Un masaje muy placentero

Al entrar en el centro de masajes, Daniel se dirigió a la recepcionista, con la que estuvo hablando un rato sobre la cita que tenía para su masaje mensual. Rafa era un cliente habitual del centro y tenía una ficha de todas las veces que había ido, por lo que ella le ofreció un servicio distinto por el precio de siempre. Daniel accedió encantado sin tan siquiera preguntar de qué servicio se trataba. Desde luego, cuando te hacen una oferta así siendo un cliente habitual no puede ser un servicio menor al que se suele hacer, pero no se imaginaba cuál podría ser.

La recepcionista ofreció un té moruno a Daniel mientras preparaban todo e hizo pasar a las masajistas para que él eligiese cuál de las chicas le daría el masaje. Entre las ocho chicas que pasaron, las cuales todas llevaban un quimono negro con símbolos asiáticos, Daniel eligió a una chica morena de cara angelical llamada Rubi.

Rubi le acompaño al piso de abajo, pasando por una estatua de un Buda hasta una habitación en la que había un tatami con pétalos rojos en los bordes de este. Mientras Daniel se desnudaba y duchaba, Rubi aprovechó para ir a por los aceites necesarios para el masaje. Cuando volvió, Daniel ya se había duchado y estaba tumbado en el suelo, sobre el tatami, boca abajo, mientras observaba el cuerpo desnudo de Rubi acercarse con un cuenco de madera en el que esta había vertido el aceite necesario para el masaje.

Daniel cerró los ojos y se dejó llevar por la música de relajación, en plan danza del vientre, que sonaba, cuando sintió el aceite tibio caer sobre su pie derecho y las manos de Rubi esparcirlo hasta media pierna; las manos subían y bajaban lentamente esparciendo el aceite y acariciando la piel lenta y cuidadosamente.

Rubi repitió la acción con la otra pierna hasta que la levantó y apoyó el pie sobre lo que él supuso que era una toalla enrollada, y empezó a presionar sus dedos en distintas partes del pie, como si así estimulase la relajación de otras partes del cuerpo; Rubi repitió la acción con el otro pie y volvió a verter aceite sobre la piernas, esta vez desde la articulación hasta la nalga de Daniel, el cual parecía haberse dormido de lo relajado y callado que estaba.

Rubi esparcía el aceite lentamente por la pierna de Daniel hasta llegar a la nalga, donde parecía que sus dedos iban a tocar pero nunca lo llegaban a hacer. Esta vez era la mano entera la que recorría todo el trayecto, relajando así los músculos de las piernas y creando una especie de fantasía erótica al rozar la zona que nunca llegaba a alcanzar, hasta que Daniel notó el aceite en sus nalgas, cayendo de la mano de Rubi.

De repente, las manos de Rubi empezaron a acariciar las nalgas de Daniel, aunque por poco tiempo, ya que volvió a recrearse otra vez en las piernas. Esta vez, sus caricias y masajes llegaron a alcanzar el hueco que queda entre ambas nalgas, y eso desató un estado de éxtasis en Daniel. Notó cómo su miembro se hinchaba. Tenía una erección al sentir los dedos de Rubi, que notó esa excitación, aunque Daniel no sabía si era por la respiración o la forma de levantar las nalgas para facilitar el masaje, pero Rubi se dio cuenta y le preguntó si se estaba poniendo cachondo. Daniel contestó con una afirmación, no podía negar algo que era inevitable y se notaba bastante, incluso él se había dado cuenta de que su glande estaba fuera de donde debía estar.

Daniel estaba en su mundo hasta que la magia se rompió cuando Rubi vertió aceite en sus riñones y empezó a esparcirlo con esas manos divinas para el cuerpo humano, manos que parecían haber sido creadas para dar masajes.

Las manos dieron paso a los antebrazos, que recorrieron la espalda desde las nalgas hasta las costillas; Daniel no dijo nada, pero la presión que sentía en esos momentos no era muy de su agrado. No supo si Rubi estuvo mucho tiempo masajeando la zona, pero a él le pareció una eternidad.

Cuando las manos de Rubi empezaron a volver a recorrer la espalda desde las costillas hasta el cuello, él se volvió a relajar sintiendo el aceite recorrer su cuerpo. Tal era la relajación que al principio no se dio cuenta que había algo que estaba recorriendo su espalda de derecha a izquierda, algo blando y flexible pero con una parte puntiaguda, como podrían ser los pezones de los pechos de Rubi, y es que, efectivamente, ella se había vertido aceite en sus pechos y los restregaba contra la espalda de Daniel lentamente, provocando un placer difícil de explicar.

Rubi pidió a Daniel que se diese la media vuelta, cosa que hizo inmediatamente. Estaba deseando poder ver cómo Rubi hacia su trabajo sobre su cuerpo.

Rubi volvió a iniciar el masaje desde los tobillos, vertiendo más aceite y extendiéndolo por toda las espinillas de Daniel hasta la rodillas. Lentamente, las manos de Rubi subieron por los femorales hasta las ingles, relajando así todos los músculos que están encontraban a su paso.

Cuando Daniel creyó que Rubi vertería aceite en cierta parte de su cuerpo se equivocó, ya que el aceite cayó sobre su vientre y su pecho. Rubi empezó a esparcirlo, al principio con esas manos perfectas y después usó sus pechos para masajear bien por ambas zonas. Sentir los pechos rozando su cuerpo y el poder verlo al mismo tiempo volvió a provocar otra erección en Daniel, como se había producido minutos antes.

Daniel aprovechó para acariciar las nalgas y los labios externos de la vagina de Rubi, al tiempo que dejaba que los pechos de esta recorriesen todo su abdomen y pecho.

Al ver la erección tan pronunciada, Rubi le pidió a Daniel que se levantase y se sentase, entrelazando sus piernas con las de ella. La masajista vertió aceite en su miembro, acariciándole así todo, desde la base de los testículos hasta la punta del glande. Daniel sentía una gran excitación, ya que ninguna mujer hasta entonces le había masajeado esa parte de esa manera. No solía gustarle cómo lo hacían otras mujeres, pero en esa ocasión fue muy distinto, no sabía si por el aceite o por las manos de Rubi, pero desde luego era un placer, de manera que se acercó más a Rubi para facilitarla el trabajo y sentir más placer.

Rubi, al notar la excitación, empezó a aumentar la velocidad del masaje en la base de los testículos, primero, para luego ir subiendo por todo el miembro hasta el glande, cada vez más rápido. Eso provocó que la respiración de Daniel se acelerase y se le secase la garganta en cuestión de pocos minutos, como si verdaderamente no hubiese bebido nada en días. Tras la sequedad llegó el orgasmo y la eyaculación sobre las manos de Rubi, que le dio un beso en la mejilla a Daniel.

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