En el spa…

Es viernes tarde, salgo del trabajo agotada y me dirijo al Spa a darme un capricho y relajarme un rato, ha sido una semana dura y necesito un respiro.

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Al llegar, saludo al recepcionista, que parece haber sido esculpido por Miguel Ángel, y que ya me ha provocado más de un calentón al rozarme con sus grandes manos por los pasillos.

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_ Hola bonita!, ¿Circuito como siempre?

_ (Me pregunta).

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_ Sí, gracias.

_ (Le respondo sonriendo tímida, aunque en mi mente mis manos ya están recorriendo su torso desnudo).

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_ Te acompaño, hoy está esto muy tranquilo.

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Me dirijo al vestuario intentando quitarme de la cabeza la idea de abalanzarme sobre ese cuerpo que tengo delante. Llegamos y entro a cambiarme, me quito la ropa pensando en el roce de su piel y mis pechos se erizan, me pongo el diminuto bikini rojo que todavía hace resaltar más la prominencia de mi talla 100 y el albornoz desabrochado y salgo a su encuentro. Creo que mi lenguaje corporal me delata y mi temperatura está subiendo por momentos.

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_ Tu primera por favor.

_ (Dice recorriendo mi cuerpo de arriba a abajo con su mirada ).

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Entramos en la zona de saunas, me quito el albornoz, ël se acerca a mí y, rodeándome la cintura me dice:

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_ Yo empezaría por aquí... - señala la zona de las duchas y baja su otra mano muy suavemente de mi cintura a mi glúteo.

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_ y seguiría por un rato de sauna.

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Yo esbozo un suspiro ahogado y perfilo sus labios con mi lengua, me besa delicadamente mientras desplaza su más profundamente hacia mi centro de gravedad, yo palpo ese torso esculpido que tantas veces imaginé, arrancándole el uniforme de cuajo y encóntrandome con su miembro. Apuntándome directamente, sediento, me doy la vuelta y él me empuja salvajemente a la ducha. Los chorros de agua se disparan a diferentes temperaturas, sus manos me desabrochan el bikini y me cogen con fuerza los pechos, desde atrás, pellizcando delicadamente mis pezones.

Empiezo a humedecerme abundantemente, mi respiración se acelera y también quiero más, noto como su gran miembro me roza, duro y firme embistiéndome sin entrar. Me apoyo en la pared de la ducha de piedra y los gemidos emergen de mi boca, intensificando a medida que él introduce sus dedos en mi ser, primero suave y luego cada vez más fuerte, más rápido.

Hasta que ya no son los dedos lo que entra y nos fundimos en un movimiento rítmico y después frenético.

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_ Agárrame del pelo. ( le digo girando la cabeza).

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Acepta mi petición mirándome fijamente y me lo coge con fuerza, sus embestidas no cesan y yo me sumo en un éxtasis de placer, me estimulo de forma manual mientras él entra y sale enérgicamente hasta que alcanzamos el clímax. Agotados y saciados de esa tensión que nos mantuvo en la distancia hasta ahora.

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?Escrito por: Nora Lasair.

 

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