Las vacaciones de Rocio

 

Me llamo Rocío, tengo 28 años, soy administrativa en Madrid y vivo sola.Siempre he sido muy independiente, me gusta tener mi espacio, tal vez por eso nunca un chico me ha durado más de unos pocos meses.

Ahora mismo me encontraba sola… no solo aquí en Valencia, sino en mi vida… no tenia ningún compromiso con nadie, así que me encontraba dispuesta a vivir todas las aventuras que pudiera, y en estas vacaciones he conseguido varias noches que no estuvieron mal… pero lo mejor me pasó después.

 Me encontraba en una terraza junto a la playa, la brisa era suave, y el sol por estas latitudes no castigaba en exceso. Había cogido cinco días que tenía pendientes y aproveché el fin de semana para coger una semana completa, de viernes a domingo de la siguiente semana. Eran unas vacaciones para dedicarme a mí… mi tiempo, mis aficiones, mis pensamientos, mi disfrute.
Durante el primer fin de semana tuve algún que otro encuentro con algún chico, que ya no recuerdo sus nombres. A uno lo “cacé” en una discoteca el sábado y al otro en un centro comercial el lunes.
Fueron lo que fueron, y no pareció importarles. No me los volví a cruzar…

Ya era viernes, y había visitado todo lo que por aquí se puede y debe visitar y estaba saboreando el comienzo de mis últimos tres días libres. Era aficionada a la lecturas, pero solo de historias reales… la ciencia ficción no iba conmigo, ni ningún tipo de escrito que no sea razonablemente real, como situaciones imposibles, asesinatos súper elaborados para conseguir un robo en un imposible museo, o las novelas eróticas cuyas situaciones eran demasiado forzadas… Así que me encontraba leyendo un libro en mi terraza a la luz del sol, sobre las siete y media de la tarde, bajo una suave lona que mitigaba las caricias del dorado astro.
Tenía en mi mesa una copa de vino blanco, y entre mis manos una novela que ha tenido muy buenas criticas, y tenían razón.

A mi alrededor no había demasiada gente, un par de amigos en la mesa de al lado disfrutando de sendos cócteles muy elaborados, una pareja de personas mayores que estaban bebiendo el una cerveza y ella un vino tinto con refresco de limón y charlando tranquilamente.
Algo más allá, cerca de la barra había un grupo de tres chicos que por sus edades (entre 22 y 27 años) y las miraditas que me echaban sabía que querían guerra.
Me hizo bastante gracia, y pensé: “bueno, puede que alguno caiga esta noche y así me despido correctamente de mis vacaciones”.
Por lo que para motivar algo más a los muchachos empecé a jugar con mi falda moviendo las piernas para que se fuera apartando poco a poco y dejara a la luz del sol mis muslos. No podré olvidar las caras que pusieron cuando se dieron cuenta que les estaba observando mirar mis piernas y sonriendo lascivamente… entre movimiento y movimiento de mis piernas yo seguía inmersa en mi lectura y de vez en cuando los miraba para ver que estaban tramando.
No me gusta dejar las cosas a su suerte. Parecía que se estaban empezando a animar pues parecía que a uno de ellos, el que a mi me parecía mas mayor, le incitaban entre todos para que se acercara y se presentara. Me hacia gracia con la facilidad que una chica puede hacer lo que le plazca con unos chicos solo mostrando algo de carne… la sonrisa que se me dibujó en la cara merecía otro trago de mi copa de… vaya. Estaba vacía.
Sin pensármelo dos veces me levanté con mi copa en una mano y mi libro en la otra en dirección a la barra a pedir otra copa. Y en mi camino estaba la mesa de los muchachos que me tenían más que vigilada. Supongo que donde estaba el sol a esas hora mi falda se transparentaría totalmente… era una falda larga de lino, muy fina, suelta y de color blanco.
Arriba tenia puesta una camiseta blanca de tirantes y nada más, ya que me había subido al hotel donde me hospedaba después de darme un baño en la playa y lo único que hice fue darme una ducha y ponerme lo más cómodo que tuviera a mano.
Supongo que se dieron cuenta que no llevaba sujetador por como miraban mis pechos. Ahora ellos sabían que yo quería guerra… Y así, con la cabeza alta, pero mirándolos de reojo, pasé junto a ellos. Se que me dijeron algo, pero no llegué a entenderlo.
Llegué a la barra y el camarero, atento a toda la jugada desde el principio, raudo vino a preguntarme que deseaba… no se si lo preguntó con doble intención, pero contesté:
- “Otra copa del mismo vino, por favor”, sin ser tajante, pero sin ningún tipo de familiaridad.
Se le borró la bonita sonrisa que tenía en la cara con signos de desmotivación que casi me dieron pena…
- “su copa”, me dijo, a lo que contesté, ahora con una sonrisa lo más amable que pude en mis labios por que no se sintiera mal:
- “gracias guapo”. Solo con este gesto le devolví la felicidad, o tal vez fantasía que le acababa de robar unos segundos antes.

Después de pagar mis consumiciones, cogí mi copa, mi libro y me dispuse a volver a mi mesa a seguir el jueguecito de miradas insinuantes, pero al darme la vuelta los chicos se habían levantado de la mesa y estaban ya camino del paseo marítimo que desde donde estaba quedaba a mi espalda… tengo que reconocer que un poco de desilusión me embargó.
- “Bueno”, (pensé), de todas formas este jueguecito ya ha durado bastante y tampoco eran nada del otro mundo”.
Pero, aun así, mientras me acercaba a mi mesa volví la cabeza para verlos de nuevo, a ver si estaban pendientes de mis caderas. ¡En que momento se me ocurrió hacer eso!... al volverme tropecé con la pata de una de las sillas de la terraza y casi fui de bruces al suelo.
En mi desesperado intento por no caer me agarré a las mesas que estaban a mi lado y pude controlar el tropezón que me desestabilizó. Faltó poco para caer, pero,
-¿A dónde habían ido a parar mi libro y mi copa?.
El libro reposaba abierto y boca abajo, con algunas paginas dobladas baso la silla que me había hecho tropezar, pero la copa… para mi vergüenza… estaba tumbada sobre la mesa de los dos amigos que estaban a mi lado tomando unos cócteles, y todo su contenido estaba en la camisa celeste de uno de los muchachos que allí estaba sentado.
El hombre, sin preocuparse por su camisa y parte de sus pantalones piratas que también estaban manchados, se dirigió rapidisimamente a socorrerme.
- “¿Estas bien?,¿te has hecho daño?”.
- “no” (contesté)…
- “no deberías andar mirando hacia atrás, más que nada porque pueden pasarte estas cosas”, contestó con una amable sonrisa en la cara.
- “lo sé… no sabes cuanto siento lo ocurrido.
- Te he puesto perdido”.
El otro chaval se había incorporado también. “no te preocupes por eso… las manchas se secan y después se lavan ¿no?” contestó el desafortunado receptor de mi bebida sin perder la amabilidad en su rostro. 


