La camarera

Nos hallábamos un grupo de amigos de vacaciones en una ciudad del centro. Desde hacía unos días frecuentábamos un bar con mucho ambiente, sentándonos en la terraza para mitigar mejor el calor. Como suele ser frecuente estaba atendido por hermosas chicas vestidas de manera bastante tentadoras alegrando nuestros ojos, entre ellas había una muy atrayente que llamaba algo más la atención sobre el resto, solo porque era más alta, todo lo tenía grande: las tetas, el culo, las piernas con grandes y fuertes muslos, pero todo con un cuerpo muy armonizado y proporcionado que hacía que tuviese las medidas y los kilos justos, todos coincidíamos que era una gran mujer y tenía un polvazo impresionante. Solía vestir traje negro de tirantes, un poco escotado dejando ver bien el inicio del canalillo, llegándo la parte inferior por la mitad del muslo, tenía cierto glamour, de nacionalidad ucraniana, 28 años, rubia platino, ojazos verdes, alrededor de 1,80 metros, con buena cintura y caderas agarrables, y lucía unas portentosas y esculturales piernas que me ponían cantidad realzadas al mismo tiempo por unos zapatos negros de tacón haciéndole un culo muy respingón. Como dije antes ese pivón tenía un follado de escándalo.

Con el paso de los días teníamos ya cierta complicidad con ella y nada más vernos nos atendía enseguida, poco a poco le hacíamos bromas sobre su físico que aceptaba con complacencia, bueno bromas no, nos tirábamos directamente a la yugular diciéndole las cosas claras. Un día al ir a pagar a la barra me atendió ella misma, en broma le dije lo buena que estaba y que deseaba tener un encuentro íntimo para acostarnos juntos, sonrió como siempre con la sorpresa que al entregarme la vuelta al mismo tiempo me entregó una nota en la que junto a su número de teléfono me apuntaba “salgo a las tres, recógeme en la esquina del bar”, guiñándome un ojo cuando nos despedíamos.

No me lo podía creer, mis amigos menos pensando que era fanfarronada mía, pero nada más lejos de la realidad era claramente una invitación a una cita íntima para rematar la noche. El resto del tiempo lo pasé entre bromas de mis compañeros, no quise beber en demasía desando y esperando que llegara la hora, y llegó…

La llamé previamente para confirmarle mi asistencia y que la esperaría en la esquina convenida sin faltar, algo que la satisfizo según pude entrever. Dicho y hecho, llegué antes al lugar y a los cinco minutos apareció muy atractiva, vestida tal cual pero con una especie de chaqueta blanca por encima para disimular su insinuante traje de camarera. Fuimos a tomar una copa a otro bar de las inmediaciones, y a la media hora quería que nos marchásemos a su casa, estaba cansada, era tarde y había que aprovechar la noche me dijo sonriendo picaronamente mirándome con aquellos ojos.

Paseamos por la calle en dirección a su domicilio cogidos de la cintura, tenía las carnes prietas, era muy deseable y de eso sabía mi polla que ya estaba enorme bajo el pantalón deseando follarla. Mientras charlábamos, me ponía mucho escuchar su español con acento del este, no pude reprimirme con el calentón y por primera vez le toqué su culo, redondo y prieto, apretándole fuerte una de las nalgas, me miró sonriendo, se detuvo, y pasándome sus brazos por el cuello me dio un besazo de tornillo inolvidable mientras continuaba sobándole el culo y los muslos oprimiendo mi ya larga polla contra su sexo, advirtiéndola plenamente contra su cuerpo, lo que hizo que bajase una de sus manos hasta mi entrepierna para cogerme el rabo y masturbarme un tanto por encima del pantalón, de la misma manera me lancé al ataque introduciendo una mano debajo de su vestido palpándole el culo por encima del tanga y tras apartarlo un poco hice lo propio con el coñito por debajo de la diminuta prenda interior. Aquel momento en mitad de la calle fue bastante exquisito.

A los diez minutos llegábamos a las puertas de su casa, al vivir en un primero subimos las escaleras dejándola pasar por delante para ver menearse ese culo, antes de entrar me advirtió que no vivía sola, lo hacía con otra compañera también ucraniana pero a lo mejor no estaba. Una vez dentro comprobó que su compatriota no se hallaba presente, “seguramente también estará con alguien” exclamó, “sois unas zorrillas” recuerdo que le dije en tono de broma. Se despojó de la chaqueta blanca y tenía ante mis ojos a la camarera tal cual, con su vestido negro y taconazos, le indiqué sentado en el sofá que me preparase algo, una copa, y que no se quitara el vestido aún, pareció entender mi juego, “además de tu puta esta noche quieres que sea tu camarera, ¿no?, me gusta tu jueguecito…”, “lo haré pero desnúdate y espérame en el sofá” me expreso con su acento ucraniano que ya he referido que le añadía más picante al asunto.

