Nocturnidad y alevosía

Era una noche estival, y el calor sofocante se pegaba a las sábanas de él, de tal manera que le hizo desvelarse a media noche. De todas maneras estaba solo en aquella ciudad, en un hotel en el que estaba hospedado ese fin de semana por motivos labores. Era visitador médico de una gran industria farmacéutica y tras un día frenético de trabajo, reunido con directivos y doctores engreídos, ahora se sentía hastiado por el calor y sin poder dormir.

Sentado al borde de la cama con los ojos como platos, ojeando los canales privados del televisor de aquella habitación fría y solitaria decidió que el mejor plan sería vestirse y salir a pasear, para que la brisa marina apaciguará tanto su calor corporal como el mental.

Deambulaba solo, por las calles de aquella ciudad costera buscando un bar en el que entrar a tomarse algo, se sentía solo pero satisfecho con su vida, no le debía explicaciones a nadie y podía tomarse una concesión, antes de emprender el viaje de vuelta a su casa al día siguiente.

Un pub Londinense, con un gran letrero de neón, llamo su atención, haciendo una pausa en su camino, la música sonaba ahuecada tras la puerta maciza que lo separaba de la calle y decidió entrar en aquel antro algo oscuro, repleto de gente hasta los topes que bailaban y tomaban copas al compás de la música.

Al llegar a la barra con dificultad entre la gente, consiguió encontrar un taburete vacio, como hecho para él, en el que se sentó en "modo cazador" para visualizar al personal femenino que allí había como si fuera ganado.

-¿que te sirvo guapo?.

Una camarera joven con un escote pronunciado se esforzaba porque su voz se oyera entre el ruido de fondo, apoyándose en la barra casi de puntillas, acercándose al oído de él, dejando entrever un buen par de tetas. Era el reclamo perfecto.

-un vozca-limón, por favor.

-enseguida bombón. le respondió la camarera coqueta, esmerándose en prepararlo rápidamente.

Él, era consciente de que era un hombre atractivo, de ojos claros y penetrantes que se escondían tras los cristales de unas gafas modernas de diseño y acentuaban aún más su intensa mirada, que no pasaba desapercibida. Siempre había tenido suerte en cuestión de ligar y no solo porque su físico era imponente de gimnasio y le ayudaba, si no por su labia que también lo hacía un buen comercial.

- aquí tienes "gafitas". Le incurrió la camarera de nuevo con su bebida y una servilleta con un número de teléfono escrito.

No era la primera vez le ocurría algo así, pero, prefirió guardarse aquel número de teléfono como un as en la manga, para quizás más tarde.

Ahora ya le había echado el ojo a tres señoritas que bailaban en la pista entre ellas haciendo un pequeño corro a su alrededor.

Sabía perfectamente que solo debía observar sin moverse del lugar mientras le daba sorbos cortos a su bebida, disfrutando de la música y las vistas. Como un gato que espera sigiloso para atrapar al ratón. Solo que esta vez la caceria era algo mayor y pretenciosa, y porque quedarse con una "presa", si podía llevarse a tres a su guarida.

Las tres amigas chismorreaban las una a las otras al oído, al percatarse de aquel atractivo cazador de la barra. Sus bailes se hacían cada vez más sensuales e insinuantes para llamar su atención.

Él esperaba paciente, sabía no debía hacer ningún movimiento en falso. En algún momento, alguna de ellas se acercaría a la barra a por otra copa más. Dos canciones más tarde, el calor sofocante del baile y del atestado local, obligo a una de ellas ir a por más bebida. La barra era amplia y aunque llena de gente apoyada hablando entre sí, la chica,busco el hueco exacto para acercarse a su cazador solitario.

-Otra ronda más de tequilas por favor.Pidió a otro camarero que allí servía, agitando una coctelera.

Su acento francés intentando hablar bien español la delataba.

-¿Te apetece uno?..se le insinuó la chica con mirada lasciva ya perdida por el alcohol.

-Si!. Por supuesto, pero con la condición de que me presentes a tus amigas.

