Una amiga viene a animarme

Hacía un par de semanas y algo que me había dejado mi novio y me sentía bastante depre. Ya no estábamos bien pero se echaba de menos la compañía. Era sábado y había plan con mis amigas. Mis padres se habían ido y las propuse quedarnos en mi casa, pero dijeron que de eso nada, que a salir y a desfogarse, que luego me quedaría en casa como el fin de anterior.

Salí de la ducha y cuando disponía a arreglarme no sabía ni que ponerme, no tenía ganas de maquillarme y decidí llamar a una de ellas y mentir diciendo que no me encontraba bien y que me quedaría en casa. Me puse el primer pijama que pillé, el de tirantes y con el pantalón muy cortito; y me senté en el sofá a ver la tele.

A la media hora llamaron al timbre, abrí y era una de mis amigas con una peli y un helado de chocolate en la mano: “sé que no estás enferma, pero no te voy a obligar a salir. Tampoco voy a dejarte aquí sola deprimiéndote más así que traigo entretenimiento (la peli) y ahoga penas (el helado). Ya nos vale de llorar por los hombres” (a ella la había dejado el novio un mes antes). Yo sonreí, la dí las gracias y la invité a que pasara.

Me dijo que tenía un pijama muy sexy. No di importancia a ese comentario… Hasta un poco más tarde. Cogí la peli y la metí en el reproductor de DVD, al hacerlo me agaché y sentí como mi amiga me miraba el culo pero tampoco le dí importancia, pensé que lo miraba para compararse con el suyo, como tantas veces hacía (o así lo interpreté). Ella decía que le encantaba mi culito, que la encantaría tenerlo como el mío (redondito y durito de hacer deporte desde pequeña), pero yo siempre la decía que prefería el suyo, pequeñito pero respingón.

Fui a por un par de cucharas mientras ella iniciaba la peli. Empezamos a comer el helado y por el rabillo del ojo me dí cuenta de que Laura me observaba cuando me metía la cuchara en la boca. rozaba mi brazo cada vez que cogía otra cucharada. Cuando ya se acababa la tarrina me dijo que lo aprovechaba ella (lo trajo ella así que no dije nada). En ese mismo instante la peli estaba en un momento un poco caliente y, a pesar de lo frío del helado, llevaba chocolate y como hacía bastante que no me daban placer noté que empezaba a excitarme. De repente mi amiga me dio la penúltima cucharada de helado que quedaba. Y sin querer empecé a notar humedad en mi tanga. Laura me preguntó si quería más y yo la dije que si no quería ella que sí, pero se metió la última cucharada en su boca. Me dijo que si me había quedado con ganas de más y la contesté afirmativamente con un movimiento den cabeza, sí sin pensar en lo que haría después: me besó, me besó pillándome desprevenida y me metió su lengua. Noté el sabor del chocolate negro que en tantos preliminares había utilizado con mi ex y aunque nunca me fije en mi amiga como para algo más (ni en ninguna chica) dejé que me siguiera besando. Me besaba tan bien… Jugaba con mis labios, con mi lengua, con mis dientes… Y empezó a acariciarme. Primero en la espalda, luego en mis nalgas y después mis pechos mientras besaba mi cuello. Yo la respondí lamiendo su oreja, su cuello e intentando desabrocharla el sujetador. Cuando lo conseguí me pare.

-“¿pero qué estamos haciendo?”

-“no sé tú pero yo haciendo algo que deseaba hace mucho tiempo”.

Me quedé helada, eso no me lo esperaba. Ella aprovechó para bajarme un poco el escote del pijama y empezar a besar mis pezones, lamerlos, morderlos… Y yo no pude hacer más que dejarme llevar… Hasta mi cama; tenía que reconocer que aquello me estaba gustando y mientras me llevaba a mi habitación no pude no fijarme en su culito respingón. Me desnudó lentamente sin parar de besarme y acariciarme. Yo también la desnudé y me di cuenta de que yo también deseaba ver esos pechos que tanto miraba, pensaba yo que por comparar… Pero no… Me encantaba esa vista y empecé a acariciarlos y masajearlos, a besarlos y ella gemía. Sus gemidos hacían que yo me pusiera aún más y más. Y me dí cuenta de lo que debía hacer: la pedí que se tumbara y empecé a bajar hasta su ombligo y luego hasta su coñito depiladito. Me dejé llevar pensando en lo que me gustaba a mi y comencé a lamerla su clítoris, primero suave y despacio y luego apreté más fuerte. Noté que se humedecía más y más y me acerqué con mi lengua a la entrada de su vagina mientras con mis manos apretaba sus caderas. Y bajé hasta su clítoris. Con mi masaje en su botoncito del placer y mi lengua dentro de su conejito se corrió, con un gritito que me puso aún más. Esperó diez segundos en los que yo la observaba su bonito cuerpo y me dijo que era mi turno. Me preguntó si tenía vibrador y yo me levanté, lo saqué y sé lo dí.

Primero me frotó con él, después me lamió y luego me volvió a frotar. Yo ya estaba gimiendo cuando me metió el vibrador de golpe. Emití un gritito y sigo jugando con mi consolador y mi coñito mientras me acariciaba mi clítoris. Demasiado para mí después de tanto tiempo de sequía y llegue a un orgasmo como pocos en mi vida. Nos miramos y la invité a dormir en mi casa. Me dijo que sí pero con la condición de que fuera en mi cama.

Nunca imaginé que acabaría así con laura, ni con ninguna chica, pero si repitiría

 

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