Con ganas de guerra

Además de darme grandes atracones de comida, estas Navidades también me he dado grandes atracones de sexo. Podría decir, en general, que han sido unas fiestas bastante húmedas. De hecho, como he sido una chica, por lo que se ve, muy buena, Santa Claus me ha obsequiado con orgasmos a diestro y siniestro, algo que, a mí personalmente, me cuesta tener normalmente.

Todo empezó por una conversación de WhatsApp un poco calenturienta con Jorge, mi amigovio de los últimos tiempos, con una imagen de su miembro erecto y con una afirmación indecente:

-“Tengo ganas de metertela”.

Qué mejor plan para esa tarde fría de diciembre que pasarla en la cama, desnudos y cachondos. Esperando el momento en el que sonara el telefonillo y fuera él, sentí deseos de tocarme mirando la foto de su polla tiesa y reluciente e imaginando cómo se colaría dentro de mí. Demasiado tarde, Jorge estaba al caer.

Le recibí sin sujetador, aunque tampoco con atuendo especialmente sexy. Total, para lo que me iba a durar puesto. Cerré la puerta de casa mientras le plantaba un beso demasiado ardiente para ser de bienvenida. Me pegó a la pared y ya pude notar que su entrepierna quería guerra.

Llegamos al dormitorio y me senté en la cama y, acto seguido, él se sentó a mi lado. Volvimos a besarnos y nos fuimos tumbando lentamente. Entrelazamos nuestras piernas y comenzamos a magrearnos. Él me sobaba los pechos, que estaban al aire, y yo le mordía el cuello, a sabiendas de que eso le ponía a mil. Lo recorría suavemente con mi lengua, succionando hasta que aparecieron marcas y, mientras, su pene crecía debajo de mí. Me puse encima de él, ya sin pantalones, y le ayudé a quitarse los suyos. Jorge seguía acariciándome los senos mientras yo me restregaba contra su miembro ya duro.

Me deshice de las bragas y le saqué la polla de los calzoncillos para poder frotarme más directamente. Abrí las piernas todo lo que pude para que el roce con mi clítoris fuera mayor. Jorge gozaba mientras yo me acercaba al cielo. Lo sentía llegar y me moví más rápido hasta que me corrí sobre él. Saboreé durante unos segundos aquel placer intenso y me aproximé a sus labios para besárselos. Entonces él, fue a buscar un condón y, para que no perdiera la erección mientras lo encontraba, masturbé su pene mojado de mis fluidos.

Me gustaba follar con Jorge estando yo encima, así que volví a colocarme sobre él. Me la metí y empecé a cabalgar. Nunca tengo dos orgasmos seguidos, así que simplemente me movía encima de él con vistas a disfrutar. Me encantaba sentirla muy dentro y hacía todo lo posible para que la penetración fuera muy profunda. Mientras lo poseía, él se recreaba con mis pezones, lo cual me excitaba mucho.

Jorge me decía que estaba a punto de correrse y yo quería sentir la intensidad de su orgasmo, así que seguí agitandome sobre él, hasta el punto que, no podía creerlo, estaba próxima a tener mi segundo orgasmo. Volví a gemir alto y él eyaculó al poco.

Derrotada, me tumbé junto a él y nos acariciamos dulcemente mientras escuchábamos música de fondo. Me entretuve tocándole su miembro flácido y jugueteando con él, hasta que, después de unos minutos, volvió a mostrarse erecto y resplandeciente.

Nos sobamos nuevamente, aunque, de hecho, yo estaba totalmente satisfecha, y atraje su miembro hacia mi sexo para masturbarme con él. Estaba húmeda y me sorprendí de que siguiera queriendo más y más. Restregué su firme polla contra mi clítoris y, otra vez, me sentí próxima al clímax. Me masturbé con ella muy fuerte y, sin poder parar de jadear, me corrí por tercera vez.

Ahora no puedo pensar en otra cosa más que en que se repita muy muy pronto.

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