Entrevista de trabajo

Todo empezó por su necesidad laboral que la llevó a una de las tantas entrevistas que tuvo para obtener algún puesto de trabajo. Eran cerca de las seis de la tarde, cuando fue a dicha entrevista. El entrevistador era un hombre alto, de 1,80 o algo más, complexión fuerte de piel morena, unos ojos claros preciosos, con una mirada que seducía a cualquier mujer, súper simpático y alegre, con unos 40 años de edad, aproximadamente. La entrevista empezó como todas, su presentación y por parte de él, de la empresa y las necesidades de contratar personal. A medida que se iba desarrollando la entrevista el hombre, que estaba sentado detrás del escritorio, se levantó y se puso delante de ella, sentándose sobre su escritorio. Sintió una sensación extraña que no podía describir, y como estaba sentada su vista quedó a la altura de su pantalón, cuando él apoyo su trasero sobre el escritorio. Era difícil poder mirarlo a los ojos porque al bajar la vista chocaba con su pantalón, el cual a todo esto se notaba que guardaba algo interesante debajo de él, aunque lo que guardaba no le preocupaba mayormente, si no que la incomodaba que estuviera a la altura de sus ojos.
En un momento él le pidió su mano, la envolvió con sus grandes manos y le dijo que se calmase, que estuviese tranquila, que las entrevistas eran así.

No le molestaba la entrevista, le iba a decir, sino que le molestaba lo que estaba a la altura de sus ojos, y esa era su bragueta. Siguieron conversando y de pronto hizo que su mano se apoyase a la altura de su miembro con toda intención. Ella se asusto y la quiso sacar pero aún así la dejo, porque le agradaba como notaba su polla, parecía gruesa y grande. No era propio de ella actuar así, ya que siempre había sido fiel a su marido, pero, se dejo llevar..
El hombre siguió conversando como si nada,y ella en cambio se dedico a sentir su miembro bajo su mano.  Ya no sabía que le respondía porque  su mente estaba en lo que tenía bajo la mano. Él actuaba en forma normal, natural como si nada pasara, pero para ella no era lo mismo, estaba algo nerviosa pero también le gustaba esa sensación.

 

Él se levantó  y cuando se puso de pie, afortunadamente su mano recorrió  gran parte de ese paquete que guardaba bajo ese pantalón, con lo que le  hizo pensar de qué tamaño era realmente. Dio unas vueltas alrededor de su oficina hasta que se  acercó de nuevo, se puso tras de ella  y sintió sus manos sobre sus hombros, susurrando cerca de su oído:
– Estás tensa Sara, déjame hacerte un masaje.
¿Como no iba a estar tensa?, la situación era extraña a la par que lujuriosa. Sus manos se empezaron a mover hábilmente por su nuca, el cuello y la espalda, su masaje era placentero y relajante, tenía destreza.

Ella llevaba una blusa, una mini a menos de medio muslo y zapatos de tacón, debajo un sujetador de encaje de media copa y un tanga hilo dental pequeñito , bien chiquito, también de encaje, muy bonito y coqueto.
El hombre, que seguía con su masaje, le estaba originando una oleada de relajación y excitación que no podía describir ni identificar en su mente. Era exquisito sentir sus movimientos sobre sus hombros, hasta que sintió como las manos se acercaban sigilosas hacia sus pechos.

Lo quería detener pero la forma  en como la masajeaba la seducían,permitiendo que cogiese sus pechos y los apretara con firmeza pero suavemente sobre la ropa una y otra vez. Comenzó abrir la blusa, desabrochando tres botones, abrió y dejó su sujetador y los pechos a la vista, volvió nuevamente a masajearle.
El placer era exquisito, exhalando pequeño un gemido como respuesta a su apretón. El hombre la tenía semi desnuda a su disposición en aquel despacho y ella no hacía nada para detenerlo.
La entrevista había pasado a otro ámbito con su masaje. Se detuvo, se dio la vuelta frente a ella, la miró a los ojos, acercó su boca y se besaron unos segundos.