Me desnudé como me indicó, recordándo que no se quitara el vestido porque quería verla y disfrutarla como la camarera que era, ambicionaba hacer la fantasía de follarme a la camarera como la veía todos los días en el bar, con vestido incluido. Aceptó con gusto al tiempo que me trajo una copa, volvió a la cocina a tomar otra para ella y al volver cuando ingresaba en la sala se quitó el tanga igualmente de color negro, en la otra sostenía el vaso largo, descendiéndolo poco a poco por sus muslos hasta pasarlas de manera muy erótica por debajo de sus pies cubiertos por sus tacones negros, añadiendo más sensualidad al engancharse con la punta de sus tacones. Estaba muy seductora e intuí que se estaba preparando para empezar a follar, que no quería perder el tiempo.

Observé toda la escena sentado en el sofá con los brazos sobre el respaldar y la polla completamente dura y empinada, se detuvo ante mí insinuándose y contoneándose, bebiendo de su vaso mientras me miraba fijamente, dejó el vaso sobre la mesa y se levantó la falda del vestido dejándome ver su chocho íntegramente depilado y, acto seguido, se sentó sobre mí a horcajadas y tras trincar la polla con una mano se la empotró en la vagina, todo lo realizó sin dejar de apartar su mirada de la mía, se quedó estática un instante sentada sobre mí con sus piernas colgando aprovechando para pasar sus brazos por encima de mi cuello y acercar sus labios para darme picos en principio para acabar comiéndonos la boca hasta la campanilla, momento en el que comenzó a cabalgar muy despacito mientras me clavaba sus ojos verdes en los míos, a la vez que la cogía por las nalgas empujándolas hacia dentro, estuvimos así durante cinco minutos hasta que poco a poco aumentamos las embestidas acompañadas de grandes jadeos y gemidos, aproveché el momento para deslizarle los tirantes por sus hombros y dejar ante mí sus grandes tetas que comencé a engullir, chupar y lamer con mi boca y labios, eran duras y muy bien puestas con unos pezones sonrosados colosales sumamente empitonados por el calentón sabiéndome muy ricos como era de esperar, se sobreexcitaba y electrizaba cuando le acariciaban los duros y rígidos pezones ya fuese con las manos o con la lengua, se ponía más cachonda y “puta” cuando esto sucedía.

Mi camarera se levantó y tras dar un buen sorbo a su copa, se arrodilló pasándose el nabo por las tetas realizándome una cubana buenísima, seguida de una felación limpiándome un poco la polla a la vez que me cogía los huevos, la hizo de todas las posturas, con mano, sin mano, con lengua, sin lengua, chupando… En plena pasión y frenesí, cuando más intensa era la mamada, se escuchó la cerradura y entró su compañera de piso pillándonos en el sofá en plena acción, deleitándose un rato observándonos como yo estaba relajado resoplando en el sofá mientras la otra a cuatro patas me la comía apasionadamente con las tetas fuera y el culo fuera y el vestido por la cintura. Al reparar en la presencia de su compatriota finalizó la mamada, si bien permaneció con la tranca en su mano bien visible, hablaron algo en su idioma, parecía una situación de lo más normal entre ellas, para los más curiosos era otro cañón de hembra rubia con el pelo largo y recogido, un poco más joven y bajita, vestía de manera sexy con un ajustado top de color morado remarcando sus pechos y un pantalón vaquero que le hacía buen culo, solo con verla mi verga crecía aún más en la mano de mi camarera y no me hubiese importado que se hubiese unido para follármela también, incluso llegue a pensar que lo haría, de todas formas me gustó y me puso más burro el hecho que nos pillara y viera en plena faena sexual. En seguida la otra se marchó a su habitación y, tras hacerme un gesto pícaro como de disculpas, la camarera continuó mamando corriéndome pronto esta vez en su boca, tragándose con apetito todo el semen, fue una mamada espectacular en la que me dejé hacer relajado recostado sobre el sofá pensando en el culo de su compañera y como me la había comido de vicio esta belleza rubia.