Verdaderamente me sentía muy mal por él, pues le había puesto perdido, sin comerlo ni beberlo, y sin embargo no desaparecía la sonrisa de su cara, una cara muy bonita, por cierto.
El amigo bromeó:
-“No te preocupes mujer, así se refresca un poco, que con este calor esas cosas hasta se agradecen”
Yo agaché la cabeza para sonreír tímidamente esperando algún tipo de represalia cuando me di cuenta que el muchacho empapado estaba riéndose con su colega…
- “Siento mucho lo que ha pasado… no se que decir.”, verdaderamente me había quedado sin palabras.
- Mirad, yo me hospedo en este hotel, si quieres puedes subir y te lavo un poco la camisa, que con la secadora y la plancha estará seca en un momento.
- “ ¡Que no mujer!... que no pasa nada, de verdad.”
- “ insisto, no voy a permitir que por mi culpa vayas de esta guisa por ahí “
- “ anda, anda. Que no es para tanto.” Dijo el otro.
- “ por favor, dejadme reparar lo que he estropeado, ¿no?”
- “ de verdad bonita, no tienes porqué.”
- ante tanta negativa y dispuesta a subsanar el error cometido me puse en jarras y les dije a ambos:
- mirad, o subís ahora mismo a mi habitación y me permites que limpie eso o me veré obligada a...
No dejándome terminar los dos se incorporaron de sus asientos con una sonrisa burlona en la cara diciendo:
-“¡ ahora mismo mi general!” (y soltaron unas risas cómplices que me tranquilizaron, pues había conseguido que accedieran a que le limpiara la camisa).
-“ No estamos dispuestos que te enfades con nosotros por una minucia así”.
-“ para mi no es una minucia, y he sido yo la causante ¿no?, de manera que me sentiría mucho mejor si me dejáis hacer esto por vosotros”
- (dije ya en un tono más bromista).
- “ venga, si así te sientes mejor vamos arriba”
- (dijeron ambos casi completándose la frase mutuamente).
De camino al hotel se presentaron.
Al que yo había puesto perdido de vino se llamaba Marco, y su amigo Ernesto.
Los dos estaban allí también de vacaciones y curiosamente también las terminaban dentro de dos días.
Eran de Sevilla.
Marco de dedicaba a la venta de teléfonos móviles, y Ernesto trabajaba en un bar de copas por las noches.
Ambos eran muy simpáticos conmigo, riéndose y haciendo chistes para conseguir una sonrisa por mi parte.
Bromeando con la situación y haciéndome ver que no tenía la mayor importancia lo que había sucedido.
De camino al hotel me empecé a fijar en que los dos tenían unos cuerpos muy bien proporcionados. Eran más altos que yo, aunque eso no era muy difícil, ya que yo más bien soy bajita… 1,68 cm.
Yo con el pelo corto, aún la diferencia parecía mayor entre nosotros. Tenían los dos 34 años, los dos llevaban el pelo corto y ambos eran morenos con los ojos oscuros.
Fueron muy educados en todo momento y la verdad es que era agradable estar con ellos.

Al llegar al hotel se quedaron un poco rezagados tras de mi cuando me dirigí a pedir la llave de mi habitación. No pude evitar ver que el recepcionista sonrió tímidamente mirándome y mirando a mis dos nuevos amigos.
En ese preciso instante me di cuenta de lo que estaba pensando… y en ningún momento se me había pasado por la cabeza.
- Mmm… la verdad es que los dos eran muy guapos, y tenían buenos cuerpos, y los iba a tener a los dos en mi habitación… ¿y si…?.
La lívido que empezaba a invadir todo mi cuerpo cayó de sopetón a los pies cuando me di la vuelta y… mi gozo en un pozo… se estaban dando un beso en los labios.
Claro, así me encontraba tan cómoda entre ellos, eran gays.
- ¡Ala!, nada que hacer.
Bueno, al menos nos reiremos un rato…

De manera que sin más, cogí las llaves de mi habitación y me dirigí hacia ellos, que ya habían dejado de besarse.
- “ ¿Vamos al ascensor?”
Los dos acataron mi pregunta como si fuese una orden.
Continuamos charlando jocosamente de cosas triviales durante el viaje de subida a la tercera planta, y sin embargo no podía dejar de analizarlos después de ver lo que vi.
La verdad es que ninguno de los dos daba muestras de ser amanerado en sus formas, ni sus bromas estaban siempre enfocadas a ese tema… tal vez tenga ideas preconcebidas que no debería tener… y dejé de pensar en el tema pensando solamente que había encontrado a dos buenos amigos.


Por fin llegamos a la puerta 369, saqué la llave, una de estas tarjetas que parecen de crédito, la pasé por la ranura y el picaporte que antes se movía sin obstáculo encontró su tope, permitiendo que el mecanismo de la cerradura se abriera. Pasé la primera y encendí una luz que verdaderamente no hacía falta, pues aun eran las ocho y cuarto y entraba luz suficiente por las ventanas y terrazas.
-“ Pasad y sentiros como en vuestra casa” les dije con la mas sincera de mis sonrisas.
De verdad quería que se sintieran cómodos, me habían caído muy bien desde el principio y aquello podría ser el comienzo de una bonita amistad.
Ellos entraron alabando lo grandioso de mi hospedaje… tenia un pequeño salón con una televisión de 32 pulgadas colgada en la pared y un cómodo sofá de tres plazas, justo al lado había otro sofá individual con una luz de pie junto al brazo derecho. En los muebles de los hoteles no suele haber nunca nada, salvo el bar que esta lleno de mini botellas y refrescos en la nevera.
También había dentro de la nevera dos botellas de champán que no había tocado aun, pese a que estas dos últimas eran gentileza de la casa.
Tenía un amplio cuarto de baño con una bañera tipo jacuzzi que no había probado, solo la placa ducha que se encontraba junto a la mini piscina.
También tenía una terraza que daba al mar, lo suficientemente grande como para que entraran tres butaquitas y una mesita baja a juego donde disfrutar del frescor de la noche. Y por último el dormitorio, con una cama de dos por dos y una gran cantidad de almohadas que hacían las veces de adornos, pero que colocadas estratégicamente permitían un descanso confortable… aun así el colchón ya lo quisiera yo para mi casa.  
- “ Joder, vaya cuartito te permites”
- “ hijo, siempre me ha gustado que todo sea de mi agrado, y si me puedo permitir estas comodidades es porque no tengo otras cosas en que gastarme el dinero…” respondí.
- “ ¿y esta habitación tan grande para ti sola?”, preguntó Ernesto.
- “ si, he venido a disfrutar ¿no?, pues eso es lo que estoy haciendo.”
- “ pues muy bien que haces” dijo Marco.
- “ por cierto, ¿os apetece tomar algo?” les pregunté.
- “ yo tomaría un baño en ese jacuzzi… jajajajaja, (bromeó Ernesto), pero de beber no… creo que no, gracias”
- “ yo te acompañaría… al jacuzzi (le siguió la broma Marco), y de beber un poco de agua, por favor.
- ” Terminó dirigiéndose a mí. Era la primera broma que dejaba a entender que eran pareja y supongo que esperarían mi reacción… intenté actuar con total normalidad a ese comentario.
- “ ahora mismo” dije mientras iba al mueble donde había algunos vasos, que estaban un poco altos, y me estiré todo lo que pude para alcanzarlos.
Estaban en una estantería justo encima de la tele, y en ese preciso momento que me encontraba toda estirada, alargando el brazo izquierdo y apoyada en el pie derecho la televisión se encendió.
- “ Mira Marco, es como ver una radiografía en directo” dijo Ernesto.
Durante una fracción de segundo no sabia a que se referían, pero de inmediato me di cuenta que el brillo de la tele dejaba mis caderas prácticamente al desnudo.
No hice el menor gesto de apartarme hasta haber alcanzado el vaso, creo que al revés… me sentí un poco exhibicionista ante esos ojos que escrutaban mis nalgas y mis piernas.
Me hizo gracia.

