos enseñó su casa, que por cierto estaba decorada con mucho gusto, y me entretuve mirando unas fotografías que tenia colgadas y encima de las mesitas. Estaba posando en plan modelo, y muy sensual. Cuando vio que me interesaba por las fotografías me dijo que me enseñaría unas que tenía en albums y que eran un poquito más picantes. No hace falta que os diga que mientras las miraba, casi me mojo las bragas.

 

A partir de aquel día, nos hicimos buenas amigas y nos vimos muchas veces y aunque me contó que estaba enamorada de un buen amigo, me daba la sensación de que no tenía muy claras sus tendencias sexuales, pero no me acababa de decidir en tomar la iniciativa y “atacarla”.

Una tarde y de sopetón me dijo que se iba de la ciudad por unos meses. Me arrepentí de no haber hecho nada.

Me llamaba cada día y en una ocasión, cuando estábamos hablando me dijo que si le hubiera hecho una proposición clara, las cosas habrían cambiado.

Pero todo cambió hace unos quince días cuando llegó por sorpresa a mi casa. Venía de visita a la ciudad a pasar quince días y estaba preciosa, llevaba el cabello de color rosa, muy largo, estaba más delgada y lucía ropa aun más provocativa, pero esta vez no pudimos vernos casi en estas dos semanas, lo que me tenía muy triste.

El martes me llamó y me dijo que venía a despedirse porque se iba esa noche. Cuando llegó llevaba un sobre en la mano, le dije que me dejara verlo y cuando lo abrí tuve la agradable sorpresa de ver otras de sus típicas fotos sensuales, pero esta vez había algunas mucho más atrevidas, en las que estaba prácticamente desnuda pero tapada con algunos velos y me dijo:

 

– Vengo de hacérmelas, las tengo todas en CD, ¿quieres verlas?

Obviamente yo no me negué, conecté el CD al ordenador y empecé a verlas. Había algunas de las que se había hecho ese día y otras que yo había visto antes, pero esta vez no vi una sola foto sino una secuencia donde estaba bajándose el cierre de la chaqueta y en cada foto se la abría más y más. Yo estaba sin aire porque tenía miedo de que notara mi excitación y al final de la serie estaban las tan esperadas fotos, una donde medio se le veía un pezón rosadito y otra donde mostraba los pechos completamente. Creo que ya me había mojado solo por ver esas fotos, pero había más sorpresas, había fotos con diferentes atuendos en los que dejaba ver sus perfectos pechos, una de colegiala, otra con un sexy pijamita rosa, otra con una camisa negra transparente, obviamente sin sujetador y una donde estaba completamente desnuda.

A duras penas pude disimular mi emoción y no tuve el valor de pedirle que me dejara grabar sus fotos en mi PC, para al menos tener ese dulce recuerdo suyo, se fue y yo me quedé súper triste sintiéndome como una idiota. Por la noche sólo pensaba en ella, en cosas como “a esta hora debe estar en el aeropuerto”, “ya debe haber salido su vuelo”, “ya debe haber llegado a su ciudad”.

Por la mañana me despertó el teléfono y era ella, le pregunté como había llegado y me dijo que aún no se había ido, que su vuelo había sido cancelado por mal tiempo. Me puse muy contenta y le dije que iba a ir a verla a la casa de sus padres y que si me podía regalar una copia del CD de las fotos. Ella me dijo que sí y que estaba muy contenta de que fuera a verla ya que se iba el día siguiente.

Me arreglé temblorosa, me puse lo más guapa que pude y me fui a su casa, cuando llegué la encontré con una bata china de satén que apenas le cubría la parte superior de los muslos, pero me dijo muy sorprendida que todavía no me esperaba y apenas se estaba arreglando, yo le dije que no importaba, que así estaba preciosa y ella me contestó que no más de lo que yo estaba, que nunca me había visto tan hermosa.

 

Me dijo que le encantaba como me veía y yo creo que no era para menos, porque llevaba sandalias de tacón, minifalda, una blusa negra transparente bordada con flores, el pelo suelto e iba bien maquillada. Entramos en la casa y le pregunté si sus padres estaban con el pretexto de saludarlos y me dijo que no, entramos en su cuarto y ya tenía listas las maletas. Me dijo que me sentara en su cama, me mostró un CD y me dijo que era mi copia de sus fotos. Me preguntó porque me habían interesado tanto y yo, que me había propuesto dejar mis miedos atrás sabiendo que era mi última oportunidad con ella, le dije que la encontraba guapa y sensual en esas fotos y que por eso quería tenerlas. Me miró entre sorprendida y complacida, de esa manera pícara y maliciosa que solo ella tiene.

Estuvimos mucho rato hablando, pero yo quería romper el hielo de alguna manera, que ella sospechara mis intenciones, y la oportunidad se dio muy fácil cuando en un momento mientras reía de algo que le había contado, logré ver un piercing en su lengua, yo le pregunté cuando se lo había puesto y me dijo que hacía un par de meses. Entonces le dije, mirándola fijamente a los ojos, que siempre había soñado con besar a alguien con un piercing en la lengua. Se quedó pensativa, pero me dijo que si quería probar con ella.

