Vecina Pervertida



Aquel sábado mis padres salieron a cenar con mis vecinos a un restaurante que está en las afueras. Solían hacerlo varias veces al año porque además de vecinos eran amigos desde la universidad. Yo no pensaba salir ya que tenía un examen el lunes siguiente y me veía algo agobiado así que casi agradecí que me dejaran solo. Lo que no sabía es que me tocaría "mudarme" al piso de enfrente para cuidar a Laura, la hija de mis vecinos, que estaba con algo de fiebre.

Me lo rogaron tan insistentemente, diciéndome que estaba dormida y no me molestaría, que accedí. Ella estaba en la cama cuando se fueron, parecía que estaba bien por lo que me fui al salón a preparar mi examen de derecho. Me acomodé en el sofá y me dispuse a estudiar cuado oí un quejido en la habitación. Al acercarme de puntillas la vi incorporada en el colchón quitándose la parte de arriba de su pijama. Me escondí tras la puerta sin hacer ruido y contemplé aquella escena entre la sorpresa y la excitación.

Laura tenía dieciocho años pero ya estaba desarrollada, tendría una 90 y un culo bastante apetitoso. Alguna vez al subir juntos en el ascensor me había sentido tentado por ella ya que vestía con minifaldas mínimas.

Era rubia teñida, no muy mona de cara pero siempre sonriente lo que la hacía más atractiva.

Seguramente no sabría que yo estaba en su casa o quizá sí pero seguro que no imaginaba que estaría detrás de la puerta fisgándola. Me sentí un voyeur porque me empalmé al verle las tetas. Supuse que tendría calor por la fiebre ya que acto seguido noté cómo seguía desnudándose por el movimiento de la manta. Yo estaba allí paralizado mirándola sin hacer ruido para no delatarme, gozando de aquella visión.

Al fin se sacó la otra parte del pijama y la tiró al suelo junto a los calcetines y a la parte de arriba. Estaba desnuda, tal vez llevara braguitas pero nada más. Se volvió a tumbar y apagó la luz.

Volví al salón aún caliente y encendí la tele a ver si me olvidaba de aquello para poder estudiar. Echaban un programa infumable que me sirvió de tranquilizante pero a la media hora más o menos oí otra vez algo desde la habitación. Me acerqué de nuevo en silencio pero esta vez la luz seguía apagada. Presté atención y la oí respirar más fuerte que antes, eran respiraciones más rápidas y profundas, casi jadeos.

¡No podía ser! ¿Se estaba masturbando? ¡Claro! ¡¡Oh dios mío, que suerte!!

Se empezaba a mover más, las sábanas sonaban y sus jadeos eran ya evidentes.

Yo para entonces me había soltado el pantalón y tenía mi polla en la mano. Mi vecinita menor de edad se estaba haciendo un dedo y yo me la cascaba sin piedad. El líquido preseminal empezó a mojarme la punta y al roce con mi mano debió hacer algún ruido porque de pronto ella dejó de moverse y encendió la lamparita de la mesilla. Se quedó quieta y yo congelado, si me pillara podría denunciarme por pervertido. Qué dirían sus padres... y los míos! Rezaba para que no se levantara a ver qué pasaba. Estaba realmente preocupado y en silencio como una tumba.

Contra todo pronóstico reanudó su tarea pero esta vez podría ver todo, no solo por la luz sino porque se había destapado y estaba en pelotas encima de la cama.

¡Qué cuerpo! Tenía el coño rasurado, sólo una fina línea de vello dividía su pubis. Vi cómo se masajeaba con la mano izquierda una teta y con la derecha el coño. Por cierto, lo tenía bastante enrojecido sospecho que por el trote que le había venido dando desde que se había desnudado. Se metía un dedo de vez en cuando y a veces dos. Era glorioso verla así de desinhibida.

Yo estaba a punto de correrme pero quería aguantar a verla acabar a ella primero. De pronto se giró sobre si y se puso a gatas con el culo en pompa. Apoyó la cara en la almohada cerró los ojos y empezó a acariciarse el ano.

Increíble, aquello era increíble. Sacó un consolador de entre las sábanas y lo movió desde su coño hasta el culo parándolo de vez en cuando ahí, metiéndoselo un poco. Se le escapó algún gritito cuando se puso a horcajadas sobre su aparato. Lo tenía hasta dentro y ahora se masturbaba más rápidamente.

Movía sus dedos apretando el clítoris a mil por hora con el consolador dándole por el culo. Se arqueaba, jadeaba, seguía... más...más...más

No paraba de gritar aaaahhaaahhhh aahaah aaahh ahhhhhhhhhhhhhhooooooooooohhh

mmoooooooohhhhhhhaaaahhha aaaaaahhh aaaaaaaaaoooooh aaaaah aaaah ahahhahh

Yo me pajeaba fuerte, casi haciéndome daño porque estaba absolutamente excitado.

Así estuvimos un minuto más los dos pajeándonos hasta que nos corrimos casi a la vez.

Quedamos exhaustos, ella en la cama y yo en el pasillo. Se sacó el aparato del culo y se quedó tumbada boca abajo. Yo me sequé y me fui al salón.

Al final no pude estudiar y suspendí aquel examen pero mereció la pena.



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