Logré alcanzar el vaso y fui a por agua para Marco. Se la acerqué y me dio las gracias… Marco y Ernesto ya estaban acomodados en el sillón grande, uno junto al otro.
Al acercarme vi de lleno la mancha en la camisa de Marco y recordé porqué estábamos aquí.
- “ Marco, quítate la camisa y dámela que la deje en remojo un momento.” Le dije suavemente. -“claro”, respondió.
Empezó a quitarse la camisa celeste botón a botón, no despacio, pero si disfrutando de mi cara, pues cada vez que se iba descubriendo más su torso mis ojos se abrían cada vez más para observar la perfección absoluta.
Creo que se me escapó un suspiro pues Ernesto empezó a reír a pleno pulmón y dijo:
- “¿ a que está para comérselo?”.
No supe que decir en ese momento… lo único que rondaba mi cabeza era aquel torso desnudo frente a mí y yo que no le podía hacer nada.
Se puso de pie para sacarse las mangas más cómodamente y su pecho quedó prácticamente a la altura de mi cara.
Tomé aliento y mantuve la respiración mientras se quitaba del todo la camisa, saboreando el perfume que llevaba en su cuerpo.
Su musculado cuerpo quedaba a la altura de mis labios, solo con acercarme un palmo lo hubiera besado, lamido, saboreado tanto como para quedar saciada de aquel olor para siempre.
No tenía ni un solo pelo en su contorneado tórax, voluminoso y definido como si lo hubiera dibujado la mismísima diosa Venus para su disfrute personal.
En aquel momento un calor recorrió mi cuerpo que parecía que iba a prender en llamas las ropas que tenia puesta. Sentía como mi corazón latía a una velocidad de vértigo, casi queriendo salirse de mi pecho, y como empecé a notar húmeda mi entrepierna… estaba disfrutando de aquel momento cuando mi razón me jugó una mala pasada.
Me hizo mirar a Ernesto. Y éste, prácticamente con la misma mirada que yo observaba la escena.
Yo me ruboricé un poco, tomé la camisa e intentando disimular mi excitación fui al cuarto de baño a poner en remojo la camisa de aquella escultura viviente.

No podía creerlo… que cuerpo.
Amable, simpático, agradable… y que cuerpo.
Me sorprendí oliendo su camisa antes de meterla en remojo.
- “ tranquilízate Rocío, son pareja, aquí no hay nada que hacer.”
Aquello que me dije a mi misma me convenció un poco. Salí del cuarto de baño y allí estaban ellos, uno con el torso desnudo recostado sobre uno de los brazos del sofá y el otro hacia el otro brazo.
Los miré pensando para mi, “que desperdicio”, y justo cuando mi mente estaba empezando a fantasear nuevamente con Marco, Ernesto dijo:
- “ me das envidia, (dirigiéndose a Marco).
- ¿ puedo ponerme cómodo yo también?” de dijo a mi, con una sonrisa que me dejó sin palabras.
- “ claro” contesté titubeando por lo que me podía encontrar bajo aquella camisa.
- “ Muy agradecido”, respondió amable.  
Y mientras disfrutaba de la visión de Ernesto despojándose de su camisa... que dicho sea de paso también poseía un torso exquisito, Marco se dirigió a mí diciendo:
- “ Rocío, como habrás podido ver somos pareja, espero que eso no te importe”
- “ para nada chiquillo”, respondí tímida. “¿porqué habría de importarme?”  
- “ Ernesto y yo somos pareja desde hace algo menos de un año... nos conocimos en el gimnasio al que íbamos.
Estas son nuestras segundas vacaciones juntos, y creo (dijo mirando a Ernesto) que no serán las últimas...
Creo que cada uno ha encontrado a su media naranja en el otro” 
- “ Si. (Respondió Ernesto).
Verdaderamente Creo que las noches de “caza” han terminado... Juntos tenemos todo lo que podíamos pedir.
- “¡ Que bonito!, me alegro por vosotros” (dije sintiéndome algo más tranquila con el torso descubierto de mis invitados, incluido el pantalón de talle bajo de Ernesto, que dejaba ver unos abdominales inferiores dignos de ser estampados en una estatua de mármol).

Al escuchar estas palabras creo que la mujer natural que vive dentro de mi volvió a salir tranquila... y me atreví a proponer:
- “ Bueno, pues entonces yo también me voy a poner cómoda, si me lo permitís” 
- “ Estás en tu casa” dijo Marco graciosamente, que ya estaba recostado sobre el sofá de nuevo.
Así que me metí en el dormitorio a buscar algo más cómodo que ponerme sin darme cuenta que lo que llevaba puesto era de lo más cómodo que tenía... Lo único que podía ponerme más cómodo que lo que llevaba puesto era... nada.
Creo que me invadió la sensación de reto que tenemos todas las mujeres por hacer que un chico homosexual se fije y se excite pirando el cuerpo de una mujer semidesnuda.
De manera que mientras estaba en el dormitorio pensando en la manera de salir del cuarto con la menos ropa posible sobre mi cuerpo, creí oportuno llamar al servicio de habitaciones para que me subiera cena para tres con varias bebidas.
Una vez ordenada la cena, pues eran ya sobre las nueve de la noche, aunque aun había bastante claridad, decidí tomar una ducha,para dar tiempo a sus mentes a imaginar como saldría más “cómoda”. Me desnudé por completo, y sabiendo que me encontraba en su campo de visión, tranquilamente mientras andaba hacia el cuarto de baño hice una pausa para decir:
- “ voy a refrescarme un poco, si llaman a la puerta seguramente sea el servicio de habitaciones que traen algo para picar a modo de cena, ¿ok?”.
Y esperé a ver si obtenía respuesta a la pregunta... y lo que es más importante, a la situación en la que los había metido. Me fui al baño cuando llegaron a balbucear un “vale” bastante tembloroso, y con la gran satisfacción de que pude alcanzar a ver en sus rostros una sorpresa que no habían contado con tener.
Cerré la puerta sin echar el pestillo, y mientras abría el agua caliente toqué mi sexo para sentir algo que me sorprendió a mi misma... estaba totalmente lubricada.
Tenía un grado de excitación que tenía que bajar de alguna manera.
- ¡ Como me gustaría pillar a uno de estos para mi sola !
Mientras me duchaba escuché la puerta, con lo que deduje que al salir estaría la comida que había pedido preparada para ser degustada por mis invitados y por mi.
Terminé de ducharme y me sequé frente al espejo viendo mi cuerpo desnudo.
Disfruté imaginando cono debería ser estar con un hombre con ese cuerpo, y volvió la excitación que sentí cuando Marco se plantó delante de mí para quitarse la camisa... uf!, de nuevo estaba húmeda... no sabía como parar esto.
Me observé en mi total desnudez, con el pelo peinado hacia atrás, mis pechos con los pezones totalmente erectos, la piel del vientre erizada por la excitación, mi pubis totalmente rasurado y mi vagina rezumando lubricante como si pidiera a voz en grito que entrase algo por allí... algo que fuera había y que so sabía si podría conseguir.
Me armé de valor, cerré los ojos, suspiré conteniendo el aliento e intentando relajarme... solté todo el aire y con la más despreocupada de mis expresiones abrí el picaporte.

