Él y ella

El y ella


Y ella sucumbió. Se dejó llevar por lo que su cuerpo pedía, lo que le pedía su amante.

El le abrió la puerta, ella pasó junto a él accediendo al pasillo del lugar donde sus instintos serían saciados. Notó que el aire era más caliente junto a él, y el perfume de su cuerpo llenó sus ansias.

Sintió la puerta cerrarse. Y cuando se dio la vuelta lo tenía a pocos centímetros de su cara. Respirando sobre ella.

Se le aceleró el corazón, le palpitaba su sexo, y sentía sus ojos recorrerla con rapidez. Entre abrió los labios, cerró los ojos, y sintió un leve roce en ellos…

No sabía si era el aire que exhalaba febril de su boca o que ciertamente se encontraba a un milímetro de fundirse en uno.

Lo que si notó fueron sus manos recorriendo sus hombros, bajando hasta la cintura…

Y con un movimiento contundente y al mismo tiempo suave, como el bailarín que guía a su pareja, le dio la vuelta. Sus manos se posaron en la pared a la altura de su cara para no chocar. Y sintió como el cuerpo de él se apretaba contra ella.

Él empezó a recorrer su cuello con sus labios, como el lobo que reconoce su presa antes de devorarla… Y era lo que ella quería, que la devorara justo en ese momento.

Arqueo su cuello hacia atrás, buscando su boca, pero esa postura dejaba totalmente a su merced toda la extensión de su cuello. Y él aprovechó eso.

Mordió suavemente justo bajo su garganta.A ella se le escapó un quejido. Y notó en sus nalgas que eso le excitó. Aquella protuberancia crecía dentro de sus pantalones y estaba aprisionada entre el y ella.

Sus manos subieron despacio para ir desabrochando su blusa. Ésta cayó al suelo, a sus pies… Como ella se sentía.

El sujetador no supuso un problema, también tenía ganas de caer con la blusa.

Ahora los pechos de ella pertenecían a las manos de él.

Los tocaba, los media, los masajeaba, buscaba sus pezones, no había centímetro que sus manos no explorara.

Ahora sus manos empezaron a bajar por sus costados.Sintiendo como su lengua recorría su espalda en vertical. Esa sensación de estar de pié y tener en su espalda a un hombre arrodillado le causaba mucha excitación.

Ella se sentía dominada en una postura en la que ella hubiera sido la dominatriz. Y su sexo palpitaba cada vez con más ganas…

Los pantalones interrumpían la desnudez superior de su cuerpo, lo que tuvo una rápida solución…

Con los ojos aún cerrados sintió como desabrochaba sus vaqueros, y sus pantalones al fin cayeron al suelo junto a sus ya muy húmedas bragas.

Bajaron ambos a la vez a las órdenes de las manos de él. Ahora si sintió él la desnudez completa de ella. Y sintió el calor que su entrepierna desprendía.

Atrasó sus manos hacia sus nalgas, posó una en cada una y empezó a masajearlas tal y como había hecho con sus pechos, pero con algo más de contundencia.

Seguramente para asegurarse que ella sentía bien como la tocaba.

Dibujando con sus nalgas círculos su ano quedaba al descubierto a momentos, y por fin ella sintió como su lengua, que había retomado su camino descendente, se posó sobre su entrada trasera.

Ella instintivamente abrió los ojos y miró hacia arriba buscando si de verdad estaba en el cielo. Pero le quedaba mucho por disfrutar aún.

Él, enjuagando con su lengua todo su ano, queriendo introducirla poco a poco, provocaba en ella suspiros cada vez más fuertes, cada vez más intensos.

A veces intentaba llegar provocando sensaciones que ella estaba deseando. Y él sentía todo el calor de su cuerpo sobre su boca, disfrutando de como su cuerpo se estremecía.

Así, de rodillas tras ella, y con la misma contundencia que al principio, puso sus manos en sus caderas, y le dio a ella la vuelta.

Ahora sí. Ella volvía a tener la sensación de la dominatriz dominada.

Él de rodillas frente a ella, y ella dejándose hacer.

Ella quería su boca en su sexo con ansias y para apremiarlo levantó una pierna, y la pasó a su espalda sobre uno de sus hombros, tirando de él hacia si. Y besó sus labios.

A ella se le aflojaron un poco las piernas, sintió que sus rodillas temblaban mientras la lengua de él recorría todo su sexo.

Disfrutándolo, chupando, acariciándolo, notando la suavidad de todo su monte de Venus rasurado a conciencia, notando como la lengua de aquel lobo en introducía en sus entrañas.

Un relámpago cruzó su cuerpo.

La espalda apoyada sobre la pared se arqueo, su sexo quedó aún más expuesto si cabe a la boca de su amante, y con la mano contraria a la pierna que tenía sobre el hombro de él, cogió su cabeza y la apretó contra ella.

Y llegó su primer orgasmo…

Es más esperado, es que saciaría su cuerpo, o eso creía ella.

