Inaccesible

Son las 06:30 am. Estoy en mi casa todavía acostada. Ya sabía que no iba a ser mi mejor día. Precisamente hoy volvería de una licencia a retomar mis labores… ¡Qué pereza tan grande! Sin embargo, aún tenía tiempo suficiente para organizarme y poder llegar a tiempo a la oficina.
Llego finalmente a mis labores. Marco mi entrada a las 08:22 am. Me encuentro prácticamente sola, casi todas las secretarías están con permisos y vacaciones. Sin embargo, me reciben como si nada. Todo muy normal, a excepción de que me entero de que debo cubrir una unidad distinta. Est vez me toca quedarme en la Oficina de partes.
Mi compañera de labores, Rosa, se acerca muy contenta y me saluda. Por un momento mantenemos una conversación de trabajo, más que nada para ponerme al tanto de lo que estaba pendiente. De ese modo nos dispusimos a trabajar cada una en lo suyo.
Ya son las 12:30 pm. Queda media hora para salir a comer. La verdad es que no tengo mucha hambre, por tanto considero quedarme y no ir a casa a almorzar, como tenía pensado hacer.
A las 13:00 hrs decido ir al bar y acompañarme de los demás compañeros que estaban allí. Para variar, ya había de quien hablar. ¡Típico! Yo en ese momento pensaba en quién sería la victima está vez. Ya me había tocado oír en varias ocasiones habladurías hacia otros compañeros. Esta vez se trataba de un médico nuevo que venía desde Madrid a trabajar de manera indefinida, al menos eso comentaban.
Al poco rato se nos une el nuevo integrante, el Dr. Carlos Gutierrez. En ese momento los compañeros hablaban de esos sitios de intercambios de parejas, de sus normas. Daban a entender, además, que de todo ese morbo que eso implicaba había algo más…algo mucho más atractivo y elegante de lo que uno podría imaginar. Como casi siempre, yo comenté lo que sabía respecto de esos lugares y como era de suponer, hubo comentarios de todo tipo. Teníamos un par de compañeros que parecían saberlo todo, pero eso no me causo ninguna sorpresa; siempre hay gente que se creen sabedores de todo y entre comentario y debate decían que no creían que un hombre fuera capaz de llevar a su mujer a un lugar semejante para compartirla con otros. Se negaban a creer que la contemplación de la infidelidad de la pareja pudiera causar morbo y mucho menos, placer. Sin embargo, solo lo admitían como fantasía. Pero el Dr. Carlos, probablemente el más reservado del grupo, permaneció atento y pensativo Le observé. A ratos esbozaba una sonrisa. A ratos apartaba la mirada… pero jamás entró en el debate. Y me daba que pensar el hecho de que no participara. Cuando terminó nuestro ratito de ocio y nos dirigíamos a nuestros puestos de trabajo, él se me acercó, para presentarse y pedirme ayuda respecto de un informe que debía entregar con urgencia ese día.
Es un hombre muy interesante y atractivo. Poco sabíamos de su vida privada. Era reservado, aunque se rumoreaba que era un hombre separado y sin duda para mí era muy atractivo y poco accesible. Tal vez por su manera de ser, algo serio. Pero eso sí, se notaba que era culto, educado y muy sensual.

Sin embargo, me duro poco el tiempo con él, puesto que en los días posteriores yo retomé mis labores en mi unidad y me era imposible verlo tan a menudo, aunque de vez en cuando me lo encontraba en el camino o saliendo de mi oficina.

Me causaba intriga y eso me encantab, sobre todo porque soy una mujer muy curiosa. Sin darme cuenta, empecé a fantasear de una manera inexplicable con este hombre.Realmente me causaba intriga todo sobre él.

A veces me daba por pensar en que pueda ser yo sujeto y objeto de sus deseos y fantasías. Se aceleraba el paso de la sangre por mi cuerpo al imaginar lo que me pudiera pedir o hacer. Estaba dispuesta a descubrir más sobré él y pensaba en que sería lo que siempre había querido o soñado hacerle a una mujer… Eso me hacía perderme en laberintos de palpitaciones y sensaciones.