“ Ya ha llegado la cena ¿ no ? ”, dije sentándome en el sofá individual, frente a ellos, totalmente desnuda.
Quería provocarlos y busqué sus miradas.
Por supuesto que estaban mirándome de arriba abajo con cara de póquer, pero actuaron con total normalidad.
- “( si, ya está aquí, ¿ quieres cerveza o coca-cola ?).
Mi respuesta fue: “coca-cola, por favor”, no quería que nada de alcohol nublara mi mente en esos momentos, pero... no hicieron insinuación alguna a mi desnudez...
-(¿Verdaderamente no tenía nada que hacer?)

La cena transcurrió con normalidad, salvando el hecho de que me encontraba totalmente desnuda, y mis invitados sin camisa.
Charlamos de temas triviales, nos reímos, disfrutamos de la comida, y yo en particular de sus torsos... mi cuerpo junto al de ellos quedaba un poco por debajo del nivel que tenían, pero mis piernas contorneadas, y mi cintura trabajada a base de salir a correr todos los días y hacer abdominales no estaba mal... podía decir que yo también estaba “buena”, y yo lo sabía, y eso precisamente me daba confianza para encontrarme desnuda ante estos dos chicos sin ruborizarme, aunque ya me estaba haciendo a la idea de que aquello no iba a servir para nada.

Me levanté, cuando terminamos de comer y recogí los enseres de la cena, los puse todos en el carro donde los habían traído y los saqué fuera de la habitación, y de seguido fui a ver la camisa que había dejado en remojo una hora y media antes.
Froté un poco la mancha que ya había desaparecido y escurrí un poco la camisa... me la acerqué a la cara a ver su el perfume que me invadió antes se mantenía en la tela... pero no.
Para disfrutar de aquel olor debería acercarme otra vez al tórax de mis fantasías.
Salí con la camisa para tenderla sobre una de las butaquitas de la terraza para que se oreara un poco y me encontré a Ernesto diciéndole algo a Marco al oído... éste asintió mirándome de reojo... y en ese momento me puse nerviosa.
Lo disimulé lo mejor que pude pasando frente a ellos hacia la terraza, extendí su camisa sobre el asiento y me volví para entrar en el salón... y algo habían decidido, pues Marco se había puesto de pie y venía hacia mí.
No se si era por los 40 grados que más o menos hacía, por sus pechos desnudos, por los míos, o por las feromonas que en ese momento flotaban en el ambiente, pero volví a sentir como se humedecía mi vulva llamándome a gritos...
- “ Rocío, te has portado muy bien con nosotros, y nos lo hemos pasado muy bien contigo.
Nos caes muy bien y en agradecimiento por la cena, que no estaba previsto en la limpieza de la camisa... te queremos dar algo.”
- “ no tenéis porqué, de verdad...
-  yo también me lo he pasado muy bien con vosotros y ha sido un placer conoceros.  
Mientras yo decía esto, Marco me estaba agarrando del brazo y guiándome hacía la mesa que Ernesto había despejado y retirado las sillas.
- “ no es nada material, pero lo agradecerás... ya verás” dijo mi acompañante llevándome al borde de la mesa y pidiéndome que me subiera con un gesto de su gran mano.
- “ ¿qué es lo que...?”
- dije cuando Ernesto me interrumpió con una toalla que reliaba entre sus manos que había cogido del cuarto de baño, diciéndome:
 - “ túmbate boca abajo, que te queremos dar un masaje a cuatro manos en todo tu esplendido cuerpo.
- ¿ Alguna vez te han dado uno así?”
- “ no, y la verdad es que debe ser un placer” dije mirando el cuerpo de Ernesto.
- “ pues no se hable más.
- Túmbate y déjanos hacer...
- ¿ Tienes aceite corporal?” Dijo Ernesto  
- “ si, en ese mueble, en el cajón de arriba”
- respondí con más nervios de los que había tenido en toda la cena.
Sus respectivas manos iban a sobar todo mi cuerpo.  
Tenían unas manos cuidadas y grandes. Si, la verdad es que iba a disfrutarlo, el masaje, en todos los sentidos...

