Una mirada erótica

La conocí en un bar donde concurre  gente madura, nada de juventud alocada.

Había música blues y los presentes se dedicaban a lo suyo inmersos en mundos paralelos absortos en sus copas y la música.

Me acerque a ella y abrimos una conversación que me hizo sentir de lo más bien.Nos fuimos a otro asiento en la sección de reservado y nos presentamos con unos calurosos besos en la mejilla por nuestros nombres.

Había un pianista acompañado por otros músicos tocando un buen blues que parecía tema de película.

Llevaba un vestido de noche, abierto desde sus zapatos subiendo por su pierna y dejando ver uno de sus muslos y me atreví a acariciarle con mi mano y sentí sus hermosos muslos que transmitieron d en todo mi cuerpo.

Ella me sonrió lascivamente respondiendo a mis caricias.

La bese y ella me correspondió con sus eróticos labios.

Mis manos poseídas por aquel cuerpo que me invitaba a indagar, subían lentamente acariciando sus suaves muslos que llevaban un discretisimo liguero negro. Mis dedos dibujaban espirales y caminos de placer en sus piernas, y a ella no parecía importarle que lo hiciera.Las miradas cómplices y los leves gemidos ahogados de ella me dejaron claro que mi asalto tenia que continuar pero que no debía ser allí.

Dejamos cogidos de la mano como si nos conociéramos de toda la vida el club y nos marchamos a un hotel cercano de la zona.

Yo llevaba la lujuria escrita en mi rostro, desde que al acariciar aquel liguero y proseguir en mi investigación táctil, percibí, no llevaba ningún otro tipo de lencería que cubriera aquella vagina que me tenia tan tentado.

Ella, tenia control de la situación y nada más entrar en la habitación del hotel, se abalanzo hacia mi de tal manera que no pude disimular mi bulto bajo el pantalón con su simple roce y sus besos apasionados en mi cuello.

Acomodamos la luz tenue del cuarto, ella se desnudo despacio para mí, dejando caer aquel vestido al suelo, dejando a la vista aquel maravilloso liguero negro que sujetaba unas medias de seda fina.Se recostó sobre la cama y abrió sus piernas sensualmente mientras con sus manos me indicaba con un gesto mudo que fuera hacia ella.

Me arrodille en la moqueta roja y aparte más esos muslos que tanto me habían gustado, para introducir mi lengua en su clítoris y labios consiguiendo se corriera muy rápido.

Una vez extasiada, le di la vuelta sobre el colchón y la penetre sin miramientos alguno hasta que nuestros gemidos invadieron toda la habitación.

Fue una noche larga y gloriosa con un despertar con los primeros despuntes del brillo del sol al entrar por la ventana.

Esa fue la primera vez con ella pero no la última....

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