Al finalizar fuimos a su habitación, miré el reloj y eran las cinco y media de la mañana, queríamos al menos echar un polvo más. Se quitó por fin el vestido y aunque ya le había visto, cogido y probado todas sus zonas sexuales, por primera vez la vi íntegramente desnuda, tenía un cuerpazo de guitarra, era un cañon de mujer con un culo espectacular, redondo y duro, parecía dibujado, dándome ganas de follármelo. En la cama me propuso un sesenta y nueve que me resultó inolvidable sobretodo teniendo ante mí aquellos muslos fuertes, aquella preciosidad de culo, y aquel coño abierto en el que sin dudarlo no dudé en pasarle toda la lengua de arriba abajo por la vagina para posteriormente introducirla comiéndolo por todas partes. Antes de terminar, me incorporé y dejándola a cuatro patas jugué un tanto con la polla pasándola tiesa por los muslos, abdomen, inglés, y labios mayores, dándole bocaditos y cachetazos en el culo, para a continuación metérsela por el coño hasta dentro follando uno y otro apasionadamente resultándonos un polvo muy placentero, la tomé por las tetas que colgaban acariciándoles los empitonados pezones mientras la arremetía y perforaba con ímpetu a la vez que ella movía aquel culo hacia atrás, su corrida resbalaba por los muslos y la mía estaba a punto de llegar cuando resolví sacarla toda chorreante por sus jugos para follarle el suculento culo, al percibir mis intenciones lo agradeció extraordinariamente situándose en pompa formando su esplendoroso trasero un bello corazón, apoyando sus antebrazos sobre la cama para facilitar la penetración, le abrí con los dedos un poco el ano y mi tranca entró relativamente bien al tenerlo parcialmente dilatado, se veía que le habían dado bien por el culo en otras ocasiones, que estaba acostumbrada a que se lo follaran, es más me dio la impresión de que le gustaba en demasía, lo que no evitó que lanzase algunos gritos de placer y dolor en las sacudidas que le daba a la vez que miraba y saboreaba su atrayente retaguardia, enculando con pasión y lujuria aquel culo maravilloso parecido a un melocotón decidí pasarle delicadamente la palma de mi mano derecha por el conejo de arriba abajo y viceversa avivándola aun más resolviendo al poco tiempo masturbarla con dos de mis dedos al tiempo que la enculaba mientras sus flujos salían como un torrente chorreando nuevamente por los muslos interiores, con tanta exaltación me incliné y la cogí por las tetas oprimiéndolas hasta detenerme en los pezones que atornillé suavemente, avivándola a más no poder logrando un descomunal orgasmo moviendo el culo para atrás mientras la embestía enérgicamente hacia adelante acompañados de jadeos y gemidos por parte y parte, no pude aguantarme más y pronto le llené todo su interior de leche caliente todo el recto tras un rápido mete y saca entrando suavemente sirviéndome de sus flujos y mi propio semen. Fue brutal y maravilloso por parte y parte, sabía follar muy bien.

Al concluir la faena era ya muy tarde, me invitó a quedarme con ella a dormir. Al despertarnos desayunamos junto a su otra compañera, la que me vio con la polla empinada entre la mano de su compañera que, por otro lado, resultó ser muy simpática aludiendo sin cortarse a la agitada nochecita, poniéndome al mismo tiempo muy cachondo con una corta camiseta de tirantes mostaza dejando ver el ombligo y marcando en demasía sus pezones erectos al no llevar sujetador, posiblemente estuviese semiexcitada sabedora que la había echado un vistazo y la desnudaba con la mirada, portaba al mismo tiempo un pantaloncito de pijama azul que no dejaba nada a la imaginación señalando convenientemente cada una de sus partes dejando ver al mismo tiempo unas bonitas piernas, pude evidenciar el maravilloso y rico culo que tenía conocedora de su cuerpo me regaló de manera “inconsciente” algunas posturas sexis como agacharse en pompa dejándome ver mejor aquel rico culo asomando las cachas por debajo, la chica me gustó también, y mucho, me hubiese gustado follarla allí mismo encima de la mesa; mientras tanto “mi camarera” estaba vestida únicamente con unas bragas apretadas amarillas muy eróticas señalando la pipa y el culo y una camiseta blanca de tirantes muy escotada y abierta por los costados dejando ver sus tetas y pezones cada vez que efectuaba un movimiento. Me imagino la cara de los del butano si los reciben así.

Fue un agradable desayuno en compañía de dos bombones, eran chicas despampanantes y sexis, jóvenes y guapas, que nos les importaba mostrarse de esta guisa en compañía, de todas formas estaban en su casa, habían venido a trabajar como modelos pero de momento no les sonreía la suerte y trabajaban como camareras. Me despedí dándole un nuevo muerdo a “mi” camarera a la vez que le sobaba una teta y su pezón por debajo de la camiseta, con su compañera nos dimos un pico mientras la sujetaba por el talle, y me marché de aquella casa con una sonrisa de oreja a oreja tras el homenaje que me pegué durante la apasionada madrugada con aquella belleza de este, la morbosa camarera del bar que frecuenté durante mis vacaciones.



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