El punto G

Has oído hablar sobre el punto G más o menos desde que tienes uso de razón. En todos los programas que veía tu madre en la tele hablaban del punto G.

Siempre te has preguntado qué narices era eso, pero los mayores no te lo decían, en parte porque eras una niña, y en parte porque ni ellos lo tenían muy claro.

Y es que el punto G, o más bien la zona G, es como el Zeus de la Mitología Sexual.

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Todo el mundo habla de él.

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Algunos afirman su existencia, y la defienden a capa y espada. Otros son firmes detractores de este maravilloso punto. Otros se muestran agnósticos y dicen que ni saben ni contestan. ¿Y nosotros? Nosotros lo defendemos a muerte. ¿Por qué? Porque, cuando sientes el placer que te provoca la estimulación del punto G, no hay lugar a la duda.

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Actualmente se habla de él como Zona G, ya que no se trata de un punto específico y mágico, sino de un área dentro de la vagina desde donde se contacta directamente con el clítoris interno.

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El médico francés Pierre Foldés –creador de un método quirúrgico que permite reparar los daños causados por la mutilación genital femenina –afirma que existe una importarte relación entre el punto G y el clítoris.

Nos dice que "cuando se presiona el punto G, toda la estructura del clítoris y la vagina se deforma", lo que no ocurre cuando se presiona cualquier otro punto, por tanto, se corrobora que el punto G funciona como eje coordinador del sistema vaginal, que funciona de manera más rítmica y flexible que el pene.

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Sin embargo, muchas mujeres afirman por propia experiencia que tal punto no sólo existe sino que ellas lo han encontrado. “Con respecto a mi cuerpo tengo bien claro que existe”. Si no ¿a qué se deben mis estruendosos orgasmos?", dice la autora del artículo, que está “empezando a estar bastante harta de ‘expertos’ que vienen a decirme siempre lo contrario”.

El eterno debate: ¿existe realmente el punto G?

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El problema de una afirmación tajante como esta es que requiere algún tipo de prueba más allá de la mera convicción de que los orgasmos propios se deben al hallazgo del santo grial, y en este caso no parece haberla.

Como fuentes a su favor, se cita el excelente blog “Cara Sutra” (que ha ganado dos años consecutivos el premio al mejor periodismo erótico y que es, en efecto, una excelente página, clara, bien escrita y muy por encima de la media).

Sin embargo, se desechan con ligereza las opiniones de expertos a los que quizá habría que escuchar, al menos.

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Jeffrey Spike, profesor de  bioética del colegio de medicina de la Universidad Estatal de Florida afirma en otro artículo algo más documentado que, sin negar palmariamente su existencia, el punto G es algo parecido a un “cuento popular”.

Puedes probar que algo existe si lo encuentras, pero si no lo encuentras no puedes probar que no existe”, afirma”, poniendo al citado punto en la misma categoría de improbables pero ‘posibles’ elementos’ en la que figuran “los ángeles y los unicornios”.

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No sé si existe un punto G, pero, exista o no, me parece una manera un poco burda de estandarizar la sexualidad”, comenta Juan, médico español que ejerce en el Reino Unido. “Es un poco como sostener que hay un botón que provoca el orgasmo instantáneo y ahí empieza y acaba todo.

Por supuesto para aquellas personas a las que les es muy difícil llegar a ese orgasmo, la idea no carece de atractivo.

En mi experiencia personal, la forma de llegar al orgasmo en las mujeres es muy variada, y más aún cuando no es en solitario”.

El común de los mortales sigue sin saber.

Será cosa de seguir buscando.

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Has oído hablar sobre el punto G más o menos desde que tienes uso de razón. En todos los programas que veía tu madre en la tele hablaban del punto G.

Siempre te has preguntado qué narices era eso, pero los mayores no te lo decían, en parte porque eras una niña, y en parte porque ni ellos lo tenían muy claro.

Y es que el punto G, o más bien la zona G, es como el Zeus de la Mitología Sexual.

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Todo el mundo habla de él.

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Algunos afirman su existencia, y la defienden a capa y espada. Otros son firmes detractores de este maravilloso punto. Otros se muestran agnósticos y dicen que ni saben ni contestan. ¿Y nosotros? Nosotros lo defendemos a muerte. ¿Por qué? Porque, cuando sientes el placer que te provoca la estimulación del punto G, no hay lugar a la duda.

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Actualmente se habla de él como Zona G, ya que no se trata de un punto específico y mágico, sino de un área dentro de la vagina desde donde se contacta directamente con el clítoris interno.

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El médico francés Pierre Foldés –creador de un método quirúrgico que permite reparar los daños causados por la mutilación genital femenina –afirma que existe una importarte relación entre el punto G y el clítoris.

Nos dice que "cuando se presiona el punto G, toda la estructura del clítoris y la vagina se deforma", lo que no ocurre cuando se presiona cualquier otro punto, por tanto, se corrobora que el punto G funciona como eje coordinador del sistema vaginal, que funciona de manera más rítmica y flexible que el pene.

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Sin embargo, muchas mujeres afirman por propia experiencia que tal punto no sólo existe sino que ellas lo han encontrado. “Con respecto a mi cuerpo tengo bien claro que existe”. Si no ¿a qué se deben mis estruendosos orgasmos?", dice la autora del artículo, que está “empezando a estar bastante harta de ‘expertos’ que vienen a decirme siempre lo contrario”.

El eterno debate: ¿existe realmente el punto G?

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El problema de una afirmación tajante como esta es que requiere algún tipo de prueba más allá de la mera convicción de que los orgasmos propios se deben al hallazgo del santo grial, y en este caso no parece haberla.

Como fuentes a su favor, se cita el excelente blog “Cara Sutra” (que ha ganado dos años consecutivos el premio al mejor periodismo erótico y que es, en efecto, una excelente página, clara, bien escrita y muy por encima de la media).

Sin embargo, se desechan con ligereza las opiniones de expertos a los que quizá habría que escuchar, al menos.

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Jeffrey Spike, profesor de  bioética del colegio de medicina de la Universidad Estatal de Florida afirma en otro artículo algo más documentado que, sin negar palmariamente su existencia, el punto G es algo parecido a un “cuento popular”.

Puedes probar que algo existe si lo encuentras, pero si no lo encuentras no puedes probar que no existe”, afirma”, poniendo al citado punto en la misma categoría de improbables pero ‘posibles’ elementos’ en la que figuran “los ángeles y los unicornios”.

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No sé si existe un punto G, pero, exista o no, me parece una manera un poco burda de estandarizar la sexualidad”, comenta Juan, médico español que ejerce en el Reino Unido. “Es un poco como sostener que hay un botón que provoca el orgasmo instantáneo y ahí empieza y acaba todo.

Por supuesto para aquellas personas a las que les es muy difícil llegar a ese orgasmo, la idea no carece de atractivo.

En mi experiencia personal, la forma de llegar al orgasmo en las mujeres es muy variada, y más aún cuando no es en solitario”.

El común de los mortales sigue sin saber.

Será cosa de seguir buscando.

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