Posturas para tener sexo en lugares públicos

Adrenalina, ansiedad, suspenso y emoción son algunas de las sensaciones que experimentan las parejas que practican la agorafilia: la atracción por tener encuentros íntimos o sexo en lugares públicos.

Acción que los expone a miradas o a castigos legales y sociales.

Adrenalina al máximo! Si quieres más info aprovecha para leerte nuestros relatos en lugares públicos, seguro que despertarán tu imaginación para ponerte en marcha con el plan.

Siempre que sea con aceptación de la pareja, toda expresión de la sexualidad buena. Si quieres experimentar el sexo en lugares públicos aquí te proporcionamos algunas posturas para que las intentes. !Pruebálas!

1. Probador. Él debe sentarse en el asiento del probador (si lo tiene), mientras tú te colocar sobre él dándole la espalda. En el caso que no haya asiento, la mejor postura será en la que ambos estén de piel, tu dándole la espalda a tu compañero.

2. Baño público. Aquí el riesgo de ser descubiertos es muy alto, por lo que la discreción es fundamental. La postura ideal es la del abrazo: él debe cargarte mientras rodeas su cintura con sus piernas.


3. Auto. Puedes optar por el misionero. En la parte de a tras del automóvil te puedes recostarte boca arriba sobre el asiento, tu pareja sobre ti marcara el ritmo de la penetración, que debe ser lento para que no los descubran.

4.La playa más que un clásico es todo un cliché. Si ya se ha practicado sexo en ella, sabrá que la arena es de todo menos romántica. Ahora bien, el sonido de las olas, el agua tocándote los pies... Qué duda cabe, algo de atractivo sí que tiene.

Para aquellos que estén convencidos de esta aventura de agua salada y arena, los autores proponen una variedad que acarrea menos picores: la plataforma del socorrista. Ahora, una recomendación: es importante percatarse de que esté vacía, y llevar consigo una toalla para mantenerse -siempre relativamente- libre de arena.

5.En el caso del ascensor el peor enemigo es el tiempo. Pero no sólo. La operación conlleva una cierta preparación y también un poco de suerte. Y es que, además del riesgo claro de que las puertas se abran ante la mirada atónita de los espectadores, está también la circunstancia de que la mayoría de los ascensores actuales llevan cámaras de vigilancia.

Por lo tanto, la clave está en planearlo bien. Salir con una vestimenta cómoda -se trata de perder el menor tiempo posible- y llevar algún abrigo largo para ocultarse. Siempre se puede detener el ascensor entre dos pisos, pero por lo general esto puede activar alguna alarma de emergencia

6.Oficinas, fáciles de conseguir, un entorno casi perfecto con una mesa robusta que aguante los embates, si tiene llave, mejor todavía. Para todo tipo de juegos y fantasías. La hora del almuerzo suele ser de alta ocupación, sus huéspedes: los habituales del lugar... bien revueltas las jerarquías en ese momento.

7.Aviones y avionetas. Los aviones de líneas comerciales tienen prohibida la práctica de relaciones sexuales a bordo. Por esto mismo, la fantasía de tener sexo en un aeroplano es más que recurrente. Si se decide hacer caso omiso a las normas de la aerolínea, hay dos opciones. Encerrarse en el minúsculo baño después de haber sorteado la vigilancia de azafatas y pasajeros, plegarse como se pueda y tener una relación rápida y poco accidentada. En minutos habrá en la puerta una cola de co-viajeros impacientes que darán la voz de alarma si se tarda más de diez minutos. Si tiene la desgracia de que haya turbulencias, además de golpes, va a sufrir el incesante timbrecito de alarma para que vuelva a su asiento, que no va a facilitar la concentración.

La otra opción es únicamente practicable en vuelos nocturnos, replegando el apoyabrazos que separa dos asientos y disimulando con la manta el acto. En silencio y sin llamar la atención es posible y divertido, siempre y cuando se arriesgue, sabiendo que es una contravención a las normas de la compañía.

Y por último el Dogging que como su nombre reclama es una práctica o parafilia en la que imita el instinto animal de los perros fornicando en la calle y consiste en realizar orgías o actividades sexuales, genitales y grupales, en espacios públicos, generalmente en lugares apartados y al aire libre, con la idea de que otros puedan mirar.

Parece que este movimiento comenzó en los parques de Reino Unido en los años setenta, donde sacar al perro era la excusa perfecta para contactar con personas, en este caso heterosexuales, que deseaban practicar sexo genital con desconocidos, siendo a su vez observados.

