Efecto Coolidge versus infidelidad



Un curioso efecto que podría desentrañar las claves biológicas de la infidelidad. Hoy voy a tocar el tema de este fenómeno de comportamiento sexual que lleva el apellido de un conocido político norteamericano.  Este es en las que el periodo refractario, el tiempo que se necesita para recuperarse entre una y otra práctica sexual tras la eyaculación, puede aumentar o disminuir dependiendo de si va a practicar sexo con la misma pareja o con una nueva.

La explicación biológica se debe a que, ante la posibilidad de una nueva relación sexual -con una pareja distinta-, los niveles de dopamina se incrementan, condicionándonos o preparándonos para estar más activos de lo habitual, lo que redunda en un periodo refractario insignificante o nulo de cara al sexo. Por el contrario, ante una relación sexual con la misma pareja, el sistema límbico que gestiona respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales, no reacciona tan rápidamente, haciéndose necesario un tiempo de recuperación –de mayor o menor duración-.

En los animales este comportamiento es más que frecuente (a pesar de que el ser humano se haya inclinado socialmente hacia la monogamia), donde una rata macho, por ejemplo, prefiere copular con dos hembras diferentes que dos veces con la misma.

 

En el caso de los humanos, una persona puede estar cansada de mantener relaciones sexuales con su pareja, pero puede excitarse fácilmente con otro compañero sexual.

Cuando practicamos sexo con nuestra pareja durante mucho tiempo, la habituación provoca que nuestros circuitos se acostumbren a las dosis de dopamina, igual que ocurre con el consumo de la droga.

Es decir, que pasado un tiempo, es necesario aumentar la cantidad para tener el mismo efecto. La nueva pareja sexual provoca un subidón de dopamina que nos lleva de nuevo al éxtasis. Pero el Efecto Coolidge no solo se ha demostrado en machos, sino también en hembras.

Además, los nuevos compañeros sexuales tendrían un efecto positivo en el comportamiento sexual, pues, por ejemplo, los hombres serían más vigorosos y se excitarían más con los nuevos compañeros que con sus parejas. De hecho, otras investigaciones han comprobado que mantener relaciones sexuales con alguien nuevo incrementa la producción de semen.

Efecto Coolidge e infidelidad

Por tanto, ¿preferimos la calidad o la cantidad en las relaciones sexuales? Parece ser que la mayoría de mamíferos prefieren la cantidad, pues estaríamos programados a nivel biológico para procrear lo máximo posible y, de esta manera, contribuir positivamente a la expansión de la especie.

Es típico el debate de si los humanos somos polígamos o monógamos, y aquellos que practican la infidelidad con frecuencia es posible que se aferren al Efecto Coolidge para justificar las repetidas traiciones a su pareja. Para ellos, quizás el ser humano esté evolutivamente diseñado para estar más cerca de la poligamia que de la monogamia.

En este artículo no voy a discutir sobre si los seres humanos somos o no monógamos o polígamos, pero es importante resaltar que la educación tiene mucho que ver con la adquisición de valores y las emociones que éstos provocan en las personas. Por poner un ejemplo, si pensamos que la infidelidad está mal, nos sentiremos mal cuando ésta suceda y será complicado tolerarla. En cambio, con una mentalidad abierta es más fácil superar una infidelidad. Por eso existen los cuernos consentidos, los swingers, etc...

Reaviva la pasión en tu relación de pareja

Resulta que muchos individuos que acuden a terapia de pareja se quejan de la disminución de la frecuencia y variedad del acto sexual en la pareja, y es necesario no obviar la importancia que el sexo tiene en el mantenimiento de una relación saludable.

En los miembros de las parejas que llevan muchos años juntos y que llevan mucho tiempo practicando el acto sexual, puede producirse un proceso de habituación-saciación y es muy probable que la sensación de gratificación sexual se reduzca con el paso del tiempo, pues el factor novedad deja de tener efecto entre ambos.

Además, con rutinas o pautas sexuales muy rígidas, por ejemplo siempre practicando el sexo de la misma forma y en el mismo lugar, no ayudan a superar este problema, sino que lo aumentan.

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