Alivió la presión que ejercía sobre la cabeza de él, para que poco a poco fuera retirándose, pero él no se retiró del todo.

Ahora, y con extrema suavidad, lamió su sexo, pero no para provocarla otro orgasmo, sino para que la rapidísima sensibilidad que tenía su clítoris fuera bajando su intensidad, a la vez que disfrutando de sus caricias.

Hizo un buen trabajo, pues después de beber todo su placer, de su fuente volvió a manar el néctar de su placer. Y fue cuando ella se dio cuenta que tenía varias gotas que llegaban hasta el suelo recorriendo sus piernas.

Había disfrutado como hacia mucho tiempo que no disfrutaba.

Ahora el movimiento de él fue ascendente. Pasó su lengua por sus ingles, beso su desnudo monte de Venus, rodeó su ombligo como queriendo dibujarlo, o más bien desdibujando de donde se encontraba, subió por los costados de ella, provocando caricias con sus labios y su lengua, llegó a sus pechos, los recorrió completamente, incluso algún mordisco se escaparon a los erectos pezones haciendo que ella cerrara los ojos de nuevo.

Luego subió por la parte delantera de su cuello, y besando tras sus orejas se precipitó a su boca. Ahora sí.

Labio a labio, lengua a lengua, cogiéndose ambos las cabezas por detrás para apretarse a cada uno hacia si mismo al otro.

No se supo nunca cuanto duró, segundos, horas.Solo se supo que estaban conectados.

Ahora era ella la que parecía que quería tomar las riendas del conflicto.

Prácticamente arrancó la camiseta del cuerpo del lobo, mordió su cuello con voracidad, bajó por su pecho lampiño haciendo una breve pausa en sus pezones, tal vez para devolverle el mordisco que ella sufrió, o más bien disfrutó, antes.

Pero estaba demasiado excitada como para prolongar más aquello. Los besos en su sexo para volver a ponerla a punto parece que dieron más resultado de la cuenta …más resultado de la cuenta.

Siguió bajando hasta estar cara a cara con aquel bulto de su pantalón.

Desabrochó el botón y con ambas manos, al igual que él hiciera antes bajó pantalones y calzoncillos al mismo tiempo. Y allí estaba. Erguida cual mástil frente a ella. Estaba totalmente rasurada.

A simple vista se notaba la suavidad de esa piel estirada, apuntando cual arma. Y bajo ella, en una bolsa de piel arrugada pero con el tacto del terciopelo colgaban sus testículos.

Ella miró el sexo de él al completo. Como memorizando…

Se acercó a ese falo, que tenía frente a ella. Se acercó hasta donde se unía al cuerpo de su lobo. Y mientras acariciaba esos suaves testículos con ambas manos agarró con sus labios el trozo de carne suave y caliente que nacía en el pubis de él.

Lo recorrió a lo largo, por un lado, luego por el otro, explorando todo su contorno.

Hábilmente presionaba y jugueteaba con las bolas que en sus manos parecían vivas. Aveces miraba los ojos de su amante, el cual la observaba con estupefacción y morbo. Se sentía poderosa.

Y él sentía lo que ella había sentido antes.

El dominador dominado. A merced de lo que ella quisiera hacerle. Después de lubricar semejante cucaña se separó lo justo. La tenía justo delante.

Plantó sus manos en las nalgas de él. Entreabrió la boca y avanzó. Todo aquello llegó a su garganta, y aunque quisiera que entrara aún más tuvo que retroceder un poco.

Apretó la carne del culo de él y empezó a chupar con fuerza. La sentía dentro de ella, la saboreaba, y disfrutaba haciéndolo.

Él estaba totalmente absorto en el placer que ella le confería.

Con los ojos cerrados, la cabeza recostada hacia arriba y las manos sobre los hombros de ella. La dejó jugar a intentar succionarle la vida por ahí.

Ella empezó a sentir que aquel miembro se hinchaba, crecía.

No sabía que estuvo pasando hasta que notó el dulce y alcalino sabor del líquido que manaba de aquella manguera.

No pudo tragar todo aquel elixir que notaba disparar contra su garganta, resbalando parte del blanco semen por la comisura de sus labios y llenando su pecho.

Tal y como él hiciera antes siguió chupando.

Pero con una suavidad y delicadeza extrema. Lo que en él provocó unos espasmos de placer de los que ella se sintió muy orgullosa.

Había sido capaz de hacerle llegar al orgasmo sólo con su boca.

Pocos segundos después de que él volviera de donde ella lo había mandado, la cogió por los hombros, la incorporó y estando desnudos, frente a frente, la volvió a besar sin importar el intercambio de flujos que había habido justo antes. Con pasión.

Él la condujo a la ducha. Abrió el grifo y reguló el agua para regular la temperatura a tibia. Ambos entraron y enjabonando cada uno el cuerpo del otro.