La miré haciéndome la mojigata y le pregunté que si estaba bromeando, pero ella me dijo que no tenía nada de malo, que solo era para que yo pudiera cumplir mi sueño, entonces le dije que sí. Ella me besó, me dio un beso tiernito y muy suave, pero cuando nos separamos le dije sonriendo que no había tenido la oportunidad de sentir su piercing, así que entonces la abracé y la besé, metiéndole la lengua en la boca.

Luego la miré y ella, con las mejillas coloradas, suspiró, sonrió y me dijo que quería repetir. Yo no me hice de rogar y entonces la besé, quedando largo rato pegadas, dándonos besos cada vez, más y más sensuales. Empecé a acariciar su espalda, sus hombros, su cuello, su cintura y de manera disimulada un poco su trasero, ella también empezó a acariciarme el rostro descendiendo muy lentamente hasta llegar a mi cuello y luego al escote de mi blusa donde estuvo acariciándome por un buen rato el nacimiento de los pechos, hasta que se decidió y empezó a acariciarme tímidamente un pecho con los dedos para luego abarcarlo con la mano abierta.

Sus caricias eran estremecedoras, poco a poco nos sentamos en la cama, hasta que ella quedó sobre mi, me abrió la blusa, me apartó el sostén y empezó a besar y lamer mis pezones, mientras yo gemía y le agarraba el trasero por debajo de la bata. Llevaba un tanga de hilo, y yo le metí la mano por debajo del hilito y jugueteé un poco con él, entonces ella se incorporó a medias, yo le desabroché uno a uno los botones de la bata y quedó solo son ese pequeño tanga blanco.

Ella también empezó a quitarme la ropa mientras me besaba, hasta que quedamos iguales, luego se acostó a mi lado y me miraba y me sonreía, nos besamos y acariciamos hasta que ya no podíamos más del deseo, besé sus hermosos pechos, que tanto había deseado, de todas las formas posibles, lamí sus pezones rosaditos, los mordí suavemente hasta hacerla gemir y me metí a la boca todo lo que pude de cada unos de los dos, mientras tanto ella me acariciaba el pubis sobre el tanga, lo que me estaba haciendo enloquecer, así que fui haciendo un camino descendiente con mi lengua desde sus pechos pasando por el ombligo, hasta el tanga que bajé delicadamente, y vi complacida que estaba depiladita totalmente, tal y como yo imaginaba.

El tanga estaba empapado y sus regordetes y blancos labios también, pasé un dedo a lo largo de la rajita pero sin abrirlos, ella se estremeció y dejó escapar un gemido, volví a hacer eso varias veces, mientras ella abría las piernas y subía la pelvis como suplicando por más, así que metí un dedo y después lo lamí, estaba empapado con su lubricación y miré su cara que se veía ansiosa, entonces empecé a besar su chocho por encima y a pasar la lengua tal y como había hecho con el dedo y ella no paraba de gemir, y abrí los labios.

 

Su coñito parecía una flor de color rosa, tan bella, tan limpia, lo acaricié a lo largo con los dedos, luego toqué con la punta de mi lengua su clítoris y ella brincó como si le hubieran dado un toque eléctrico, empecé a lamer y succionar su clítoris, bebiéndome sus jugos, mientras su gemidos iban subiendo de intensidad, hasta convertirse casi en gritos, le metí dos dedos que entraron limpiamente en su chochito tan lubricado y le penetré con ellos, mientras ella se movía frenéticamente, hasta que de repente puso sus manos en mi cabeza y la apretó contra su coño mientras daba gritos de placer, y de pronto, en un estremecimiento final, se quedó quieta.

Me acosté a su lado mientras ella respiraba muy agitada y me besaba limpiando con su lengua todos sus jugos que habían quedado esparcidos por mi cara, yo le empecé a acariciar lentamente los pezones y ella rápidamente se mostró de nuevo lista para la acción por lo que me sorprendió mucho, entonces ella se giró y se sentó de medio lado, me quitó el tanga y cruzó sus piernas con las mías de manera que quedó con una pierna sobre mi pecho y otra sobre mi espalda y nuestros coños quedaron a unos pocos centímetros de distancia, entonces los juntamos y ella empezó a restregarlo contra el mío y yo empecé a hacer lo mismo. Al cabo de unos pocos minutos no pude aguantar más y me corrí. Fue el orgasmo más intenso de mi vida.

Cuando nos separamos yo me quedé acariciando su coño y besando sus pechos, lo que me excitó muchísimo, y entonces ella me hizo acostar boca abajo, se puso sobre mi e hicimos un 69 delicioso. Nunca antes una mujer me había comido el chichi y fue totalmente diferente a como lo hace un hombre, porque sabía exactamente como y en que punto me besaba y de qué manera era más placentero. Creo que eso fue porque entre mujeres nos entendemos mejor.

Pasamos toda la tarde haciendo el amor de cuantas maneras nos fue posible, hasta que se hizo de noche y volví a mi casa con un cansancio tremendo, pero con una sonrisa inmensa en mi cara.

Ella volvió a su ciudad y solo espero el mes de diciembre para que vuelva y poder estar otra vez con la chica de mis sueños.

Comentar

Se el primero en comentar

Notificación de
avatar