Mi primera vez

Lo que narro a continuación sucedió cuando yo tenía 16 años, todo comenzó, estando de vacaciones en un establecimiento turístico perteneciente a mi padrino.
Llegué a media tarde a pasar mis vacaciones y después de los saludos normales, mi padrino me invitó a cenar. Allí  se cena  a las 19.30, demasiado temprano para un chico de ciudad. Después de la cena me enseñó mi dormitorio, el cuarto quedó sumido en el más misterioso silencio, yo no podía dormir, así que sigilosamente salí de mi cuarto y me dirigí al patio trasero.
A unos 35 metros de la casa principal, hay una casita que es donde vive el casero del campo, don Mario, era el único lugar que parecía tener vida. Salía por una ventana una tenue luz, silenciosamente me dirigí hasta la ventana, y veo que don Mario está sentado totalmente desnudo en su cama, hay un perro lamiéndole el pene, me quedé con la boca abierta observando la escena,  pero a la vez  me dio mucho morbo y casi automáticamente empecé a acariciar mi pequeño pene. Cuando don Mario vació todo el semen en la boca del perro, se me escapó un quejido sin darme cuenta, por lo que el perro primero, y después don Mario se percataron de mi presencia. Don Mario salió al patio y me preguntó que hacia allí, al verme con mis calzoncillos bajados y mi pene casi lampiño, me ordenó que entrara,  que deberíamos hablar seriamente.
Al cerrar la puerta de su casa yo estaba parado a un costado de la puerta, él desnudo se sentó en la cama y me ordenó sentarme junto a él, me dijo que lo que había hecho era muy malo, y que si decía algo, lo pasaría muy mal. Insistió en que no se puede andar mirando por las ventanas, yo cabizbajo, solo atiné a decir que no diría nada, que no podía dormir y que solo paseaba.
Don Mario me dijo que no me preocupara y que esto quedaba entre los dos, mientras empezó a acariciar mi pierna, automáticamente la reacción de mi pequeñ0 pene no se hizo esperar.  Acercó su mano a mis huevos y me los acarició preguntándome si me gustaba.  Abriendo mis piernitas y casi en un suspiro le dije que sí. Acuéstate en la cama y relájate, te haré gozar como nunca, me dijo don Mario. Me deje caer de espaldas sobre la cama, y casi automáticamente sentí la boca de don Mario tragarse mi pene y mis huevitos, jugueteando con su lengua y chupándome, de mi boca solo salió un ¡ahí¡ Levantó mis dos piernas en el aire y sentí como su boca besaba mi culito, llenándolo de saliva, hasta que sentí la punta de su lengua en mi agujerito,  mis manos se pegaron a mis muslos levantándolos más, ofreciéndole todo mi culito a su voluntad.
Don Mario levantó la cabeza y me preguntó si me gustaba, yo ya moviendo mis caderas le dije que sí,

-Marito por favor quiero más, continúa porque me encanta, esto me gusta mucho Marito.
Acercó sus labios a mi culito y sentí como su lengua se abría paso, entraba y salía, mientras mi culito se contraía y dilataba a gusto, de mi boca solo salía un ¡haaaaaaa¡ de goce.
-Marito por favor más.

Su dedo áspero se introdujo en mi culito y ante la primera molestia mis caderas se movieron dejándolo entrar a gusto, empezó a entrar y salir generándome un placer aún mayor. Después fueron dos, y hasta tres dedos, don Mario me dijo,

– ¿te gusta putita?

-si Marito, me gusta mucho

-¿quieres ser mi mujercita?

– si don Mario, si don Mario por favor,

-pídeme si quiero ser tú mujercita, ruégame

– por favor Marito, quiero ser tu mujercita, por favor Marito

En ese momento sentí por primera vez la cabeza de su pene en la puerta de mi culito, se sentía como un gran dedo caliente en mi culito, y a medida que ejercía presión sobre mi culito empezaba a entrar su cabeza, entro hasta que mi goce se convirtió en un grito de miedo, sentía como su pene duro entraba, me habría haciéndome sentir mucho dolor. Don Mario me dijo que aguantara un momento, que solo es un momento, su mano se posó en mi boca en el  mismo momento que empujó todo su pene hasta el fondo.

Lo que antes era goce se había convertido en dolor, desesperación, me quería librar y no podía, el pene de don Mario había llegado hasta el fondo causándome mucho dolor. Su mano ahogaba mi grito y mis lágrimas corrían por mis mejillas, lo mire suplicante, don Mario solo me dijo, tranquilo que ya pasa, tranquilízate  y veras que no duele. Mis ojos lagrimosos lo veían entre mis piernas levantadas, su pene enterrado en mi culito hasta el fondo, su pecho con algunos pelos blancos, y de su boca solo salían palabras de alivio y tranquilidad. Me fui dejando llevar por la calma, y el dolor cedió, dejando sentir que tenía algo tibio en mi culito. Muy suavemente se empezaba a mover, mis caderas empezaron a responder a ese movimiento y dejaron paso al goce nuevamente, se sentía hermoso el pene de don Mario, entrando y saliendo en mi culito. Lentamente fue dejando caer mis piernas para tomarme de mi cintura, a medida que me daba más penetraciones. Sus movimientos aumentaban, y a mí, me generaba más placer, mis manos se dirigieron a su pecho mientras lo alentaba dándole las gracias,

-si Marito dame más por favor, que hermoso  se siente

Mientras me penetraba muy fuerte Marito me decía,

– ahora si eres toda una mujercita, ahora vas a ser feliz,

– si Marito, me haces muy feliz,

-no me digas Marito dime papito,

-si papito, dame pene, dale pene a tu mujercita por favor.
Cuando empezó a inundarme con su semen fue la gloria, nos abrazamos para meternos más adentro uno del otro, me apretó fuertemente a su cuerpo, yo agarrándolo de las caderas para que su pene entrara más dentro de mí, cuando terminó de darme placer  se quedó un rato quieto con su pene dentro. Yo lo acariciaba agradeciéndole, lo sacó  ya casi flácido, se recostó a mi lado y se veía entre una mata de pelo su pene ladeado con restos de semen. Le di unos golpecitos de agradecimiento, es todo tuyo  me dijo, dale unos besitos, recosté mi rostro sobre su mata de pelo y empecé a besarlo,

-pásale la lengua me dijo,

Mi lengua recorrió el pene de mi papito. Sabia salado, pero agradable, solo lo metí dentro de mi boca y lo chupe hasta dejárselo limpio. Él me acariciaba, nos quedamos como media hora sobre la cama abrazados, le agradecí por ser su mujercita, me vestí y regrese sigilosamente a mi cuarto.
Durante las dos semanas que estuve allí, regresé cada noche a visitar a mi papito…



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