Secretaria caliente

Mi nombre es Daniel y trabajo en una oficina de mensajero. Iba aburrido hace unos días, cuando de pronto la secretaria una señora de 40 años se retiró y en su lugar entró la sobrina de mi jefe que se llamaba Lizet y tenia 18 años y estaba bien desarrollada, tenia unos senos grandes y firmes y un culito bien redondito y unas piernas largas con unos muslos bien torneados, pero desde el primer día de su entrada, mi jefe me advirtió que no quería que verme hablando con ella, por lo que no nos dejaba solos un segundo. Pero un día a la hora de la salida, mi jefe seguía y yo ya me tenía que ir. Me retiré pero a medio camino recordé que había dejado mis llaves en el escritorio y volví para recogerlas. Al entrar me encontré con ella. Cuando le pregunté por su tío, me dijo que se tenia que ir a la reunión del cole de sus hijos y ella se había quedado para adelantar trabajo. Me alegré porque era ahora o nunca. Cuando se fue a su escritorio la empecé a mirar y estaba linda: traía una falda negra mini y una blusa azul entallada que le hacia lucir mejor esos senos enormes que tenía. Me fui un rato al baño y ahí me aliste para fallármela. Al salir estaba de pie frente a la fotocopiadora, me acerqué y la cogí por la cintura abrazándola y empecé besar su cuello, y ella sola decía entre su respiración más fuerte que no, pero yo sabia que lo quería, porque no hacia nada para impedirlo. Empecé a frotarle mi miembro en su trasero, ella lo movía también a mi ritmo.
Mi mano empezó a bajar y empecé a acariciar sus muslos. Subí hasta acariciar su vagina por encima de su braga. Gemía bajito? la empecé a masturbar más y ella se ponía húmeda. Le quité la blusa y el brasier , mientras acariciaba esos senos grandes que se habían puesto duros y con los pezones erectos. La di vuelta y empecé a chuparlos y morderlos. Seguía gimiendo y le bajé más la braguita, mientras ella me sacaba la camisa, luego me saco mi pantalón y el boxer, y empezó a darme una mamada memorable. Yo ya no aguantaba. La levanté y la puse encima del escritorio, le abrí las piernas y se la empecé a meter rápido. Ella gritaba y gemía de felicidad. Le acariciaba ese culo hermoso que me volvía loco. Después de un rato se lo saqué. Ella quedó confundida, luego me miro, sonrió y tocando su culo me dijo: Ya sé lo que quieres, es mi culo verdad? Bueno, es tuyo, métemelo como si fuera una perra. Y se dio la vuelta y se agachó un poquito.
Yo estaba feliz, me acerqué, la metí y de un solo empujón le encajé toda la verga, ella dio un grito y después me dijo: no pares, fóllame mas duro. yo empecé con un mete y saca bestial mi verga y su ano estaban rojísimos por la fuerza que imprimía en las metidas a su culito pero ella gemía con gamas y decía: Sí, si sí así mételo mas duro desgárramelo por que soy toda una puta. Cuando me iba a venir se lo dije y empecé a sacar mi verga pero ella me dijo: No, dame tu leche, no me la saques, quiero que la dejes adentro de mi ano y entonces se la volví a meter y después de un rato, una carga de semen le entró en todo el ano. Al mismo momento ella consiguió su orgasmo y gritó de satisfacción. Le saqué la verga y me semen chorreaba por su entrepierna. Lo tomó con su mano y se lo empezó a comer. Luego me miró, miró mi verga, se acercó y me empezó a mamar de nuevo, pero esta vez con unas ganas perras. Se la metía en la boca, me la lamía y me decía: Dame tu rica leche!
Mientras ella me masturbaba yo le respondía: Sigue tragándotela que ya te la daré. Ella obedeció y me la chupaba magistralmente, hasta que eyaculé en su boca. Se la tomó toda. Se la saqué de su boca, y el resto se lo eyaculé en su cara y en sus tetas. Ella sólo se frotó con mi semen por todo su cuerpo. Luego de eso siempre se queda tres días de la semana hasta tarde, esperando a que su tío se vaya para que yo vuelva y me la folle. Ya practicamos todas las posiciones. Lizet resultó ser toda una puta que le gusta que la follen duro y tomar mi leche.



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