Disfrutando de sus formas. Ella necesitaba sentirlo dentro, y el agua resbalando por su cuerpo, el jabón acariciándole, y el cuerpo de él junto a ella no hicieron más que incrementar esas ganas. Le dio la espalda. Puso sus manos contra la pared.

Arqueo hacia delante los riñones se puso de puntillas. En esa postura le incitó a el a que se acercara.

Con ambas cuevas a disposición del lobo necesitaba que hiciese lo propicio.

Él cogió su miembro con una mano, se acercó a ella, plantó su otra mano en la cadera de ella y apuntó hacia la puerta de atrás. Su miembro entró con pavorosa facilidad.

Gracias al agua, al jabón o la excitación de ella. Pero se alojó en sus entrañas. Ella lo quería ahí. Ahora con ambas manos en las caderas de ella empezó a moverse. Sentía con placer los embistes del lobo que antes la devoró.

La fuerza de estos fue “in crescendo”… Y ella empezó a sentir como un relámpago atravesaba su columna vertebral.

El sitio su estremecimiento y la incorporó un poco.

Sólo lo justo para con una mano agarrarla por el pecho como el cinturón de seguridad del coche y que la otra llegara a su mojado y más que lubricado chocho.

Él pasó dos dedos por su clítoris, con suavidad pero contundentemente.

Jugó con sus labios, exploró lo que quiso hasta que empezaron a introducirse dentro de ella.

Hizo falta muy poco para que ella, sintiéndose total y absolutamente llena, completa, estallara en un orgasmo brutal.

Tal fue que si aquel brazo no hubiera estado allí habría caído al suelo a causa de lo floja que se quedaron sus rodillas. Él poco a poco sacó sus dedos de su vagina.

Y ella, cuando él retiraba su pene de su alojamiento sintió que. Algo suyo se le escapaba. Apretó… No quería que saliera. El término de enjabonado, la aclaró.

Salieron de la ducha y aunque aún húmedos cuerpos de agua y sexos de pasión fueron hacia el dormitorio.

En esta ocasión fue ella quien tomó la iniciativa. Lo cogió a el y lo tumbó boca arriba en la cama. Aquella estaca seguía mirando hacia arriba.

Desafiante. Y ella se lo tomó como un reto, una provocación. Avanzó sobre el a cuatro patas, beso fugazmente sus labios, y se incorporó para que el pudiese verla bien.

Con una mano cogió el pene de su lobo y lo apuntó hacia la entrada de su sexo.

Descendió levemente hasta que se tocaron ambos. Y retiró la mano. Estaba caliente como el infierno. Ella apoyó sus manos contra el pecho de él para tener mayor control de la velocidad.

Pues descendió milímetro a milímetro, sin apenas fricción a causa de lo lubricada que estaba.

Disfrutando de como la llenaba aquel trocito de carne pegado a un lobo. Llegó hasta el fondo, apretó, despegó las manos del pecho de él para erguirse más.

Y permanecieron así uno o dos minutos. Al fin lo tenía dentro. Volvió a dejarse caer con las manos en el pecho de él, y empezó a moverse de arriba a abajo como una auténtica amazona, pero a cámara lenta. Muy despacio. Sintiéndolo todo.

Poco a poco y gracias a las manos de él que se habían asido a sus caderas apremiando empezó a subir el ritmo. Hasta alcanzar la cadencia perfecta. Ni rápido ni lento. Perfecta. El alternaba el tacto de la cintura de ella con sus nalgas, o con sus pechos.

Ella también quería aveces sentirla más profundo erguido sin parar de moverse, cayendo sobre el pecho de su lobo. El hizo que se detuviera el cabalgamiento para colocarla a ella en esta ocasión en la cama. Boca arriba también.

Y se colocó sobre ella. Cara a cara, y la besó con ganas.

Aquella serpiente viva encontró el camino sola hacia su cueva. Y se alojó dentro.

Empezó el a moverse con la misma cadencia que antes habían alcanzado ambos. El roce de sus respectivos pubis la excitó muchísimo.

El se rozaba con ella como a ella le gustaba. Apenas la dejaba salir, pero sus embistes eran fuertes y contundentes.

Ambos sintieron aquel relámpago en sus espaldas, ambos cerraron los ojos. Sabían lo que estaba apunto de pasar, así que él pasó ambos brazos por la espalda de ella, la levantó, paso las piernas por debajo de ella y ella por encima de las piernas de él.

La cogió fuertemente y de forma cerrada por la cintura y apretó. Apretó hacia abajo. Sus respectivas bocas se encontraron.

La penetración era perfecta, profunda.

Sus lenguas se fundieron. Y explotó el momento. Un cálido y copioso baño interno los inundó a los dos. Boca a boca. Cuerpo a cuerpo. Ser a ser.

Y ella despertó.

Tenía la parte inferior del pijama, muy húmeda. Y esa sensación de plenitud aún en la mente. El corazón acelerado. Las endorfinas en su sangre.

Cogió el teléfono.

Marcó un número.

Si?

Me rindo…

FIN 

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