Elvis y su erótica noche

La noche estaba siendo perfecta, se había celebrado un concurso de disfraces y Elvis había ganado el primer premio, aunque lo mejor estaba aún por llegar. La discoteca donde se había celebrado el concurso estaba a punto de cerrar pero todavía quedaba marcha en el cuerpo como para retirarse, así que él y sus amigos se desplazaron a otra discoteca dando un paseo.

Cuando llegaron a su destino vieron que el ambiente estaba a cien; había dos gogós bailando y la música rock sonaba a toda marcha. Elvis y sus amigos se colocaron en el sitio de siempre y fueron poco a poco a la barra a pedir una copa.

Al volver a la pista de baile, Elvis empezó a bailar sintiendo la música mientras observaba a las gogós. De repente, se puso delante de él una chica vestida toda de blanco, morena, con el pelo largo hasta los hombros, le susurró al oído que le encantaba Elvis Presley, sin dejar de contonear las caderas. Él vio que no tenía nada que perder, de manera que le siguió el juego y se puso a bailar con ella.

Sus amigos se quedaron sorprendidos al ver a este con la chica, ya que era la primera vez que una desconocida se acercaba a bailar con él en año y medio.

Cada vez bailaban más juntos, hasta que unieron sus manos y Elvis la cogió de la cintura, acercándola así de tal manera que no había ningún milímetro de separación entre sus cuerpos. De repente, ella se giró y pegó su trasero al miembro de Elvis, mientras no paraba de moverse en todas las direcciones posibles, al tiempo que él sentía como su miembro iba agrandándose. La cogió de las caderas, poco a poco, mientras ella no dejaba de moverse. La manos de Elvis iban subiendo hasta llegar a los pechos de la chica, aprovechando al mismo tiempo para inhalar su perfume.

Elvis no se había dado cuenta, pero estaban en la otra punta de la pista, lejos de sus amigos. En ese momento no le importo, sólo se encargaba de disfrutar de la chica, a la cual empezó a lamer detrás de la oreja. La reacción de ella fue darse la vuelta y, cogiéndole la cara, le besó intensamente en la boca, entrelazando así sus lenguas como si fuesen una sola.

En ese momento el tiempo se paró. Cuando se separaron, sus ojos se encontraron y esa mirada lo dijo todo; ella tiró de Elvis hacia los aseos y, sin que nadie se diese cuenta, se colaron juntos en el de chicas, cerrando y atrancando la puerta tras ellos.

Elvis cogió a la chica en brazos y la volvió a besar apasionadamente, al tiempo que la arrinconaba contra la puerta para sentir sus pechos contra su cuerpo. Cuando la soltó, ella se desabrochó la blusa y extrajo sus pechos de las copas del sujetador. Eran más bien pequeños, pero bien formados, y Elvis los recibió en su boca como si fuesen un regalo. Al mismo tiempo, la chica se desabrochaba el pantalón y tiraba de su ropa interior para recibir su miembro erecto dentro de ella.

Elvis empujaba con fuerza, como si fuese la primera y última vez en su vida. La chica no se había dado cuenta de cuándo Elvis se había puesto el condón, pero las estrías y puntos del látex estaban provocando un orgasmo más que duradero en su interior.

Él no paraba de acariciarle los pechos mientras empujaba su miembro dentro de ella, hasta que le susurró una palabra al oído y se corrió, sin dejar de inhalar el perfume femenino. Cuando ella se volvió le dio un beso apasionado en la boca y le dijo que era el mejor Elvis que había conocido.

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