Un calendario muy “hot”



Las mujeres tenemos fantasías de lo más variado y hoy exploramos una de ellas en el relato erótico que vas a leer a continuación.

Cuando me contrataron para hacer un calendario para una revista de mujeres me sorprendió mucho que el tema central del mismo fueran los “hombres al natural”. Confieso que realizar la sesión fotográfica con los modelos fue una experiencia que no me importaría revivir. Unos cincuenta hombres maravillosos conquistando el objetivo hicieron que tuviera el mejor día de mi vida. Un día muy divertido.

La mañana la empezamos bastante pronto puesto que el calendario debía de salir ese mes junto con la revista y ya llegábamos tarde para ello, de modo que a las siete de la mañana ya tenía casi medio litro de capuccino en mi cuerpo. Siempre he sido de las que adoran dormir, claro está que si tengo que madrugar lo hago pero eso si después de tres despertadores y un litro de café. Mis ayudantes ya lo tenían todo listo cuando yo llegué y un pequeño catering me recibía con una mesa llena de café y de donuts. Me quedé junto a ella mientras las asesoras de la revista hablaban con los chicos. Yo en la distancia les ponía nota mientras mojaba mi donut (ya se que no se debe hacer y que es muy sexista pero eran las siete de la mañana y yo tenía que despertarme de alguna forma). En seguida vi que ese iba a ser un buen día. Rubios, morenos, pelirrojos, delgados, gordibuenos,… Al parecer eso de “al natural” hacia referencia a chicos normales de todos los tipos.

Mientras preparaba la cámara y estudiaba lo que la revista quería iba imaginándome quien de ellos quedaría mejor en el escenario programado para cada mes. Uno de los chicos tenía el pelo canoso, era lo que se llama un madurito atractivo y a él le había adjudicado diciembre. Para octubre me gustaba un chico con gafas de pasta negra y el pelo despeinado, tenía una sonrisa hipnótica.

Los meses se fueron adjudicando y ellos desnudando. Tenían que llevar unos calzoncillos que llevaban bordados los meses en el trasero y en la cinturilla. La diferencia entre los cuerpos era palpable pero todos, a su manera, eran muy atractivos. Parecían algo cortados y más tarde descubrí que en realidad no eran modelos sino chicos que habían escogido de la calle. Algunos “hermanos de” o “novios de” alguien relacionado con la revista.

Al comenzar a posar les salían los colores. Supongo que verte solo delante de unas ocho mujeres que te miran posar en calzoncillos debe de ser intimidante pero por suerte se me ocurrió ponerles “You sexy thing” de Hot Chocolate que llevaba en el Ipod. Y todas animaban aplaudiendo por lo que después de unas risas nerviosas terminaban sacando su lado atrevido y bailando al son de la música como si hicieran un striptease.

Julio se huntó el pecho de nata montada y Agosto se echó un cubo de agua encima. Los chicos se quedaban incluso después de su sesión para ver como lo hacían los otros meses y nosotras nos reíamos cada vez más con ellos. El día pasó volando y a las siete de la tarde solo faltaba febrero por fotografiar. Al parecer iba a llegar tarde pero no quisieron sustituirlo. Mientras esperábamos decidí salir a la calle a tomar el aire y a comprar otro capuccino de la esquina (los mejores de la ciudad).

El aire frío en la cara me vino genial después de doce horas encerrada y con demasiado café y donuts en el cuerpo. Iba a meterme otro café para aguantar y uno de los bocatas que tienen en la tienda con pan de cinco cereales (también el mejor de la ciudad). Mientras me abrochaba el abrigo en la puerta paró un taxi y bajó de él un chico alto y moreno con una gran maleta. Tenía cara de estresado y se dirigía a la puerta de la que yo había salido.

—¿Febrero?— le pregunté cuando pasó por mi lado.

—¿Cómo dices?— me preguntó él con cara de sorprendido.

—Que si eres el chico que va a posar para Febrero— le repetí algo divertida por su cara de perdido.

—¡Sí!— dijo él aliviado al comprender de que le hablaba— Acabo de aterrizar y he venido lo antes que he podido. Creo que me están esperando así que si me disculpas.

—Sube si quieres pero yo voy a tomar un bocado y hasta que yo no vuelva no se sigue — le dije disfrutando de ser la jefa de la sesión.— Soy la fotógrafa.

—¡Oh! ¿Y vas a comer algo?— me preguntó— ¿Puedo acompañarte? ¡No he comido apenas nada desde que salí de Nueva York!

—¡Pues eso es un largo camino!— dije sorprendida al descubrir el motivo del retraso—Vente que sé donde hacen unos bocatas con jamón para morirse. Tenemos media hora antes de seguir.

