La masturbación y sus efectos sociales

La pregunta del millón...¿Qué hombre no se masturba? Y sin embargo, ¿habremos superado el tabú de esta actividad? Yo creo que no...

Cuando comencé este post, no tenía muy claro qué iba a ser de él. En un principio, se llamaba "Lo que la ciencia nos dice sobre los beneficios de la masturbación" pero nunca me han gustado este tipo de artículos. Forman parte de la serie "lo que nos dice la ciencia sobre los beneficios sobre respirar" y "Comer es bueno para la salud, según la ciencia".

Pero eso son artículos de otra época. Las masturbación es un ejemplo de libro de cómo la moralidad ha convertido algo natural, sano y positivo en una aberración. En el último siglo, la masturbación ha hecho un viaje extraordinario desde ser algo vergonzoso y estigmatizado a convertirse en una pieza clave para la salud sexual y reproductiva. Así que hablemos de masturbación en serio y no nos hagamos pajas mentales.

La masturbación ha estado estigmatizada casi permanentemente; ha recorrido un largo camino en su intento por considerarse una práctica más de entre muchas opciones válidas: ha sido llamada “acto demoníaco”, ha sido considerada peor que el sexo premarital y ha dado pie a un sinfín de mitos que pretenden disuadir a los hombres de auto erotizarse. Este video te dará una idea de todo lo que significa, históricamente el acto de la masturbación; además, nos deja con una pregunta: ¿realmente hemos eliminado el estigma o sólo hemos aprendido a convivir con el hecho? ¿Tú qué piensas?

Ante esto, la pregunta más evidente es: ¿Por qué la masturbación está, aún hoy, tan mal vista? Es más, ¿Por qué hacemos esa separación tan estricta de dos fenómenos que están más relacionados de lo que pensamos? Y la explicación, por sorprendente que parezca, está íntimamente ligada a la monogamia.

La privatización del placer sexual

Columpio Veracruz 059

En algún momento de la historia, coincidiendo con la invención de la agricultura y la ganadería, los seres humanos inventamos la monogamia. No, la monogamia no es el estado 'natural' de la humanidad (signifique lo que signifique eso de 'natural'), los estudios de sociedades primitivas muestran que lo habitual era que una camarilla relativamente pequeña de hombres 'monopolizaran' a todas las mujeres de la tribu.De repente, no obstante, pasó algo. La monogamia impuesta (es decir, el vínculo sexual exclusivo con una sola pareja) vino, vio y venció. Tal fue su éxito que en los documentos antiguos aparece como algo esencial. En la mayor parte de cuerpos legales tradicionales el adulterio está severamente penado (solo hay que mirar la Torá o la Sharia para ver ejemplos de esto).

En el año 18 antes de Cristo, el emperador Augusto promulgó la Lex Iulia de adulteriis que no sólo tipificó el adulterio cometido por una mujer casada como una ofensa criminal muy grave, sino que obligaba al marido a denunciarlo públicamente una vez que sabía de la infidelidad.Con esto quiero decir que la aplicación de métodos coercitivos, ya sean morales o legales, al adulterio es una constante a lo largo de la historia. No sabemos muy bien porqué, la verdad.

Hace unos meses, un grupo de investigación germano-canadiense publicaron un artículo en Nature en el que explicaban que las enfermedades de transmisión sexual tuvieron un papel fundamental en el surgimiento de la monogamia.Según su teoría, la agricultura primitiva permitió que por primera vez existieran comunidades de más de 300 personas y además creó el caldo de cultivo perfecto para que enfermedades como la gonorrea o la sífilis se hicieran endémicas. Ante estas circunstancias, las prácticas tradicionales (no monogámicas) perjudicaban a los que tenían muchas relaciones. Es una teoría. Sea como sea, la monogamia triunfó y configuró buena parte del mundo social que hoy conocemos.

La masturbación como hecho revolucionario.

Antymasturbation Machine

Lo que se ha estudiado menos es la fina relación entre la monogamia y la mala imagen de la masturbación. Lo que sabemos sobre la masturbación en el mundo antiguo es escaso y contradictorio. Marcial lo consideraba una forma inferior de placer sexual reservada a los esclavos.Los griegos, pese a la creencia común, tampoco debían de verlo demasiado bien si tenemos en cuenta que Diógenes el Perro, el gran infant terrible de la antigüedad, se masturbaba en público (y adjudicaba la invención de esta a Hermes). Por otro lado, en Egipto encontramos un dios, Atum, que creó el mundo masturbándose y de cuya eyaculación surgió el Nilo.Donde podemos ver esta relación más clara es el siglo 18.