Me tumbé como me indicaron, y acomodé la toalla liada bajo mi cara apoyada de lado sobre la mesa.
Ernesto ya empezaba a poner una buena cantidad de aceite sobre la parte baja de mi espalda y Marco esperada al otro lado de la mesa.
Tenía a uno a la izquierda y al otro a la derecha. Marco fue el primero en empezar a repartir el aceite por mi cuerpo, y Ernesto inmediatamente después de dejar el bote de aceite en una silla también ayudó a repartirlo uniformemente.
Al principio lo hicieron mecánicamente... supongo que para que el aceite llegara a todos los rincones de la parte trasera de mi cuerpo. Cuello, hombros, brazos, espalda, nalgas, piernas y pies... toda entera embadurnada de aceite.
Observé que sobaron mi culo con las mismas ganas que las demás partes de mi cuerpo... que no se cortaron a la hora de tocármelo. Yo tenía los ojos cerrados intentando concentrarme en sentir sus manos sobre mí.
- ¡ Dios, que calor tenía por dentro!
Al principio dividieron mi cuerpo en dos longitudinalmente.
Y por fin empezaron a apretarme. Mmmmm, que gustazo... la verdad es que no lo había notado, pero me encontraba con los músculos tensos.
Y en ese momento empecé a relajarme. Empezaron por el cuello, bajaron por los hombros y los brazos... masajearon las palmas de mis manos, siguieron por la parte superior de mi espalda y fueron bajando poco a poco. Sus manos funcionaban en un perfecto compás enfocado a mi disfrute.
Y llegaron a mis nalgas.
Cada uno cogió con sus manos un cachete de mi culo y lo apretaron, masajearon y amasaron como si fuese la masa de pan antes de hornear.
Entre los movimientos que me hacían mis nalgas se separaban y juntaban al antojo de mis masajistas, dejando al aire el orificio de mi ano y parte de mi chocho, que a esas alturas estaba más que húmedo.
Y por sus movimientos sabia que se estaban regodeando en esa parte de mi cuerpo.
Cuando empezaron a bajar por las piernas los dedos de ambos subían de nuevo a mi vulva, rozándola suavemente... supongo que para ver el grado de excitación que me invadía en ese momento... que era mucho.
Apretaron mis muslos, y siguieron bajando... los gemelos, y siguieron bajando.
Y cada uno cogió un pie y apretaron mis plantas con mucha delicadeza, pero contundentemente.
Cuando terminaron con cada uno de los dedos de los pies noté un cambio... sus manos, que antes trabajaban a la vez, empezaron a alejarse las unas de las otras.
Ernesto se quedó en la parte baja de mi cuerpo y Marco volvió de nuevo a mi espalda.
Marco se colocó frente a mi cabeza para tenerme longitudinalmente a su alcance, y Ernesto hizo lo mismo pero desde los pies.
Ahora sus movimiento eran complementarios... cuando uno bajaba por mi espalda el otro lo subía por mis piernas, y viceversa.
Noté como al juntarse en la parte media de mi cuerpo Marco, que terminaba donde mis nalgas se convierten en piernas, abría el camino para que Ernesto rozara mis labios mayores justo antes de bajar hasta mis pies.
Pero ahora lo hacía con mayor presión... parecía que me querían excitar más de lo que estaba.
Y lo estaban consiguiendo. Marco, cada vez que bajaba hasta mi culo rozaba sus atributos masculinos en mi cabeza, y creí notar que aquello estaba aumentando de tamaño... ¿había conseguido excitarlos yo a ellos?
La respuesta no se hizo esperar.

Marco me pidió que me diera la vuelta, y me pusiera boca arriba.
En aquel momento, con unas ganas que no podía aguantar más, mi sexo totalmente mojado, mis pezones erectos y deseosa de entregarme a los placeres de la carne me di la vuelta decidida a todo... a hacer y dejarme hacer, a lo que sea, pero ¡ya!.
Me tumbé boca arriba, separé un poco las piernas para que Ernesto desde donde se encontraba tuviera una buena visión de mi sexo totalmente lubricado y sin un pelo.
Mantuve los ojos cerrados hasta que la voz de Marco me hizo abrirlos... mi vista fué a posarse en el gran bulto de su entrepierna... tenia una erección, y yo no podía dejar de mirarla.
Ernesto entre tanto masajeaba mis muslos por la parte anterior de mi cuerpo, que ahora lucía frente a ellos.
Y subía poco a poco... y sin poder apartar la vista de esa maravillosa erección, Marco me dijo:
- “ ¿ sabes algo, Rocío?
-  Tienes un cuerpo espectacular, y aunque Ernesto y yo seamos pareja... no somos de piedra.
Tal vez deberías saber que somos bisexuales.”
Incluso después de lo escuchado no podía apartar la vista de aquel bulto, cuando empecé a notar que las manos de Ernesto separaban mis piernas.
Que sus labios empezaban a acariciar mis jugos, y que su lengua jugueteaba suavemente con mi clítoris... ¡Por fin! Marco había empezado a acariciar mis pechos, los tocaba suavemente, con firmeza los agarraba, movía y acariciaba a su antojo... y ya iba siendo hora de ver la sorpresa que me aguardaba bajo esos pantalones.
Con los ojos cerrados alcé las manos para tentar la protuberancia que el pantalón mantenía encerrada... estaba deliciosamente duro.
Con la maestría que me permitía mi excitación busqué el botón que tenía encerrado al animal enjaulado que pedía a gritos salir de ahí. Solté sus amarras, bajé su cremallera y los pantalones cayeron al suelo.
Para mi sorpresa no tenia calzoncillos, y la visión invertida que tuve de aquel miembro me complació.
La desee para mí.
Así que mientras Ernesto hacía un trabajo impecable en mi sexo, chupando, metiendo su lengua en mi vagina, apretando mis caderas con sus manos sobre su propia cara, y haciéndome suspirar arrastre mi cuerpo sobre la mesa hacia arriba, cosa que no me costó mucho, pues mi espalda estaba embadurnada de aceite, dejando mi cabeza en el vacío sobre el borde de la mesa e inclinándola hacia atrás lo más que pude.
En esa postura tenia esa enorme polla frente a mi cara, erecta, sin pelo alguno, y preciosa.
Cogí en mis manos sus testículos, suaves y calientes, y empecé a besar su pene.
Al principio a todo lo largo, y un poco más tarde en el glande.
Sentía que le gustaba porque se detenía de masajear mis pechos para cerrar los ojos y disfrutar con lo que le hacía.
Con una de mis manos cogí su miembro y empecé a moverlo de arriba abajo, y pasee mi boca por sus testículos... los saboree durante unos minutos y tuve que cesar, pues mi cuerpo pedía a gritos tener dentro de mi boca aquella polla.
Así que abrí mi mandíbula todo lo que pude y dejé que entrara en ella.
Mi boca se inundó de su sexo.
Chupé, lamí, besé y disfruté de aquel trozo de carne divina que jugaba con mi lengua.
En esta postura no podía moverme como me placía para recorrer todo aquel falo, pero Marco se encargó de moverse despacio, de adelante a atrás, haciendo que su miembro entrara y saliera de mis fauces suavemente y a su gusto.
Alcé mis manos hacia su prieto culo, y lo agarré lo mas firmemente que pude esperando lo que empezaba a venir... Ernesto con su genial boca estaba haciendo que llegara mi primer orgasmo... un rayo recorrió todo mi cuerpo mientras su sabia lengua se movía dentro de mi vagina y una polla perfecta se alojaba en mi boca... intuí que no sería el último.
Deseosa de recibir algo más contundente entre mis piernas me incorporé, sacando aquella verga de mi boca y dirigiéndome a Ernesto dije, haciéndole un guiño a Marco:
- “vamos a la habitación... estaremos más cómodos ”.
Sin más conversación me puse de pie y me fui hacia Ernesto que aun tenía los pantalones puestos, y mientras se los iba desabrochando, hacía que fuese de espaldas andando hacia el dormitorio, y escoltada por detrás por Marco llegamos a la gran cama.
Por el camino le quité los pantalones a Ernesto, y cuando le bajé los pantalones su grandioso pene fue a parar a mi vientre de golpe. Si cabe era aun más grande que la de Marco... y también maravillosa.
Calculé que tendría entre 18 y 20 centímetros y la de Marco unos 16, pero ambas eran gruesas, y deliciosas.
Indiqué a Ernesto que se sentara en la cama, quería saborear la suya antes de disfrutarla, y salivarla un poco con el fin que entrara lo más fácilmente posible en mi cuerpo.
Ernesto obedeció y me puse delante de el a cuatro patas esperando que Marco aceptara la invitación de ver mi parte trasera a su entera disposición.
Esperaba sentir su pene entrando en mí, pero aun no lo hizo. Se acercó a Ernesto, y mientras le estaba haciendo la mejor felación que creo que he hecho en toda mi vida, lo besó apasionadamente, haciendo que se recostara hacia atrás...
Yo seguí con lo que estaba haciendo, intentando que toda aquella polla entrara en mi boca con la suavidad que merecía después de haberme hecho sentir el primer orgasmo de la noche.
Le agarraba los testículos con una mano y los masajeaba poco a poco, notando como su pene latía dentro de mi boca. Había cerrado los ojos para seguir disfrutando del momento con todos mis sentidos y no vi que Marco se había levantado y estaba tras de mi...
Decidí lamer los huevos de Ernesto mientras Marco me penetraba, con idea de apoyar la cabeza de lado en la cama y ofrecerle un mejor ángulo a Marco... pero en vez de penetrarme decidió que tenia que probar mi sexo antes de entrar... abrió mis nalgas, y en la postura que me encontraba, con ambos testículos de Ernesto en mi boca, empezó a besar mi rajita desde atrás, suavemente, recorriendo todo su contorno y deteniéndose en la zona que separa mi ano y mi vulva... no se puede describir lo que sentía... y llegó hasta mi culito.
Nunca me hacían besado el ano, y tengo que reconocer que me encantó... era diferente, pero muy placentero... me lo lubricó con mis mismos flujos repartiéndolos con su lengua.
Y al fin llegó el momento...
Marco me cogió por la cintura e hizo que me tumbara boca arriba en la cama junto a Ernesto, que se levantó y no vi donde se dirigía. Marco empezó a subir desde los pies hasta ponerse cara a cara conmigo... su pene amenazaba erecto apuntando a mi vientre mientras me besaba en la boca.
Nuestras lenguas jugaban como si se conocieran desde hace mucho tiempo.
Me mordía los labios con suavidad y yo hacía lo mismo con él, todo regado con la excitación que hacía que no dejara de suspirar... se incorporó un poco, y Ernesto que se había colocado tras de él cogió la polla del hombre que tenia encima y la frotó suavemente con mi chocho, y a modo de mamporrero la puso justo en la entrada... y empezó a empujar...

