Una experiencia bisexual

Todo sucedió por primera vez hace aproximadamente un año cuando nos reunimos un grupo de amigos, 6 para ser precisos, para irnos a pasar un día de campo. Nos juntamos todos y partimos en la camioneta de Raúl, que así se llama el marido de Isabel, y que pese a ser amplia, otro amigo tuvo que ir en mis piernas debido al exceso de pasaje que llevábamos. Todo funcionaba según lo planeado hasta que uno de nuestros amigos y de una manera muy tonta se cayó y se torció el tobillo.
Entonces, dando por terminado el día, decidimos regresar a nuestras casas. Raúl le comentó a Isabel si no le importaba ir ella detrás para que fuera más cómodo.
Se colocó sobre mi rodilla izquierda. Pasaron cerca de 3 minutos de manera normal, yo iba hablando con Isabel de cosas sin importancia, hasta que en un frenazo que dio Raúl nos sobresaltó un poco y ella, al sentarse de nuevo, y esta vez se sentó literalmente sobre mi paquete.
La verdad es que comencé a excitarme y mi polla comenzó a crecer y en cuanto la notó, pegó un brinco pero no dijimos nada, solo una sonrisa con complicidad. Total que el viaje seguía y yo con mi polla a todo lo que daba siendo presionado por tan estupenda escultura femenina, y con la ropa que llevaba difícilmente lo podría disimular. Terminé por atraer de la cintura a Isabel y ella comenzó a recargar más su culo contra mi polla, que estaba durísima y sentía que faltaba muy poco para correrme. Fue justo cuando, sin darme cuenta, habíamos llegado a nuestro destino, y tuvimos que bajar de la camioneta, no sin antes gírarme para ver la cara de Isabel, con sus mejillas rosadas, seguramente por la excitación. Yo tuve que esperar un poco para que se me bajara la erección que traía. Minutos después bajé de la camioneta, nos despedimos como si nada y cada quien a su casa.

 

Hace aproximadamente 4 meses me llamaron por teléfono que si podía acudir a su casa, que necesitaban hacer un trato conmigo. Me bañé y acudí. Me recibieron, tomamos una copa, y después de hablar de cosa banales, Raúl decidió ir al grano del asunto:
-Desde el día de la famosa salida al campo, mi mujer y hemos tenido unas fantasías sexuales en las que intervienes tu. Isabel quedó gratamente sorprendida del tamaño de tu polla y nos gustaría que follaras con ella.
Yo voy a estar presente y a lo mejor participó. Me encanta hacer de voyeur.
Quedamos para el siguiente fin de semana. Estaba un poco nervioso porque era la primera vez que hacia una cosa como aquella, pero estaba caliente como un mandril.
Era viernes por la noche, cenamos, tomamos unas copas y después de los postres Isabel se fue al baño. Pasada una media hora dijo:
-Podéis pasar cuando queráis.
Estaba en la habitación, tumbada en la cama y completamente desnuda. Era una preciosidad y mi polla no pudo evitar pegar un salto.
Les dije que iba a darme una ducha, y cuando salí, me encontré con este panorama. Raúl, que así se llama mi amigo, estaba sentado en un sillón que habían acercado a la cama, y ella le estaba mamando la polla.
Cuando me acerqué, Isabel paró y se dirigió hacia la cama mientras le decía a su marido:
-Ahora cariño te la vas tocando tu solito que yo voy a mamársela a él.
Dicho y hecho, me sacó la toalla, se sentó en la cama y me la chupó, de tal forma que al poco rato, estaba a punto de correrme.

 

Como notó que empezaba a babear, paró, se tumbó en la cama y me dijo que le comiera el chocho.
Ni me lo pensé, tenía un chocho precioso, depilado totalmente y palpitante. Me dediqué un buen rato a su raja y conseguí que se corriera por lo menos tres veces. Era una mujer muy apasionada, y mientras se lo comía iba diciendo:
-Así, cariño, que bien lo haces, ahora, ahora, no te apartes que voy a correrme…
Entonces le dije que quería metérsela. Se puso a cuatro patas y se la clavé en el chocho. La embestía fuerte y con ganas, ella se volvió a correr y cuando le dije que iba a correrme dijo que lo hiciese en su boca. La saqué, me puse de pie, cerré los ojos y me corrí en su boca, o al menos eso es lo que yo creía.
Cuando terminé de vaciar mis huevos, abrí los ojos y vi que me había corrido en la boca de Raúl y el muy cerdo, seguía chupando como un poseso. Quise apartarme, pero el muy cabrón sabía cómo se comía una polla y como se tocaban unos cojones, porque en menos que canta un gallo, volvía a tener la polla tiesa.
Isabel estaba tendida en la cama, mirando el espectáculo y tocándose el coño. Raúl seguía con lo suyo, me chupaba los huevos y me masturbaba el rabo.
De pronto, Isabel se levantó, y me dijo que me pusiera a cuatro patas. No sé porque, pero obedecí, aunque me imaginaba que lo que iba a pasar.
Ella empezó a comerme el rabo y Raúl me comía el culo de tal forma, que sin darme cuenta era yo el que culeaba para que me entrara mejor uno de sus dedos, y claro, pasó lo que tenía que pasar. Mientras yo me follaba la boca de Isabel, Raúl, me enculó.

 

Reconozco que cuando me metió el capullo me dolió, pero como la cerda de Isabel me estaba haciendo una genial mamada, me estában volviendo loco de gusto. Me corrí en la boca de ella, mientras Raúl llenaba mi culo de leche.
Cuando acabé de correrme, fui al baño, a lavarme y cuando volví, comentamos lo que había ocurrido.
Me confesaron que los dos eran bisexuales y que les encantaba montarse tríos o intercambiar parejas. Mientras me contaban cosas, no me di cuenta pero mi polla volvió a levantarse, pero entonces lo tenía claro. Le dije a Raúl que se colocara a cuatro patas, e hicimos lo mismo que antes, pero esta vez el que le di por el culo fui yo.
Fue mi primera relación sexual con un tío y de hecho nunca más lo he repetido, excepto con Raúl e Isabel.
Meter la polla en aquel agujero estrecho y experto en menearse me dio tal placer que reconozco que alguna noche me la he pelado pensando en que le doy por el culo a Raúl.
Me quedé a dormir aquella noche y al día siguiente follamos como verdaderos animales

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