En 1716, Baltasar Bekker, un teólogo holandés, utilizó por primera vez 'onanismo' para referirse a la masturbación. El término (de inspiración bíblica) no es nada preciso porque lo que hacía Onán, en el génesis, no era masturbación sino coitus interruptus.No obstante, no es una casualidad, en la teología cristiana empezaba a aparecer la idea clave de que tan malo era el adulterio como la masturbación porque ambas surgían de una interpretación egoísta de la sexualidad.Aunque no era solo una cuestión religiosa. Los registros sugieren que el rechazo a la masturbación adquiere su forma actual en el contexto de los cambios sociales que produjeron la Ilustración. Holbach, uno de los pensadores de la ilustración más radical, decía que "las naciones decadentes se llenan de soleros".Luego llegó la medicina. A veces olvidamos que la medicina es una disciplina normativa. No estudia la vida en sí misma, sino que resuelve problemas. Atendiendo a una determinada concepción de la vida vida buena cada vez más naturalizada, eso sí. Esto explica tanto la inclusión como la exclusión de la homosexualidad en el catálogo de enfermedades psiquiátricas.

La relación entre medicina y moral nunca son del todo explícitos. Pero veinte o treinta años después del libro del panfleto de Bekker, Robert James escribió una monografía médica en la que explicaba que la masturbación "producía los más deplorables e incurables trastornos". Ya teníamos todas las mimbres. En años sucesivos Tissot, Rush, White o Kellogg reforzaron a lo largo de las siguientes décadas la idea de que la masturbación era la causa de grandes trastornos.En cierta forma, como en una reedición de la tragedia de los comunes, la monogamia impuesta privatiza las claves y mecanismos del placer sexual y se lo da a una sola persona: el objetivo era confinar las experiencias sexuales en el ámbito de la pareja penando el adulterio y rechazando la masturbación.Todo aquello que va contra de esa privatización era corrosivo para la estructura social de los últimos tres siglos. 

Masturbarse se convertía así en un acto revolucionario. Y, aunque los primeros estudios serios sobre la sexualidad son de la primera mitad de siglo XX, hizo falta una revolución sexual y una reivindicación nítida de que lo personal es político para que el estigma masturbatorio desapareciera.

Un acto muy poco “solidario” ¿y porque esta tan mal visto aún en mujeres?

Como muchos consideran que la masturbación es una actividad insolidaria con la especie humana al impedir la procreación, es calificada de egoísta: elude el trato con el otro. Por esa misma razón, algunos consideran que la masturbación femenina no puede ser normal. 
¿Cómo va a practicar una actividad insolidaria, egocéntrica, desprovista de amor, una mujer que es solidaria por definición y tiene entre sus características esenciales la generosidad? ¡Eso es propio de los hombres, tradicionalmente considerados sucios y egoístas, pero nunca de una mujer!
Considerar el auto erotismo propio de personas emocionalmente inmaduras y aisladas contribuye a que las mujeres teman reconocer hacerlo, pues ellas suelen sentirse en las antípodas de esa definición. Las mujeres tienden a sentirse perfectas, maduras (en cualquier caso más que los hombres; es una idea que flota en la calle y puede rastrearse en los foros femeninos de Internet), segura de sus sentimientos y que sólo busca la relación sexual en un contexto maduro y altruista de amor.

No puede extrañar, por tanto, que bajo semejante forma de ver las cosas no pueda concebirse que la masturbación sea cosa de mujeres. Lo conveniente es creer que masturbarse “no puede ser” normal entre ellas. Y esta idea inhibe a muchas a la hora de reconocer tales actividades en sí mismas. 

Es difícil llegar a ser del todo sinceras
Puesto que el coito vaginal es también considerado por muchos como la única relación sexual “verdadera”, la masturbación sería un mero sustituto para gente incapaz de encontrar una pareja a quien querer y de quien recibir amor.

Para gente sin atractivo, en suma. En el caso opuesto, si una se masturba pese a disponer del amante más atractivo y eficaz del planeta, eso significaría que es portadora de insaciables necesidades sexuales. Una ninfómana, en definitiva. ¿Qué mujer se va a atrever admitir masturbarse ante perspectivas tan poco halagüeñas de cara a los demás? (ser un adefesio o una ávida sexual patológica).
Suele creerse que estas ideas ya están superadas, pero muchas mujeres mantienen aún muy arraigado el prototipo femenino convencional; razón por la que se sienten harto incómodas y molestas cuando algo pretende mostrarlas a los demás como seres con deseos sexuales y necesidad de satisfacerlos. Estas mujeres no pueden reconocer como normal la masturbación femenina porque las presenta como seres “deseantes”; muy lejos del aspecto que anhelan mantener de cara a los demás: personas que no tienen pasiones o las dominan siempre, relacionándolas y justificándolas continuamente con el amor.

Masturbarse reflejaría lo contrario y, por tanto, lo consideran una actividad anormal e inexistente entre damas “de orden”; algo pues inconfesable para la inmensa mayoría de ellas que sí se masturban.
Es obvio que en un grupo social donde estas ideas se mantienen aún vivas impidan que las mujeres se muestren sinceras respecto a su masturbación. Pero es que el aprendizaje diferenciado de esta actividad sexual también condiciona que las mujeres tiendan a mentir sobre su actividad auto erótica mientras los hombres tienden a exagerar.

 

Así que yo soy muy sincera y me gusta ser la oveja negra del rebaño, lo reconozco.... y si me masturbo todo lo que me apetece con y sin mi pareja..¡viva el onanismo!

 

 

 

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