El tiempo se paró.
Creo que Marco tardó una eternidad en introducir toda su virilidad dentro de mí. Entró milímetro a milímetro, y a cada milímetro que entraba mi espalda se curvaba más hacia arriba. Empecé a notar como sus testículos topaban con mi cuerpo, y aun le quedaba por meter... y en el momento que más me apretaba contra sus partes... justo cuando la tenía entera dentro de mí sentí el segundo de mis orgasmos. Mi cuerpo vibró como si hubiera recibido una descarga eléctrica, y me encantaba... Marco se dio cuenta que había tenido el segundo de mis orgasmos, y cuando estaba en mitad de mi éxtasis empezó a moverse dentro de mi cuerpo, lo que prolongó esa sensación un tiempo que no creí posible hasta esa noche.
Entraba y salía con unos movimientos dulces pero contundentes, y no dejaba de mirarme a los ojos, y de besar mis labios... hubiera querido poder estar así para siempre, ¡que placer!... pero tenían que pasar más cosas, y Marco se incorporó sin sacármela.
Ernesto tenía su cara frente a la mía, y ahora fue él el que me besada apasionadamente.
Yo hice lo propio y nuestras lenguas se encontraron en unos besos no se si apasionados o lujuriosos, pero muy agradables mientras Marco me follaba con tranquilidad en sus movimientos, pero fuerza en sus embestidas.
Cuando Ernesto lo creyó oportuno se levantó y se puso de rodillas sobre mí, dejando mi cabeza entre sus piernas, ofreciéndome una visión de todo su sexo a unos centímetros de mi boca, deseosa de seguir con aquel trabajo.
Cogí su miembro y lo torcí un poco hacia abajo con el fin de poder metérmela en la boca... no quería que ninguno de mis invitados se sintiera solo... Al notar esto Ernesto se inclinó hacia adelante... y sentí una de las cosas que no podré olvidar.
Mientras Marco me penetraba, y yo se la chupada a Ernesto, éste me empezó a chupar mi clítoris... por poco le doy un mordisco en la polla cuando en esta postura me llegó mi tercer orgasmo... y a diferencia de lo que yo creía, cada uno iba siendo más intenso y duradero que el siguiente.
Marco, al sentir que mi tercer orgasmo había terminado retiró su polla de mi cuerpo y se la ofreció a Ernesto.
Éste la chupó con cariño y deseo... hasta ahora habían sido las dos mías, pero no tenía que olvidar que entre ellos había una relación.
Así que lo dejé chupar mientras yo hacía lo mismo con la suya.
Cuando pasaron unos minutos decidí tomar ahora yo las riendas... tumbé a Ernesto en la cama y me subí a horcajadas sobre él. Cogí con una mano su gran polla y apunté hacia mi vagina, frotando suavemente para que el camino estuviese abierto. Empecé a bajar y aquello no tenía fin.
Me metí cada centímetro de mi cabalgadura hasta el fondo, y cuando noté que había llegado al final empecé a subir y bajar... al principio lento, pero poco a poco fui subiendo el ritmo con la ayuda de Ernesto, que empujaba hacia arriba como un pistón. El ritmo que cogió era frenético y todo mi cuerpo vibraba al son de los envites que me proporcionaba su polla, entrando y saliendo a todo tren dentro de mí.
Mi cuerpo temblaba tanto que desistí de moverme yo, y dejé que me apuñalara a su gusto, y aun lo hizo más rápido... temblaba tanto que estuve apunto de perder el equilibrio, y quise agarrarme a algo para no caer... deseo concedido. Marco se había puesto de pie frente a mí, y pude agarrarme a sus caderas.
Y por supuesto lo que tenía a la altura de la boca no podía quedarse ahí sin atención... así que abrí la boca y la dejé entrar. No se el tiempo que Ernesto tardó en cansarse de pegarme golpes de cadera con su pene en mi vagina, pero me hizo tener mi cuarto orgasmo...
- ¡ joder, que calentón tenia aun!
Ahora se cambiaron las tornas. Marco se tumbó en la cama y cambié de cabalgadura.
Su verga entró sin dificultad alguna en mis entrañas, y Ernesto se plantó de pie frente a mí como antes estaba Marco. Empecé a chupar esperando que Marco me diera igual de fuerte y rápido que Ernesto, pero no, Marco lo hizo de forma más pausada y disfrutando de los centímetros que entraban y salían de mi.
Chupé la polla de Ernesto con ganas e intentando tragármela del todo, pero no lo conseguía.
Yo seguía disfrutando de una gran follada de Marco y de una polla a la altura de mi cara por parte de Ernesto cuando éste se quitó poco a poco.
Por un momento lo perdí de mi campo de visión, pero pronto descubrí donde estaba.
Al quitarse mi caramelo yo me eché sobre Marco, y empecé a mordisquearle el cuello, cuando noté que Ernesto te había puesto por detrás, de rodillas. Marco ralentizó el ritmo de sus embestidas hasta casi parar, y Ernesto apuntó su pene a mi vagina ya ocupada...
- ¿las dos por el coño?, no sabía si aquello era posible... pero quise probar.
Volví la cabeza para mirar con morbo a Ernesto y sonreírle para mostrar mi invitación a que entrara también... y lo entendió a la perfección.
Metió su polla, junto con la de Marco, en mi chocho, y entró con menos dificultad de la que esperaba pero...
- DIOS!!!! Que sensación!!!!... me sentí totalmente llena, el roce con las paredes de mi vagina era tan intenso que me corrí por quinta vez casi de momento, y continuaron ambos moviéndose dentro de mi hasta conseguir que me corriera una sexta vez... ya me temblaban las piernas.
Quise cambiar de postura, y me proporcionaron una que me encontraba mucho más cómoda. Me tumbaron de lado, y mientras Marco se mantenía tumbado frente a mi, Ernesto me levanto una pierna apoyándola sobre su pecho... Esta vez fue Ernesto el primero que entró, dejando que Marco se acomodara en mis entrañas junto a la polla de su amigo. Volvieron los envites, pero ahora lo hacían de manera que cuando una estaba saliendo la otra estaba entrando... era una sensación de plenitud y placer que no sabría describir.
Yo ya casi tenía el mundo perdido de vista... y ellos estaban empezando a hacer conmigo lo que querían.
Ellos disfrutaban y me daban un placer inconmensurable entrando y saliendo de mi... creo que me di la vuelta tumbándome sobre el otro lado de mi cuerpo y cambiando las tornas... teniendo a Ernesto frente a mi cara y a Marco de rodillas con mi otra pierna levantada... así aguantaron un buen rato hasta que llegó la hora de cambiar... Marco se tumbó boca arriba en la cama y Ernesto también, pero se pusieron de forma que sus dos pollas quedaban juntas, unidas por sus testículos.
Cogí una con cada mano y comencé a chuparlas... intenté meterme las dos al mismo tiempo en la boca, pero fue imposible.
Así que chupaba una y otra, una y otra, una y otra... hasta que decidí volver a cabalgar... pero con una doble montura.
Me senté sobre los mástiles gemelos y bajé hasta lo más profundo. Ahora era yo la que se movía con frenesí de arriba abajo lubricando los falos de mis amantes como queriendo sacarles brillo... disfrutaba teniendo el mando, y más aun si eran dos. Dos chicos dándome placer a mi antojo y como yo quería.
Subía y bajaba a placer... ahora despacio... ahora un poco más rápido... como iba necesitando o queriendo.
Después de un rato, porque a estas alturas el tiempo no corría igual para mi que para el resto del mundo, Marco, que era el que me quedaba frente a mi campo de visión se incorporó, mientras Ernesto seguía bajo mi cuerpo aguantando mis movimientos.
Yo estaba de rodillas sobre las caderas de mi amante, cuando el otro me sorprendió poniéndose delante de mí y cogiéndome por las axilas. Me alzó un poco, lo suficiente como para que mis piernas quedaran libres y pudiera estirarlas hacia delante. Y me volvió a sentar sobre Ernesto, que había agarrado su propio pene y lo apuntaba hacia mi dilatada vagina.
Mi amante posterior se incorporó un poco y se sostuvo agarrándose con pasión a mis pechos desde atrás.
La cara de Ernesto quedaba casi a la misma altura que la mía, y Marco se puso de pie como queriendo mostrarnos sus atributos masculinos.
Entre Ernesto y yo le hicimos una felación en la que nuestras lenguas se encontraban de vez en cuando... el morbo que aquello me daba era exquisito. Después de un momento Marco se arrodilló frente a mí,y se acomodó dentro de mis ocupadas entrañas de nuevo.
Esta vez era Marco el que mejores movimientos podía hacer desde su posición.
Me empujaba con todas sus ganas y sus movimientos hacían que la polla de Ernesto entrara y saliera como reflejo de los envites de mi amante delantero.
Entonces, y sin que pasara mucho tiempo, empecé que notar que la verga de Marco empezaba a aumentar de grosor, latía dentro de mí... la sacó con impaciencia y explotó en una lluvia blanca sobre mi abdomen.
Su cara reflejaba autentico placer... y creo que la mía también, pues me miró y sonrió.
Le hice un gesto para que se tumbara boca arriba frente a mí, y decidí incorporarme y ponerme a cuatro patas frente a su falo para limpiárselo con la suavidad que la seda cae sobre el terciopelo.
La besé, y chupé, metiéndomela entera en la boca... pero muy despacio y suavemente. Todo lo despacio y suavemente que me permitía la polla de Ernesto, que a esa invitación no supo decir que no... Se había puesto tras de mi, encajándomela en mi vagina, de nuevo, para empezar a empujarme con las mismas ansias que lo hacia al principio... y sabia lo que estaba apunto de llegar. De sopetón sacó su pene y sentí una lluvia caliente en mi espalda... oí los gemidos que emitía... y supe que le había gustado tanto como a mi.
Marco estaba con los ojos cerrados y una sonrisa en su dulce rostro, yo me subí hasta quedar cara a cara con él, tumbándome a su lado, y Ernesto hizo lo mismo abrazándome desde la espalda... Lo último que recuerdo fueron sus manos acariciándome los pechos y las caderas, y yo a ellos sus abdominales y torso... nos quedamos los tres dormidos, sudorosos, llenos del néctar del amor pero felizmente saciados por completo.