Finalmente, un día me tocó quedarme trabajando hasta más tarde. Sabía que él también se quedaría, ya que en unos días se iba de vacaciones y debía dejar todos sus informes entregados. En virtud de las circunstancias, yo me hice la amable y se me ocurrió la brillante idea de ofrecerle un café. Sin duda me lo acepto, a esas horas venía bien tomarse uno.

Aprovechando la compañía y el café, me propuse conocerlo un poco más. Sin embargo, él ponía limites en todo,  incluso para respondería a  simples preguntas, cosa que a mí me fastidiaba mucho ya que jamás había conocido a un hombre así. Me dio la impresión de que era demasiado conservador para mi gusto, por lo cual me daba a pensar que íntimamente era un hombre muy poco creativo y que estaba perdiendo mi tiempo si quería saber más de él. Para mi sorpresa no pude hacerme a un lado, por el contrario pensaba en que si él no sabía, yo debía enseñarle a como dé lugar. Si bien no soy una experta en las artes amatorias, me defiendo muy bien en lo que al sexo refiere, por lo cual él se volvió un desafío para mí.

Ya quedaban un par de días para que se fuera de vacaciones y yo por ningún motivo a me iba a perder la oportunidad de invitarle a salir, así que me decidí ese día, ya que era viernes y salíamos más temprano.Me acerqué a su oficina pero ya se había ido a su casa. Una lástima ya que de ese modo ya era difícil poder concretar una salida. Sin embargo, hice mi último intento y conseguí su número. Le envié un WhatsApp. En el mensaje le hacía mención a que había ido a su oficina y él ya se había ido, razón por la cual había conseguido su número persona. Sutilmente comencé una conversación vía texto con él y le manifesté mi intención de salir con él para que conociera algunos sitios.Para mi sorpresa, accedió de mil amores y me sugirió que fuéramos a beber algo para conocernos un poco más.

En ese mismo instante marque la salida. Me organice en casa y me preparé para salir con él esa misma noche.

Llegué puntual a la hora acordada. Él llegó casi al mismo tiempo que yo. Nos saludamos y nos dirigimos a un pub cercano a la costanera. Pedimos algo para beber y comenzamos una conversación muy amena. En cierta manera mis ideas del hombre poco accesible iban desapareciendo. Creo que faltaba conocernos mejor y el trabajo no nos permitía llegar a eso. Las horas pasaban y ya se estaba haciendo tarde, sin embargo eso no era problema para ninguno de los dos ya que veníamos con tiempo suficiente para disfrutar de la compañía mutua. Hablamos mucho de las artes culinarias y mucho más del trabajo. La verdad es que no desconectábamos mucho de eso, por ello decidí dar un giro a esa conveniente salida.

Le sugerí caminar por la costa, a fin de respirar un poco más del aire marino. Aceptó. Hablamos de él, de su llegada. Le noté algo cansado, sin embargo asumí que debía ser por las copas de más que bebimos, las cuales no estuvieron nada de mal.

En un momento, mientras él me hablaba. yo lo observaba con detención. Me parecía un hombre fascinante. Me puso nerviosa y fantaseaba con lo que podría venir después. Me preguntaba qué pasaría si lo besaba. ¿Acaso me rechazaría? ¿Qué hacer si eso pasaba? Decidí seguir con la conversación, Nos sentamos a contemplar el mar. Notó que yo tenía algo de frío, por lo cual sugerentemente me abrazo. Me giré y sin querer me rozó los labios. Se disculpó, sin embargo yo me acerqué con la intención de besarle y el respondió de manera favorable. Me besó apasionadamente. Dijo que me deseaba.

Esos deseos que no sé si calificar de morbosos o normales, porque ¿hasta qué punto esos pensamientos son sanos? ¿Existe acaso un límite para el deseo? Y al fin ¿es normal desearse tanto?