Terminó su bebida de un trago, y cogió el chupito de tequila, abandonando la silla de la barra, satisfecho, ya que su victima había picado el anzuelo.

-Hola, me llamo Óscar. Alzando su chupito a modo de brindis.

-Hola, yo soy Dafne, esta es Brigitte y ella es Emma. Somos del sur de Francia y estamos de  vacaciones por aquí. ¿Que te trae a ti?..

Óscar era un personaje muy seguro de si mismo, estaba harto de tratar con duros clientes así que la negociación y la labia eran lo suyo, sabía desenvolverse muy bien en ese territorio, y para nada se sentía amenazado por tres mujeres imponentes y solitarias. Se presento de manera oficial, explicando que le llevaba a estar allí.

Las tres chicas, parecía tenían un pacto ya de serie, porque en ningún momento hicieron el amago de permitir que solo una de las tres ligara con Óscar.

Tan solo hicieron falta algunas rondas más de chupitos de tequila, y unos conteneos insinuativos de las tres con el muchacho.

Se restregaban como gatas en celos, sin problemas para compartirlo.

Era el momento de atacar y Óscar lo sabía, pronto llegaría a salir el sol y cerrarían el local, y no estaba dispuesto a irse solo a su habitación de hotel.

-¿Que tal, si os invito a la última ronda en mi habitación de hotel?, esta dando un corto paseo, muy cerca de aquí.

Entre risas y comentarios en francés, accedierón las tres amigas. El alcohol había hecho mella en ellas y el camino fue de lo más divertido con los zapatos en la mano de Dafne y Emma subida a la espalada de Óscar, mientras Briggitte canturreaba, danzando por la calle.

Al subir por el ascensor del hotel hasta la planta en la que Óscar se hospedaba, tuvo tiempo para observarlas mejor, la luz brillante, ayudaba a descubrir detalles que se había perdido en el pub oscuro.

Dafne era castaña, alta y esbelta con unas piernas larguísimas que enseñaba con una minifalda y unos tacones de aguja. Briggite era rubia con unos grandes pechos y sonrisa perfecta. Y Emma era pelirroja, pecosa, con aire infantil pero a la vez depravado, quizás la menos llamativa de las tres, pero, con un aire muy sensual que hacía querer conocerla más.

-Hemos llegado. Señoritas pónganse cómodas.

Dijo abriéndose paso por la puerta de su habitación.

Frente la cama había un pequeño sofá y un espejo desde cual tenía acceso a cualquier rincón de la habitación.Óscar se ganaba muy bien la vida, y podía permitirse una buena suite y no escatimaba en gastos cuando de sus viajes laborales pagados por su empresa se trataba.

Descolgó el teléfono y pidió champagne al servicio del hotel.

No tardo menos de 5 minutos en llegar, y descorchando la botella, Óscar miro con cara de golfo al botones, que se lo había subido, tras darle una merecida propina. En aquel momento la envidia corroía al botones. Aquel tipo tenía a tres imponentes mujeres, medio desnudas y alcoholizadas jugueteando entre ellas a una guerra de almohadas. Él y Óscar sabían de sobras, la noche terminaría bien. Cerro la puerta tras el, resignándose a volver a su trabajo sin poder quedarse a ver el espectáculo.

Emma fue la primera en dar el paso y se acerco a Óscar para besarlo mientras lo lanzaba sobre la cama. Briggitte y Dafne, a su vez en el sofá se quitaban la ropa la una a la otra mientras se besaban con sus juguetonas lenguas.

Todo aquello era digno de una película porno, pero Óscar estaba acostumbrado a escarceos de este tipo, y siempre le había acompañado la suerte en ese aspecto.

Mientras Emma arrancaba literalmente el pantalón a Óscar dejando ver su prominente paquete inflamado bajo su ropa interior, este podía ver por el espejo, el reflejo de las otras dos, masturbándose mutuamente entre jadeos y risas cómplices.

Por lo visto eran tan amigas que lo compartían todo, incluso las bacanales sexuales.

