Un lienzo de fantasias

Si te apetece continuar, adelante. Siéntete libre para hacer lo que desees…”

Esas dos frases humedecieron su vagina al instante. ¿Cuántas veces había soñado con escucharlas de sus labios? Y ahora era el momento.

Quería oír esa ronca y varonil voz susurrándole mil cosas al oído, gimiendo y maldiciendo… ¡gritando su nombre al momento del clímax! ¿Cuántos sueños eróticos había tenido con él?, y en estos instantes tenía el salvoconducto para dar rienda suelta a su pasión, a sus más ocultas fantasías… “Siéntete libre para hacer lo que desees”, le había dicho… joder, ¡Vaya si iba a hacerlo! Le arrancaría la ropa y le plantaría un camino de besos desde la boca hasta su sexo, y sin pudor alguno se desnudaría ante él, abriendo las piernas, ofreciéndole las puertas del paraíso… sí, hoy haría con él todo que deseaba, y aún más.

El pulso repicándole en las sienes, los pezones endurecidos y una inquieta gota de sudor que bajaba por su escote le indicaron que debía tomarlo con calma si quería disfrutar al máximo la oportunidad de follarse a este tipazo. Cerró los ojos en un intento por normalizar su cuerpo, respiró profundo una, dos, tres veces…

-“¿Entonces, pondrás algún otro elemento en tu lienzo, o lo dejarás así?”

Su ensueño se vio interrumpido por esa deliciosa voz que le hablaba de nuevo: su profesor de pintura, que -ajeno a lo que acababa de suceder- esperaba una respuesta con las manos en las caderas, mirando su cuadro con ojo crítico, mientras ella, empozada, cruzaba las piernas por inercia y tomaba un pincel con mano temblorosa…



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