Cuando logré abrir los ojos el sol ya estaba fuera. Busqué con mis manos a mis chicos pero no los hallé junto a mí, envolviéndome con sus fuertes brazos que anoche me atenazaban para sentir los seis orgasmos que me hicieron sentir. Los seis orgasmos más placenteros, prolongados e intensos que había sentido nunca... bueno, era la primera vez que estaba con dos hombres al mismo tiempo, y la experiencia fue maravillosa. Miré a la terraza para captar algo de sol y la vi... la camisa de Marco aun estaba en la silla de la terraza.
Me incorporé y ví sus ropas por el suelo... ¿aun estaban aquí?. Al levantarme noté mi vagina dolorida... pero era algo que aceptaba con mucho gusto después de lo que conseguí anoche.
De hecho solo con pensarlo, y saber que mis amantes aun estaban allí empecé a lubricar de nuevo. Me asomé al cuarto de baño y allí estaban. Sus fabulosos cuerpos desnudos en un baño de burbujas en el jacuzzi. No le habían puesto jabón y pude ver con toda claridad lo contorneado de sus músculos, que no eran demasiado voluminosos pero si totalmente definidos.
- “ ¿Qué tal?, ¿cómo os habéis despertado?”, dije.
- Me respondieron que algo cansados, pero que con un baño todo estaba solucionado... estaban uno junto al otro, sobándose discretamente, y eso me hizo sentir febril.
- “¿ Puedo...? ”, pregunté mientras ya me estaba metiendo en el jacuzzi entre ellos... me hicieron sitio.
Me tumbé entre los dos, y ambos me abrazaron y acariciaron... Marco me besó en la boca con pasión mientras Ernesto me mordisqueaba el cuello de una forma que me ponía los pelos de punta.
Estuvimos un rato acaramelados en el jacuzzi, rato que aproveché para acariciar sus magníficos penes... los mismos que anoche me hicieron sentir mucho placer.
Lo hice muy suavemente, sin pretensión de nada, pero se endurecieron
No se si iban a querer otra sesión de sexo, pero yo necesitaba activar mi cuerpo. Así que me salí del jacuzzi y fui a la placa ducha a enjabonarme y frotarme para despertar mi cuerpo... Abrí el grifo cuando estuve dentro y el primer chorro de agua salió frío.
Me sentó bien el agua helada mientras la regulaba... ya por fin empezó a salir templada. Enjaboné mi cuerpo, y lo aclaré. Hice lo mismo con mi pelo, y mientras lo aclaraba les pregunté a mis chicos que si querían desayunar... la respuesta fue contundente.
- “ Si, queremos un poco más de ti” y al terminar la frase se estaban metiendo en la placa ducha conmigo.
Ernesto se arrodilló y empezó a chuparme con delicadeza mientras que Marco me agarró por la espalda y sobando mis pechos besaba mi cuello. ¡Dios, aun quieren más!.
Cuando Ernesto concluyó que estaba lo suficientemente lubricada se levantó, y Marco me alzó para que Ernesto me cogiera en volandas.
Me hizo el amor de pie mientras que Marco acariciaba mi espalda. Al poco tiempo cambié de chico, pero no por mi propia voluntad, sino porque Ernesto me pasó a los brazos de Marco que hizo lo mismo, cogiéndome en volandas y haciéndomelo de nuevo. Éste si tardó más, pues Ernesto se puso por detrás de mí y quiso metérmela también.
Estuvieron así un rato, dos hombres me tenían suspendida en el aire, entre ellos, con sus penes dentro de mí haciéndome subir y bajar y con el agua tibia de la ducha mojando nuestros cuerpos. Me corrí enseguida, y viendo que esta vez ellos también, les pedí que me bajaran para disfrutarlas en mi boca.
Me arrodillé entre ellos, y con una en cada mano empecé a chupar con ganas mientras a la que se quedaba fuera la masajeaba de arriba abajo... alternaba una y otra en mi boca.. Y no tardó en llegar la fuente del amor que salpicó mi cara y mi pecho desde ambos lados.
No es algo que a mi, particularmente me resulte agradable, pero bajo el agua no me importó demasiado. Se corrieron profusamente sobre mi, y mientras se las terminaba de chupar para extraer toda su leche miré hacia arriba y ellos se estaban besando, disfrutando del momento... de manera que me mantuve ahí unos minutos... acariciándoles los testículos, y los falos que tenia para mi.

