Derroche de besos.

Derroche de besos.

Derroche de besos.


¿Recordáis aquella canción de Ana Belén llamada derroche de amor? ¿No?

Pues aquí os la pongo para que la escuchéis y os pongáis al corriente del tema de hoy:

 

Los besos, sobretodo los besos apasionados.

 

Las parejas dejan de besarse con pasión, lo dicen las encuestas. A partir de los 2, 3 años, por bien que funcione la relación, por activa que sea su vida sexual, los filetazos desaparecen.

¿POR QUÉ DEJAMOS DE BESAR?

Para bien y para mal, las personas acabamos acostumbrándonos a cualquier situación. También a las personas.

Y donde antes habitaba la magia ahora habita la cotidinaneidad; lo que al principio nos parecía extraordinario con el tiempo deviene corriente y lo que un día fue una utopía hoy es una realidad con la que estamos sobradamente familiarizados.

Nos olvidamos de que además de funcionar como antidepresivo, quemar calorías, generar endorfinas, prevenir las caries, acelerar el metabolismo y alargar la vida en general, el beso nos acerca a nuestra pareja, enciende llamas, suscita vínculos, alimenta la confianza.

El arte de besar transmite muchas emociones y sensaciones.

El primer beso que nos da una persona, puede hacernos pensar positiva o negativamente, podemos sentir un impulso de seguir conociendo a esa persona, o por el contrario quedar totalmente decepcionados.

En definitiva, devuelve la magia.

HAY QUE BESARSE MÁS

Hay que besarse más, ya lo decíamos. Tenemos que recuperar los filetazos en el coche. Aunque sea por sorprender al otro, por volver a sentirnos un poco adolescentes, por pasar el frío o por sentir de nuevo ese rubor en las mejillas.

derroche de Besos

 

Una de las cosas más guays de la fiebre retro ha sido la vuelta de los auto cines.

Así que tened una cita como las de antes: coged el coche, id al auto cine más cercano, comprad unas hamburguesas y besaos.

Besaos hasta olvidar hasta el título de la película.Pero nada de piquitos. Hay que besarse a lo grande, con lengua y pasión, hay que parar el tiempo.

¿Cómo era aquello de besarse eternamente en el interior de un coche cuando éramos jóvenes?

¿Cuántas horas habremos pasado besando con desenfreno apoyados sobre el freno de mano?

¿Cuántos tirones de cinturón nos habremos llevado al primer intento?

¿Cuántas risas nerviosas?

¿Cuántas llamadas perdidas de nuestros padres, preguntase dónde estaríamos y resulta que estábamos ante la puerta de casa?

¿Cómo eran esas despedidas eternas?

Eran como la equivalencia presencial al “cuelgatútelefónico” que la generación Z ni siquiera comprenderá.

 

Luego fueron pasaron los años y dejamos de besarnos.

No, no sois los únicos que ya sólo reserváis los morreos para determinadísimos momentos que, por lo general, tienen que ver o con camas o con aeropuertos.

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