 

Su reacción fue instintiva, su forma de besar era maravillosa, el hombre sabía hacer sentir un gran beso en la boca. Mientras la desnudaba despacio y roja de vergüenza y excitación, quedó ante él con todo el torso desnudo a su vista.  Gemía de placer,sólo por el hecho de sentirse desnuda e indefensa ante aquel extraño en su despacho.  Mientras de la boca del caballero solo salían palabras que alaban su belleza, aunque  a ella le hubiera gustado que le dijera cosas más fuertes en aquel instante, pero aún así, él le hacía derretirse de placer con su forma de actuar.

Cuando sintió su boca en sus pechos besándolos, pasando su lengua, mordiéndolos, apretando cada pezón con sus dientes de una manera que nunca  había experimentado ni por su marido, casi perdió el equilibrio por el placer ocasionado. Mientras su boca se divertía jugando con sus pechos una de sus manos manoseaba su prieto culo, de una manera como si me quisiera arrancárselo, apretaba cada nalgas con fuerza hasta levantarla y ponerle de punta sobre sus pies.

 Se arrodilló postrándose ante ella para desabrochar y bajar el cierre de la falda, cayendo esta al suelo de un tirón.
– ¡Tienes un culo divino! – agregando – Tienes un lindo culo, me gusta como la braguita se pierde en tu raja y como sale arriba solo el hilito que lo cruza, ya que tus nalgas se lo tragan entero.
 Sabía lo que hacía, propinando unos buenos cachetes en sus nalgas, de esas que duelen en el buen sentido, esos golpes secos, fuertes y llenos. De pronto, se puso de pie y le dijo al oído:
– Siempre he pensado que las que usan ese tipo de braguitas tan diminutas son unas golfas – y cuando se dio la vuelta y vio la forma de su tanga por delante, comentó – No tengo duda de que eres una golfa, que tanga tan bonito, me gusta lo chiquito que es, soy fetichista y me encantan las braguitas.
Empezó a recorrer el contorno del tanga hasta llegar a la entrepierna y le manoseó tan suave y tan delicadamente que ella se puso a templar. Era tan exquisito lo que aquel hombre le hacía que la obligó a abrirse de piernas.
–  ¡Cómo estás de mojadita!

Cogió su masculinidad semi erecta con sus manos, excitada, se notaba que era poderoso y potente. 
El hombre, se desnudó completamente y empezó a tratar como a ella le gustaba, con palabras fuertes y obscenas. Ella seguía pasando su lengua por esa cabeza hasta que abrió la boca golosa todo lo que pudo y engulló todo ese enorme glande, sintiendo un temblor del hombre.

Después de eso, todo fue un espectáculo, verlo a él como se movía y retorcía a consecuencia de su felación. Él estaba casi loco y desesperado, hasta que se corrió en su boca.  Después de eso, se dedicó a limpiar su verga mientras sentía tenía el tanga todo mojado por la gran cantidad de líquido que salía de su vagina hambrienta, estaba tan excitada y deseosa que solo quería una buena visita.
Él ya estaba de nuevo listo, con su miembro tieso, duro, e incluso más grande. 

Nunca había estado con otro hombre que no fuera su esposo y ese hombre no la creía, al darle ella todo tipo de explicaciones como si con ello limpiara su conciencia, ante aquel momento tan sexual en una entrevista de trabajo. 
– Ven siéntate solita, quiero ver lo viciosa que eres.
Estaba asustada porque su polla era muy grande, pero también le excitaba la idea de sentirla dentro de ella. Al ver que dudaba, él tiró de su mano para acercarla, abriendo sus piernas, lanzó un fuerte grito.
– Venga, cabalga.
Le ordenó subir y bajar, y lo hizo despacio. La acomodó a su tamaño dentro de ella y le resultaba muy placentero, le gustaba como lo sentía, le llenaba, le costaba moverse, pero le daba gusto. El no dejaba sus pechos, también utilizaba su boca, los besaba, los mordía y entre tantas cosas juntas no pude más y gozo de su primer orgasmo gritando, desesperada, incluso llorando extasiada. No supo cuánto tiempo más estuvo sobre ese garrote hasta que él le ordenó parar, se levantó, le ordenó sentarse en su escritorio, levantó sus piernas, miró su vagina aún humeda y le dijo… mirando la fijamente: 

_Estás contratada...Empiezas el lunes...

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