Una vez terminada la sesión matutina, nos incorporamos, nos enjabonamos mutuamente los tres... y volví a disfrutar de la visión de sus magníficos cuerpos, nos secamos, nos vestimos y decidimos ir a desayunar.
Cuando cerré la puerta y ví el número de mi habitación me produjo una sonrisa... 369, un trío haciendo un sesenta y nueve... cosas del destino.
Al bajar al restaurante la sorpresa fue tremenda... eran las dos de la tarde.
- ¿Cuánto tiempo habíamos estado dormidos?.
Bueno, después del encuentro de anoche era normal. Estábamos muy cansados. De manera que nos sentamos a almorzar.
- “Bueno Rocío,¿qué te ha parecido?”, preguntó Ernesto.
- “chicos... me habéis dado justo lo que necesitaba.”, dije con una sonrisa que no se me quitaba por mucho que quería.
- “ bueno, nosotros lo hemos pasado contigo francamente bien.
Ninguna mujer nos había hecho este tipo de cosas y estábamos deseando probarlo”, dijo Marco.
Y la experiencia ha valido la pena, aparte de que nos has caído muy bien.
- “¿ siempre eres tan ardiente en tus relaciones?”, quiso saber Ernesto.
- “ supongo que no...
Para mi es la primera vez que lo hago con dos hombres, no he tenido experiencias similares anteriormente.
- Contesté.
- “ pues te has desenvuelto francamente bien. Puede ser la primera vez que una mujer nos deja destrozados a los dos, ¿verdad Marco?” -“la verdad es que si. Por separado hemos tenido nuestros roces con alguna chica, pero cuando lo compartíamos estábamos de acuerdo en que no quedábamos lo suficientemente satisfechos... cosa que tu has logrado con creces...”, dijo Marco.
- “ supongo que lo mejor que he podido hacer ha sido dejarme llevar... dar rienda suelta a mis instintos... y hacer caso a lo que mi cuerpo me iba pidiendo.
Sinceramente he disfrutado en sobremanera... y no solo con el sexo, sino gozando de vuestra compañía. (Dije con total sinceridad).
- “A nosotros también nos has encantado en todos los sentidos, no solo en el sexo, sino como persona. Eres buena gente”. Aseveró Ernesto.
- “Gracias chicos... ustedes a mi también me parecéis buena gente.(Dije sinceramente).
El almuerzo transcurrió con normalidad, y no volvimos a hablar del tema.
Volvimos a temas que teníamos en común, triviales o menos triviales. Al terminar el café nos despedimos efusivamente, les había cogido cariño y ellos así me lo hicieron saber a mi.
Intercambiamos teléfonos y correos electrónicos para poder estar en contacto.

Nunca olvidaré las vacaciones de agosto... sigo en contacto con mis chicos, y hablo mucho con ellos. Nos echamos de menos mutuamente, y estamos deseando volver a vernos... que será muy pronto, pues mi empresa ha abierto una nueva sucursal en Sevilla y me han propuesto que vaya allí.
Gastos de traslado y aumento de sueldo incluidos. Pero lo más importante... unos buenos amigos que allí me esperan con su casa abierta para mi.
Pues al comentárselo me han dicho que no busque hotel ni piso de alquiler ni nada... que me vaya a vivir con ellos.
Que les sobra sitio y que estarían encantados de tener un punto de vista femenino en algunos aspectos de su vida... no se a que se referirán... pero voy encantada... dos espectaculares hombres.
Sabía que las noches no iban a ser monótonas... con Marco, o con Ernesto, o con los dos, o entre ellos... pero seguro que disfrutaría de mi nueva estancia... seguro.

P. D. : Ahora las películas y las novelas porno ya no me parecen tan irreales. A veces estas situaciones pueden darse en la vida real... por lo que creo que mi punto de vista frente a este género de novelas ha cambiado un poco. Jejejeje.


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