Gente a la que le encanta jugar a los médicos ( ‘medical fetish’)

Jugar a los médicos, ese clásico para romper el hielo, recurso explotado hasta la saciedad en ficción y realidad como pretexto para justificar el acceso a la carne. La lección de anatomía, la terapia como excusa para estrechar vínculos, la búsqueda del problema como experiencia estética.

El fetichismo médico tiene muchos niveles, muchos enfoques y muchas aristas. He hablado con algunos de sus practicantes para que me cuenten qué aspectos de esta compleja parafilia son los que les cautivan desde sus diferentes puntos de vista.

LA ESTÉTICA

Nos encontramos en el nivel más básico, el que se reduce meramente a la presentación. Los aficionados a la estética médica adoran los uniformes, los llamados pijamas de hospital, las batas, las mascarillas, los guantes, el verde, el rojo y el blanco. La oferta en este sentido es abrumadora, desde disfraces inspirados en otras épocas hasta complicadas creaciones de látex, pasando por la mínima expresión que suponen una cofia y un bikini con dos cruces.

La lista de posibles juguetes es larguísima. Yo personalmente me quedo en esta práctica sin ir más allá del mero disfraz de enfermera o doctora que te realizará cuidados "intensivos"...a partir de ahí son palabras mayores..

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Incluyendo jeringuillas, estetoscopio, enemas, espéculo, medidor de tensión, termómetro… pero esas cosas no siempre son fáciles de conseguir y tampoco hacen falta. lo que no puede faltar en dicho juego son los guantes de látex. Las vendas, las camillas, la cantidad de técnicas y aparatos destinados a tratamientos y mediciones excitan la fantasía y dan lugar a inventar contextos muy concretos, a la medida de cada uno. Nunca sobra mencionar la necesidad del acuerdo previo y la confianza desde todas las partes implicadas: “Las prácticas que se lleven a cabo van a depender también de la otra persona, hay que recordar que este juego debe ser consensuado.

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EL ACCIDENTE

Esto nos suena de Crash, la polémica película de David Cronenberg sobre aquellos que siguen el peligrosísimo camino de buscar la lesión a conciencia. Pero no es necesario llegar a adoptar una conducta temeraria para ser capaz de recibir ciertos accidentes sin pesar por el simple motivo de que entrañarán sensaciones intensas, cuidados y el infinito placer de la recuperación.

¿De qué partes estamos hablando? “La parte en que te inspeccionan, te cuidan y te ayudan durante el proceso resulta placentera, es parecido a un ataque de ASMR.”. 

Youtube está bien servido de sesiones de este tipo que buscan despertar la respuesta sensorial de miles de espectadores, y en muchas de ellas el género es el terror. Si nuestros gustos son sutiles, incluso podemos elegir que una enfermera del Silent Hill se encargue de maquillarnos en un hospital abandonado.

También se puede dar desde la posición contraria, la de los que disfrutan atendiendo las necesidades de los impedidos.

¿A quién no le suena esta fantasía? El desempeño de los cuidados implica rituales de gran belleza y posibilita un acercamiento extremadamente íntimo con el paciente.  Cicatrices, amputaciones, deformidades, cualquier alteración imperfecta del cuerpo, cualquier diminuta herida que requiera desinfección. Este genuino amor se llama estigmatofilia y casa bien con el ambiente sagrado de un quirófano o una sala de curas. Los beneficios psicológicos, incluso a nivel social, resultan evidentes. Se alivia el trauma y se le da la vuelta propiciando la aceptación y la dulce inserción de lo maltrecho en el transcurso de la vida cotidiana.

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ESTERILIZACIÓN Y ANATOMÍA

Cuando nos adentramos en el mundo del BDSM la situación se retuerce un poco más. Aquí los practicantes van a jugar con las posibilidades del cuerpo de manera directa y, en ocasiones y si todas las partes están de acuerdo, el juego va a implicar ciertas lesiones en la carne. “Esterilizar muy bien todos los juguetes que se vayan a usar y no reutilizar nada que haya penetrado la piel” avisados estáis desde la asociación BDSMK como instrucciones básicas a la hora de abordar el fetichismo médico más extremo, en el que abunda el uso de aguja y bisturí.

Para realizar este tipo de práctica es necesaria una gran preparación que incluye conocimientos anatómicos avanzados: “Aunque parezca un juego tienes que ser consciente de lo que haces.

Las sensaciones que más divierten son las de incertidumbre y miedo que provocan con esta práctica pero el que está en posición de paciente, aunque tenga miedo, en el fondo debe fiarse de ti. Los conocimientos que se requieren deben ser tomados muy en serio”. Pasar miedo es parte de la diversión, como en cualquier parque de atracciones, pero para que todo salga bien ella aconseja a los sumisos conocer en profundidad en qué manos van a ponerse y, a los que interpretan el papel de la medicina, tomarse muy en serio esta clase de juego.

El dominio de los primeros auxilios es un mínimo obligatorio.

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AFTER CARE

Las sesiones de fetichismo médico suelen requerir unos cuidados posteriores concienzudos y meticulosos que reparen la integridad física y mental de quien ha hecho las veces de paciente, fase que suele resultar muy placentera. Para asegurarnos un final feliz lo correcto es entrenar previamente en talleres e ir evolucionando en la práctica a un ritmo pausado y progresivo: “El after care es una de las partes preferidas para este tipo de fetichistas, siempre deben acabar contentos y endurecidos gracias a la experiencia. Enfrentarse así a los propios miedos y el propio dolor les hace sentirse más fuertes, capaces de enfrentarse a cualquier situación”.

¿Qué significa así? “Así significa de forma segura.”

 

Espero que haya quedado claro.

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