Ya no somos el ‘sexo débil”’¡Aleluya!

Quedan muy pocos días para que la Real Academia Española (RAE) proceda a una nueva actualización de su célebre diccionario en versión 'online', en la que introducirá un cambio significativo para las personas flojas de ánimo, deficientes en lo físico y en lo moral, y con falta de vigor y resistencia.

Nosotras. No os asustéis, así es como define el adjetivo débil el Diccionario de la Lengua Española.

¿Y quién constituye el 'sexo débil' en ese magno libro, guía y referente de nuestro idioma desde hace más de 300 años?: 'El conjunto de las mujeres'. Literal.

A finales de año, la RAE matizará el uso del polémico término sexo débil.

Pues bien, se va a matizar ese significado explicando que tiene una connotación ofensiva. ¡Por fin se han dado cuenta! Adivinad cómo se define el sexo fuerte: 'conjunto de los hombres'. Aquí también se notificará que su sentido es irónico, jeje, menudo revés para los machotes. A estas alturas del siglo XXI, llamado el siglo de las mujeres por las movilizaciones masivas en favor de la igualdad, los ilustres académicos han considerado que era el momento adecuado para efectuar este cambio. Mucha más prisa se han dado por admitir como imperativo el vulgar 'iros' junto al culto 'idos'. A ver si ahora van a precipitarse, quizá pueden esperar un siglo más.

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Teniendo en cuenta que según ha anunciado el presidente de la Academia, Darío Villanueva, también está previsto que la actual revisión incorpore como neologismo post verdad ('post-truth', mentiras repetidas convertidas en supuestas verdades), la comparación en el tiempo resulta injusta pues este es un sustantivo que se está popularizando durante la presidencia de Trump.

En realidad, la expresión 'sexo débil' no desaparecerá porque varios literatos la han utilizado y, si ocurriera, los lectores del mañana no entenderían sus textos, dice la RAE. Lo que va a suceder es que una nota especificará que llamar así a las mujeres es hacerlo "con intención despectiva o discriminatoria".

Y "mentirosa", añadiría yo, porque a lo largo de la historia han demostrado su valor y fortaleza para afrontar situaciones difíciles, incluso estando sometidas. ¿Cuántas 'princesitas del guisante' existen?

Anda, que vaya cuento. Y me pregunto por qué nos cuesta todo tanto a las mujeres, por qué para nosotras es todo a medias, a golpes, por qué no eliminar de una vez por todas las discriminaciones, incluso las intencionales, por qué andamos aun así, peleando con uñas y dientes, a cada paso, por lo que es de cajón, de derecho y de justicia que se reconozca.

Nuestro gran diccionario sigue siendo muy machista. Si practicando el fija, limpia y da esplendor los académicos han querido recoger el lenguaje de la calle admitiendo términos como friqui, palabro o, ¡atención!, 'pechamen, culamen y muslamen' ("muslos de una persona, especialmente los de mujer", ¿ellos no los tienen gordos?), no se entiende que no revisen con más diligencia otros términos denigrantes o injustos en su versión femenina.

Porque los hay a puñados.

Las mujeres no somos débiles, somos vulnerables. La pobreza tiene rostro femenino. Según la EPA las tasas de paro más altas son de mujeres. Nuestra jornada es parcial en mucha mayor proporción que las jornadas de los hombres. 776.000 hombres tienen jornada a tiempo parcial, frente a 2.056.900 mujeres (Cuarto trimestre EPA 2016).Y los motivos aducidos por las mujeres es su dedicación a los cuidados de menores, de nuestros mayores o de dependientes a cargo.

No somos iguales tampoco en el salario. El último informe de CCOO denominado “Brecha Salarial: el peaje de la discriminación”, de febrero de 2017, señala que las mujeres hemos de trabajar en España 109 días más al año para cobrar lo mismo que los hombres. La situación e las mujeres valencianas es peor, hemos de trabajar 124 días más que ellos y percibimos de media 426 euros de salario mensual menos. La brecha salarial en la Comunitat se ha incrementado en dos puntos frente a la estatal que ha disminuido.

Pese a tener en muchos casos más cualificación, los puestos directivos son ocupados mayoritariamente por hombres. En un mundo de hombres que nos invisibilizan, sólo una mujer es rectora en España y sólo el 21% consigue convertirse en catedráticas. Aunque no hay premios nobel a mujeres científicas y sus nombres no están aún en los libros, sus aportes a la ciencia son importantísimos.

Y lo más doloroso e inconcebible, es que nos asesinan por ser mujeres. No nos matan, los fuertes nos asesinan. Y hasta cuándo soportarlo. Cuántas muertes más. Nos queremos vivas. Gritamos cada vez ni una menos, pero siempre hay una más que lamentar. Queremos un país seguro para nosotras, unas relaciones afectivas libres de violencias, una sociedad concienciada, vigilante y solidaria. Necesitamos un gobierno en España para el que exista la violencia machista en sus políticas y que les destine recursos económicos. Necesitamos un pacto de Estado ya.

Tras todo lo expuesto sostengo como mujer pública, no como prostituta según la RAE, sino como mujer con presencia e influjo en la vida social y política de la Comunitat Valenciana, que las mujeres nunca fuimos el sexo débil; lo fueron los Estados, lo fueron los gobiernos que no aplicaron o que no aplican medidas efectivas para protegernos y para combatir la desigualdad, que nos hace vulnerables.
Pero, este siglo XXI es el nuestro, el de las mujeres de este mundo, de todas ellas, las que lo pelearon antes y las que aprendimos tanto de ellas y seguimos dando la batalla en cada espacio. Este siglo es de todas las mujeres valientes y fuertes, que unidas reclamamos a esos gobiernos, a todos, más y mejores niveles de justicia, más y más efectiva protección, más libertad y medidas de igualdad real y efectiva en todos los ámbitos.

Por todo ello, este 8 de marzo, todas alzamos al unísono la voz para decir #Nosotras paramos.

 

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