La vida de una scort de lujo

Su ingreso en la profesión ocurrió como el de tantas otras jóvenes: aunque había cursado una licenciatura en una universidad, no encontraba ningún trabajo, así que decidió probar suerte en la industria del sexo. Así empezó a trabajar en un burdel clandestino en Andorra, del que fue despedida por tratar de sindicarse con sus compañeras para obtener mejores condiciones. De allí pasó a trabajar en diversos clubs de la ciudad canadiense, donde tuvo sus primeros contactos con la 'jet set', y acabó trabajando para la agencia más exclusiva de la urbe: Cupid´s Escorts.

“Tenía mi propio chófer que me recogía y me llevaba a cualquier parte de la ciudad y veía a mis clientes en los hoteles y las viviendas más elegantes”, explica Samantha ( nombre profesional). “Pero a pesar de las excelentes condiciones de trabajo, tras pasar algún tiempo en la agencia entendí que podía sacar más beneficios financieros si me lo montaba por mi cuenta”.

Ava Hudson en una de las fotos de su catálogo web. (yourprivatebondgirl.com/)

A tope de amor y lujo

Samantha asegura concebir las sesiones de forma algo distinta a como imaginamos los encuentros con una prostituta (de hecho, evita usar esta palabra durante toda la entrevista): “Normalmente disfruto de una buena comida y conversación con los clientes al comenzar la sesión. Literatura, arte, filosofía… Casi cualquier cosa menos política. El cerebro es el mayor órgano sexual, si puedes estimular mi mente, entonces cautivas mi cuerpo”.

Que te paguen por hacer el amor ciertamente cambia algunas cosas. Empecé a valorar mucho más el sexo que tengo en mi vida personal

Durante sus años en el negocio, Samantha ha disfrutado de todo tipo de experiencias: ha volado en jet privado, ha pasado fines de semanas con parejas y, claro está, ha participado en orgías multitudinarias al más puro estilo 'Eyes Wide Shut!' “Las cosas realmente escandalosas suceden cuando los profesionales del sexo se reúnen con otros profesionales del sexo”, asegura la 'escort'. “¿Observar a ocho mujeres magníficas salir mojadas de una bañera de hidromasaje para volver a llenar sus copas de champán? Sí, por favor”.

La 'escort' en una de sus fotos promocionales. (yourprivatebondgirl.com/)

La excepción que confirma la regla

En opinión de Samantha, todas las mujeres participan en el trabajo sexual de una u otra forma, de forma consciente o inconsciente.

“Tal como está configurado el mundo las mujeres tienen que vivir principalmente de los activos materiales de los hombres y satisfacerse con ellos”, asegura la 'escort'. Es un modelo basado en la escasez. Se basa en la falsedad de que las ganancias materiales son suficientes para sostener a los seres humanos y niega el trabajo emocional no remunerado inherente a esos intercambios.

El trabajo sexual aporta transparencia y permite un intercambio diferente de intimidad”

Aunque Samantha es muy optimista con su profesión, no todo es maravilloso. La 'escort' reconoce que este tipo de trabajo cambia la forma en que se viven las relaciones personales: “Que te paguen por hacer el amor ciertamente cambia algunas cosas. Lo más importante es que empecé a valorar mucho más el sexo que tengo en mi vida personal. Me he hecho más selectiva y refinada en la elección de mis amantes. ¿Qué pueden ofrecerme que no sea dinero o sexo? ¿Me siento segura siendo juguetona? Me comprometo menos ahora que cuando no trabajaba en esto. Me ha llevado a profundizar más en mis relaciones personales comprometidas y a una mayor ligereza en mis rollos casuales”.

En determinados círculos quizás la prostitución sea un intercambio entre iguales, pero la historia de Samantha es la excepción que confirma la regla, y si idealizamos su trabajo corremos el riesgo de olvidar a las 4,5 millones de personas que según la Organización Internacional del Trabajo son víctimas de la explotación sexual forzosa en todo el mundo.

Lo que la 'escort' de lujo no apunta en ningún momento es que en la gran mayoría de los casos el trabajo sexual no aporta transparencia, ni mucho menos intimidad, sino más bien esclavitud.

Es difícil calcular el número y situación de las trabajadoras del sexo, pero la mayoría de estudios coinciden en señalar que, al menos en España, el 80% de quienes ejercen la prostitución lo hacen contra su voluntad y parece claro que, si no todas son víctimas de redes de trata, la inmensa mayoría de las mujeres que entran en el mundo de la prostitución proceden de entornos de pobreza estructural.

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