Entusiasmado con la idea del jamón me acompañó a la cafetería de la esquina. Apenas teníamos tiempo pero, en esa media hora, Febrero me contó que venía de hacer un master en EE.UU. y que una de las jefecillas de la revista era su hermana. A pesar de lo tremendamente guapísimo que era se comportaba como un chico normal. En media hora ya había decidido que sería mi próxima conquista y desde luego su perfecta sonrisa me aseguraba que triunfaría en mi intento.

Volvimos a la sesión y a Febrero le tocaba hacer de leñador. Casi todas las chicas ya se habían marchado y de los chicos no quedaba ninguno. Quedábamos mis dos asistentes, Febrero y yo. Al ponerle “You sexy thing” Febrero estalló en una gran carcajada que me puso la piel de gallina. Se tapó la cara con las manos, respiró hondo y comenzó a bailar jugando con el hacha de atrezzo. Tenía espalda de nadador y pecho de leñador.

La cámara le adoraba o quizá fuera yo la que lo hacía, el caso es que no hizo falta sacar muchas fotos porque en todas salía guapísimo. Además estábamos todos muertos y deseábamos irnos a casa. Así que la sesión terminó y me ofrecí a llevarle a su casa, él aceptó.

Tuve que cruzarme toda la ciudad hasta llegar a su apartamento. Me invitó a subir con su maravillosa sonrisa y su brillo en los ojos. Estaba agotada pero ¿cómo decirle que no? Él había cruzado el Atlántico y estaría aún más cansado que yo. De modo que acepté.

Su piso era el doble que el mío y con unas vistas preciosas a la ciudad. Había venido una asistenta a limpiarlo por lo que estaba impoluto. La nevera estaba llena y la vinoteca también. Destapó una botella de tinto y pusimos un poco de queso curado y jamón en un plato. Nos sentamos en el sofá y hablamos un rato. Por suerte para mí había dormido durante el vuelo y ahora estaba algo cansado pero sin sueño. Yo había tomado tanto café que veía imposible dormir esa noche.

No se en que momento pasó pero aún recuerdo como me miraba la boca mientras yo hablaba. Llevábamos así ya un rato e intuía que estaba decidiendo si besarme o no. Yo lo tenía claro. No sabía que pasaría a la mañana siguiente pero siempre me pareció estúpido saltar solo cuando se sabe con seguridad que hay una red para cogerte. Así que salté, aproveché que él me contaba algo para besarle. Me devolvió el beso de la forma más dulce. Sus labios daban besos perfectos. Se apartó para mirarme a los ojos y me agarro de la nuca. Acercó mi cara a la suya y me besó aún con más pasión. Me hizo ponerme encima suya mientras luchaba por quitarme la camiseta y la falda. En segundos quedé en ropa interior sobre él. Me besaba los pechos mientras me desabrochaba el sujetador. Yo me dejaba besar, me encantaban sus manos calientes y sus besos húmedos, hacia tiempo que no tenía un encuentro tan caliente como éste. Le quite la camiseta para poder tocar ese torso de leñador que había contemplado antes. Jugué con sus rizos mientras le besaba. También sumergí mis manos en su pelo oscuro. Me apartó a un lado para poder quitarse los pantalones y yo aproveché para quitarme las braguitas. Él quedó desnudo y yo también, mis pechos duros y su erección lista para mi. Se sentó a mi lado y yo me coloqué encima.

Volvimos a besarnos mientras yo le acariciaba su pene, mientras comprobaba lo duro que estaba. Sus manos recorrían desesperadamente mi cuerpo, como devorando mis pechos y mi culo. Cuando ya no aguantamos más me coloqué sobre él, quería sentirle dentro, sentir como me llenaba por completo. Su aliento en mi piel y sus manos agarraban fuertemente mi culo marcando el ritmo de la penetración. No tenía que hacer nada, solo dejarme llevar por él. Me sentía tan conectada a él que fue fácil dejarme llevar, olvidarme de todo y centrarme en mis sensaciones. No se lo que duró, sólo recuerdo que me corrí y después se corrió él, como un caballero. Me besó dulcemente en los labios y me llevó a la cama. Allí nos quedamos los dos tumbados intentando no dormirnos pero después de algo así era imposible lograrlo. Nuestro día había sido muy largo y caímos en un profundo sueño.

Es curioso como puede empezar y terminar un día ¿verdad? Un día me despierto en mi cama y al día siguiente en la de un desconocido y bueno, lo que sucedió esa mañana será algo que ya te contaré otro día. De momento te diré que, Febrero descansado, es mi mes favorito.

Espero que este relato erótico te haya gustado tanto como a mí y si te quedas con ganas demás de invito a que sigas leyendo.





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