De ahí su nombre, dogging o cancaneo, haciendo referencia a este animal. Algunos también lo han denominado perreo, aunque no suele ser muy utilizado pues genera confusión con el baile sexual, el cual no tiene absolutamente nada que ver.

El boom cibernético del 'cancaneo'

Internet ha sido sin duda la clave para la proliferación de esta práctica sexual cada vez más extendida. En menos de un segundo cualquier buscador de internet puede localizar unas 107.000 webs sobre dogging. En ellas se puede contactar tanto con otros doggers, como son denominados los practicantes exhibicionistas, como con los voyeurs, testigos o mirones. Tanto unos como otros, disfrutan y generan disfrute al otro bando.

Estas sirven también para facilitar fecha y hora del evento, así como para localizar los lugares apropiados para la práctica del cancaneo porque, aunque comenzasen en parques, actualmente podrían realizarse estas quedadas en baños públicos, jardines o aparcamientos, entre otros. Estos no son permanentes y las localizaciones van cambiando por temporadas, entre otras cuestiones para que no estén masificados los encuentros. Es bastante habitual también que se realice esta práctica dentro de los coches, de ahí que muchos atribuyan el origen de su nombre, no tanto al paseo canino, sino a la postura del perrito, que se suele considerar la más cómoda para practicar sexo dentro de un vehículo.

Igualmente, conocer los lugares facilita que no exista confusión y nos colemos en el evento que no nos corresponda. Un picadero sexual habitual, donde suelen reunirse los jóvenes, o no tan jóvenes, para realizar prácticas sexuales genitales generalmente en coches, con una persona conocida y sin desear mirones, en principio, no sería el lugar más adecuado para un dogger.

Al igual que no lo sería tampoco una orgía de varones homosexuales, denominada como cruising, por ejemplo.

Pues el dooging, aunque pudiera parecer a simple vista que es un juego sin reglamento, no es así y estas webs te lo facilitan.

Otras reglas del juego que debería conocer

Comunicarse eficazmente es fundamental para que no existan confusiones y se pueda confiar y disfrutar sin altercados ni malas experiencias.

Por ejemplo, si el encuentro fuera en un aparcamiento al aire libre y se llevasen a cabo las prácticas sexuales dentro de coches, se podría ofrecer información a los voyeurs que deseen participar en la orgía, pues no todo tiene por qué estar permitido para ellos.

- Si los doggers dejasen las luces del coche encendidas informarían sobre su deseo de ser observados.

- Si quisieran que un tercero se uniera a ellos y participase del encuentro sexual, dejar la puerta del coche abierta sería lo idóneo para indicarlo de manera clara.

- Por el contrario, si no quisieran que nadie mirase ni se acercara o participase en el encuentro sexual, cerrar las puertas y ventanas del vehículo sería suficiente para enviar la información y ha de respetarse.

- Por supuesto, el uso del preservativo sería fundamental, si no obligatorio, para la seguridad de todos los participantes, ya que sería la única forma de prevenir la mayor parte de las enfermedades o infecciones de transmisión sexual.

- Otra cuestión de suma importancia, sería no ofrecer ningún tipo de dato personal por temas de seguridad, como el teléfono o la dirección, tanto en la web como en persona. Sí se podría facilitar un correo electrónico que no descubra su nombre y apellidos, pues suele ser la forma más utilizada para concretar nuevas quedadas.

- Y por supuesto, nunca acuda a estas citas con objetos de valor o vigílelos muy bien, en todo caso. Cuando se practica relaciones sexuales se convierte en presa fácil para los ladrones pues saben que está entregado al placer.

- Y por último, si piensa acudir a un evento de dogging, asegúrese de que nadie le sigue al finalizar el mismo.

¿Es el 'dogging' una parafilia?

Las parafilias se refieren a la excitación sexual como respuesta a objetos concretos o situaciones específicas. Suelen conllevar malestar y dificultad para excitarse si no se dan las condiciones adecuadas o existe daño a terceros. Si practicar el dooging, de voyeur o exhibicionista, no conllevase ninguno de estos aspectos, no tendría relevancia clínica y se consideraría únicamente una variante sexual.

Hay que matizar que, aunque hablemos de voyerismo, sería más acertado hablar de escopofilia, escoptofilia, escoptolagnia o mixoscopía en este caso, pues en estas se mira abiertamente y no de manera clandestina.

En cualquier caso, nos guste o no esta práctica, dicen que el saber no ocupa lugar y conocer todo lo relacionado sobre la sexualidad nos hace más libres para poder elegir.

Por tanto, una vez realizada mi misión informativa...Hasta luego, que voy a sacar al perro 😉

 

 

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