El juego verbal hacía que el deseo creciera más y las pequeñas y discretas caricias se hicieron más evidentes. Estaba inflamado de deseo. Quería poseerme. Yo me dejaba llevar. Mi sexo se humedecía cada vez más, por lo cual decidimos ir a otro sitio para ponernos más cómodos.

Inmediatamente tomamos un taxi y fuimos hasta su casa. al llegar abrió la puerta. Hice que se tumbara en la cama. Mientras me desnudo, sigue mis movimientos. Se incorpora y me ayuda a desabrochar mis pantalones. Está nervioso, algo asustado por su atrevimiento o mejor, por su propia curiosidad que lo ha llevado hasta aquí. Está sumamente excitado, tanto como yo. Lo noto en su respiración, en el brillo de su piel, en sus labios húmedos.
Le pido que se tumbe, que no tenga prisa, que disfrute y que se deje llevar por mí. Recorro su piel con mis labios. Visto su cuerpo con mí saliva. Dejo que mi lengua juguetee con sus recovecos. Le comienzo a quitar el pantalón hasta dejarlo sin nada y devoro su sexo con mis labios. Investigo cada una de sus reacciones, aprendo sus lugares con mi boca. Él se agarra a las sábanas, intenta no mover su pelvis y no atrapar mi cabeza entre sus muslos. Sus gemidos son más pronunciados. Se apoya en sus codos y mira mis maniobras, mientras me dice entre gemidos que se está volviendo loco de placer. Si aún no hemos empezado…Sigo disfrutando de su sexo. Cada vez estoy más húmeda. Mi saliva se mezcla con sus fluidos, mis labios saben a él. Pero no dejo que descanse más. Sigo en su sexo. Vuelvo a zambullirme en los mares de su deseo. Su mástil requiere atenciones pero no es su momento. Sus dedos  me penetran, lo observo mientras él empieza una danza con ellos, suave, fuerte, lenta, rápida.
Me vuelvo loca. Siento, cuando me penetra del todo con su pene, una corriente fluyendo en el interior de mi sexo.
Manosea mis senos con una mano. Mi propia excitación me hace más atrevida. Me doy la vuelta,  me pongo en cuatro para que siga. Él tiene una perfecta visión de mi trasero y vuelve a la carga. Me gusta. Yo me muevo para buscar un mayor placer. No puedo resistirlo más. Su pene penetra sin resistencia, su calor interior me embriaga. Me pone en otra posición y me sube las piernas y empuja su miembro, al principio con suavidad. Veo el placer relajado en su cara, bruscamente de nuevo, esta vez su goce provoca mayores gemidos en mí. Sus manos arropan mis senos, luego acerca su boca y los muerde.
Yo me subo en él y me muevo en círculos. Él lo mete y lo saca. Le pido que me dé por detrás, tan sólo el glande parece tener el privilegio de conocerlo por primera vez. Empujo con suavidad. Le pido que me tome de las caderas con fuerza. Vuelvo a intentarlo, su excitación hace que se relaje y consigue introducirlo arrancando de mi boca un grito de dolor. Pero ya está dentro. Sigo empujando, lentamente, y él ya se va acostumbrando a los nuevos placeres. Me gusta su pene. Cada vez empuja con más fuerza mi trasero, ya habituado a la anchura, ya suyo, por entero. Estamos atravesados en la cama. Yo empiezo a gemir con desesperación. Él saca su pene,
agotado, a punto de estallar. Noto como lo sacudían los espasmos del orgasmo, a la vez que él descargaba todo su fervor. Había sido distinto, especial. Una experiencia gratificante. Me besa con deseo. Se arrima tiernamente a mí y me abraza. Confiesa que jamás había sentido tal placer con nadie. Posteriormente me fui.
Al día siguiente me envió un mensaje en el que decía que había sido una locura, que no sabí qué le había pasado, que no se volverá a repetir porque no quiere. No intento insistir, lo acepto.

De ahí en adelante, nuestra relación paso a ser solo un saludo ocasional





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