Emma tenía agarrada su polla erecta mientras la restregaba por su pecho. Su cara pecosa y aniñada, la hacían tremendamente morbosa. Óscar se dejaba hacer, mientras acababa de desnudarla dejando ver un cuerpo pequeño, pero muy sexy.

Su mirada lo decía todo mientras lamia su entrepierna, subiendo con delicadeza, para subir hasta aquel capullo inflamado y rojo a punto de estallar. Emma sabía bien como dejarlo seco y le propino un mamazo que casi acaba con él. Pero, cuando lo tenía a punto de caramelo, sus dos amigas bien sincronizadas se unieron a ellos en la cama.

Briggite dejo caer su coñito rasurado sobre la boca de Óscar, Emma seguía chupando y Dafne seguía besando a Briggite mientras se acariciaban mutuamente.

La sincronía de ellas y sus gemidos, más la imagen del espejo, hacia que Óscar prácticamente suplicara le dejarán correrse.

Briggite se corrió en su boca dejándo totalmente mojada su cara, y Dafne le lamía como una perra llevándose el rastro de esta.

Emma, notaba no aguantaría mucho más y se introdujo su miembro, subiéndose a caballito. Galopaba sobre él y las otras dos la acariciaban como si fuera la jefa del clan.

-deberás elegir a quién más quieres follarte..

 Sugirió Emma entre jadeos.

Su voz celestial era como una droga en la que toda la orquesta al completo de aquella habitación sonaba al unísono sexual.

-Me queréis matar.

Dijo Óscar.

-Por supuesto, pero de placer....

El primer orgasmo de Emma hizo pleno al decir en voz alta aquellas palabras.

Óscar se esforzaba por aguantar. Le quedaban dos coñitos más que su polla debía saborear...

Cambiaron los papeles y ahora era Dafne con sus largas piernas la que rodeaban la cintura de Óscar como una serpiente pitón enroscada. Esta gritaba mucho, mientras las otras dos miraban masturbándose sentadas en el sofá.


Briggite acariciaba sus grandes pechos y dejaba de Emma los lamiera y pellizcara. Dafne abría sus piernas por encima los hombros de Óscar mientras este la embestía sin miramiento alguno.

Cuando consiguió que ella tuviera un escandaloso orgasmo, la beso efusivamente introduciendo su cálida lengua en su boca para seguidamente levantarse hacia el sofá y apoyar a la última candidata en la escena porno de su habitación sobre él, de manera pudiera ver sus grandes pechos rebotando contra el espejo y penetrándola desde detrás. Las otras dos regaban a su compañera con el poco champagne que quedaba en la botella para así lamerla de arriba abajo, bebiendo de ella, empapando la moqueta del suelo y besar al mismo tiempo a Óscar, que se esforzaba por no correrse dentro de esta.

Cuando Briggite tembló bajo un orgasmo más que aparente empapando la polla de Óscar. Este se aparto de las tres vampiras sexuales para acomodarse un momento en la cama sin dejar que su erección bajase.

-Ahora os regalaré mi leche a las tres, por lo buenas que habéis sido conmigo.

Dijo mientras sin dejar de masturbarse suavemente, para perdurar la situación.

Las tres amigas se arrodillaron frente a él. Haciendo una coreografia de lenguas, lamiendo aquella polla que no aguantaba más, propinándoles una victoriosa corrida en sus caras.

Continuaron un rato más lamiendo y besando, hasta no dejar ningún resto de leche entre ellas, ni en Óscar..

A la mañana siguiente, este, despertó solo en su habitación. Solo encontró una nota en su mesita.

-Lo hemos pasado genial Óscar, eres un gran amante.Enchanté

Esperamos coincidir esta noche contigo, si sigues por la ciudad.

 

Pero Óscar recordó, que a pesar de la gran noche que había pasado con las tres chicas francesas, tenía el teléfono de la camarera en el bolsillo de su pantalón, y quién sabe quizás aquella misma noche también saldría de caceria desvelado por el calor..



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