Liberación swinger

Liberación swinger


Relato erótico


 

Un año ya juntos. ¡Quién se lo iba a decir! Para esa noche, Sara esperaba una sorpresa de David. La única pista que le había dado era que se vistiera muy sexy.

Así que, obediente, se puso su vestido más ajustado y el color de labios favorito de él: rojo intenso.

La recogió puntualmente y se recibieron con un apasionado beso. David quedó impresionado de lo atractiva que estaba su chica. La agarró del trasero y la arrimó hacia sí.

-“¿Lo notas? Mira quién también se alegra de verte”.

Ella, juguetona, le enganchó del aquel bulto en la entrepierna y palpó una leve erección.

-“Ya habrá tiempo, amor”, dijo este con una sonrisa.

Fueron a cenar, pero ella no consiguió sacarle una palabra de la sorpresa. Así que se concentró en disfrutar del momento y de las copas de vino que iban y venían. Terminada la cena, David le prometió que la sorpresa estaba ya próxima.

Simplemente anduvieron un poco hasta detenerse frente a un extraño bar. Entraron, pidieron algo de beber y la camarera, además, les dio una toalla a cada uno y unas indicaciones:

-“Aquí está todo permitido”.

Sara no lo podía creer, pero no corroboró sus pensamientos hasta que atravesaron una puerta.

Al otro lado estaba muy oscuro pero aun así adivinó que se trataba de un bar liberal, de parejas swingers.


Ante ella había numerosas salas, todas ellas con espaciosas camas. Había unas cuantas parejas, todas desnudas y practicando sexo y también quienes solo miraban y se tocaban a sí mismos.

Recorrieron toda la estancia y cada sala era aún más sorprendente que la anterior: jaulas, látigos, glory holes… Para todos los gustos. Se toparon con un jacuzzi en el que había una pareja montándoselo.

Él le estaba comiendo los pechos a ella mientras esta cabalgaba activamente sobre él. Esta imagen les excitó y decidieron abrir boca en remojo.

Se desnudaron y se introdujeron lentamente en el agua. Sara se percató de que David ya estaba empalmado. Se sentaron justo enfrente de aquella pareja que estaba a las puertas del clímax.

Ellos, entonces, se besaron tiernamente para aclimatarse. Sara tocó el firme torso de su chico y bajó la mano un poco más hasta encontrarse con su verga, ya muy dura.

Empezó a acariciarla y se puso encima de él. No se la metió todavía, quería prolongar el juego un poco más.

Restregó con ella su sexo mientras su clítoris se iba hinchando.


David succionó sus pezones calientes y los mordía con furia; ella seguía frotándose con su miembro erecto. Entonces se la introdujo y comenzó a moverse con su pene dentro.

Él la sujetó de la cintura y la balanceó arriba y abajo.

Cerró los ojos y cuando los abrió observó a una chica a cuatro patas esperando ser penetrada por un joven mientras se la comía a otro.

Salieron del jacuzzi y se echaron en una de las camas donde encontraron un hueco para estar cómodos. Sara cogió la polla de David y se lanzó a lamerla.

Le miraba a los ojos la mayor parte del tiempo, pero también se le iba la vista a aquel trío que estaba junto a ellos. Chupeteó su glande y su lengua lo recorrió desde la punta hasta la base.

Notó que una mano le acariciaba la espalda; sólo eso, pero le dio morbo.

Ella se tumbó y abrió las piernas para entregarle su sexo a su novio, que iba hundiéndose entre sus pliegues cada vez más extasiados. Se corrió una vez y creyó hacerlo una segunda. David se colocó sobre ella y la embistió primitivamente. Ésta se agarró a las barras de una jaula que tenía junto a su cabeza. Alzó la vista y sorprendió a un hombre mirándoles lascivamente con la mano en su polla.

A segundos de llegar al orgasmo, David la sacó y se corrió en los pechos de Sara.

No había durado casi nada; era demasiada la sobreexcitación del ambiente.

Tocaba coger fuerzas, una copa y a seguir cediendo a la tentación de aquel lugar.

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