Lucia se divierte

Aquel hombre siempre satisfacía todos sus deseos. Esta vez también. Mientras él permanecía tumbado boca arriba y completamente desnudo sobre la cama, ella se había sentado sobre su rostro. Lo hizo, por supuesto sin bragas, preocupándose bien de que su coño quedase a la altura de su boca. Mientras se agarraba con fuerza al cabecero de la cama, se mordía el labio inferior de su boca al recibir la sensación placentera de la lengua de su amante dentro de su vagina. A continuación decidieron continuar el juego, tras una ducha rápida, en la que hubo tiempo para el intercambio de besos húmedos muy prolongados. Todavía con sus cuerpos húmedos se entregaron por completo al sexo oral. Eran especialistas en esas lides y lo demostraron una vez más. Lucía perdió la noción del tiempo sentada con la cabeza de su amante entre sus muslos. El agarraba las nalgas de ella por detrás, separando bien su zona más íntima para juguetear con su culo mientras saboreaba con deleite y mucho esmero un clítoris muy excitado que no dejaba de hincharse. Nunca había contemplado un clítoris tan grande y a la vez tan atractivo. Lucía, gemía de placer como una auténtica puta y echaba su cabeza hacia atrás exponiendo su cuello al techo de la habitación.

– “Que bien me follas, ¡¡joder!!” – gritaba ella – “me gusta que me hagas gozar como a una zorra”.

Acto seguido, se corrió de gusto en la boca de su amante. Él agradeció semejante privilegio repasando con su lengua todos los pliegues a su alcance, incluyendo su orificio anal que se convirtió en su siguiente objetivo. Como si de una coreografía ensayada se tratara, ambos se colocaron sobre la cama de tal modo que ella se quedó a cuatro patas, reclinando su espalda y apoyando su cara sobre el colchón. Aquel maravilloso culo de Lucia, invitando al pecado, presidía la habitación. Su amante golpeó aquellas bonitas nalgas provocando un grito de ella, que estaba deseosa de recibir más azotes antes de ser penetrada por detrás. La polla de su amante estaba muy excitada, contemplando la imagen de una mujer sedienta de sexo. No se hizo esperar demasiado. Se puso de pie sobre el colchón y se reclinó lo suficiente para repasar con su miembro firme y muy duro, toda la zona del culo y el coño de ella.

– “¿Por dónde quiere mi puta que le meta la polla?” – preguntó el.

– “Fóllame por donde quieras, hazme lo que quieras pero házmelo ya, por favor” – dijo Lucia, con lujuria, suplicando placer.

A continuación, su amante escupió sobre el culo y le lubricó el orificio con su saliva. Entonces el glande de su polla se fue abriendo camino por el estrecho sendero que protegían las nalgas de Lucía, con la precaución de un experto en el arte de amar. Una vez que un tercio de su falo ya estaba dentro, comenzó a acelerar poco a poco las embestidas. Para entonces Lucia ya estaba mordiendo las sabanas de seda de su impresionante cama. La destreza con la que aquel hombre la estaba dando por el culo, hizo que ella disfrutase como una perra. Pocas veces había disfrutado tanto del sexo anal. Es más, Lucía no recordaba haber jadeado con tanta intensidad en postura semejante. Deseaba que no terminase nunca de perforarle con su polla. Sin embargo, tras unos minutos de intenso placer, el semen caliente de su amante, invadió todo el culo de ella que finalmente cayó exhausta sobre el colchón con una sonrisa lasciva en su rostro.

– “Te doy media hora para que volvamos a empezar, campeón” – dijo Lucía, mordiéndose la punta de su dedo índice.

– “Eres insaciable, Lucía… ¿Que desea ahora mi diosa del sexo?” – le preguntó el.

-.”Ahora quiero ser la más puta de las amazonas y cabalgarte hasta que me rompas el coño de gusto” – le susurró Lucía al oído.

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