Las medias de mi vecina

Hola me llamo Oscar y soy fetichista de las medias negras, así sin más, y me encanta reconocerlo.

En el edificio donde vivo, suelo subir a la terraza y ver las medias colgadas de mis vecinas pero hay una en concreto que me ponen a cien y son las de mi vecina Maribel, pues se compra una medias de seda negras que son la perdición de cualquier fetichista este tipo de cosas.

Yo siempre estaba alerta de cuando mi vecina subía y tendía en la terraza del ático y yo subía más tarde para ver mi trofeo.

Una tarde soleada al rato de que Maribel acabara de tender subí como siempre pero esta vez fui más lejos las cogí para oler su perfume a limpio, a recién lavadas con ese tacto tan suave.

La cuestión es que el solo hecho de acercármelas a mi nariz me puso muy empalmada e inflamada la polla.

Metí dentro de la media mi miembro y empece a masturbarme con la fricción de la seda y cuando quise darme cuenta me corrí dentro de la media, así que no tuve más remedio que cogerla a hurtadillas y llevármela a mi casa para limpiarla.

Horas más tarde ya de noche, aprovechando no pudieran verme y cuando ya la tenia limpia de nuevo, me disponía a subir a la terraza.Pero, cuando me dirigía hacia la puerta sonó el timbre y al mirar por la mirilla resulto ser que era mi vecina Maribel en cuestión. Me sonroje tras la puerta y la dudas asaltaron mi mente mientras decidía si abrirle o no hacer ruido para que pensara no estaba en casa.

Le eche valor y abrí muy dignamente como si no ocurriera nada extraño, sabiendo actuaba mal en algún lugar de mí pervertida mente.

Ella quería hablar conmigo, me dijo que le faltaba una media y que sabia que la tenia yo pues desde hace tiempo se había dado cuenta de que cada vez que ella tendía yo subía enseguida a la terraza.

Al verme descubierto no me quedo más remedio que confesar y le dije que si, que era verdad, y que me disculpara, pero, que era fetichista de las medias negras y que me gustaban sus piernas y sus medias negras, con cara de circunstancias.

-Bueno, pues ya que estoy en tu casa, invitame a una cerveza por favor.

Me dijo como si nada de lo que le había confesado le hubiera molestado o llamado la atención.

Fuimos a la cocina y le ofrecí una cerveza.

Cuando ya llevábamos unos cuantas latas en medio de una charla de lo más amena y normal entre vecinos, el efecto del alcohol  comenzó a hacer efecto entre los dos, y comenzamos a decir tonterías por nuestras bocas.

Ella se había quitado un zapato y empezó a subir su pierna envuelta en una media negra bajo mí pantalón y me dijo:

-¿que tal vecino? que te parecen mis medias? -con sonrisa maliciosa.

-Ya veo que te encantan mis medias.

Continuaba diciendo mientras al mismo tiempo ella me rozaban su pie sobre la bragueta de mí pantalón.

Yo por debajo de la mesa acariciaba sus piernas y en un momento determinado me baje la bragueta y metí su pie sobre mi pene inflamado, ella empezó a frotar vigorosamente jugueteando.

Le sugerí que fuésemos a mí habitación que estaríamos más cómodos y allí me tumbe en la cama, me quite el pantalón y ella sin dilación me puso un preservativo que tenia sobre la mesita de noche siempre por si acudía alguna de mis amigas.

Me pidió que no le manchase sus medias pues estas eran muy caras, pero que le excitaba tanto como a mí,el solo echo de llevarlas puestas para mí deleíte.

Sus pies seguían frotando mi pene que estaba creciendo cada vez más.

Le arranque de cuajo sus braguitas, ya que para mi no eran una parte de mi fetichismo e incluso me molestaban a la vista. Frote su ya húmeda vagina del continuo roce con su pie sobre mi polla.

Estaba muy excitado y tenia mi miembro como un mástil, me tumbe en la cama y ella se puso encima como una gran amazona, cogió mi pene y se lo introdujo en su rajita que ya pedía que le diera caña.

Me cabalgaba como una loca entre gemidos y miradas furtivas mientras con una media que se había sacado de una de sus piernas, rozaba delicadamente mis testículos para que notara el tacto de la seda.

Empece a gemir y ella me decía:

- No pares, no pares, ahora comprendo porque te gustan tanto mis medias golfo!!!

No paraba de gemir cada vez más fuerte y a gritar de puro placer.

Yo, la verdad, es que estaba súper excitado pues el continuo mete saca en contacto con la media rozándome y su pie metiéndose en mi boca para que se lo chupara.

Llego un momento que llegamos los dos a un monumental orgasmo.

Jamás olvidare las medias de mi vecina Maribel y su maravilloso sexo improvisado.



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