¿Nos duchamos juntos?

¿Nos duchamos juntos?

¿Nos duchamos juntos?


Sexo y agua, erótica combinación.


 

Cuando lo miro entrar al baño, el deseo se desata. Siempre me caza mirando inconscientemente hacia su paquete. Mis ojos tienen una especie de vicio y lanzan una mirada lasciva.

No sé cómo explicarlo…

He visto su cuerpo completamente desnudo miles de veces. Me he masturbado pensando en él, saciando las ganas que vuelven a brotar, para entregar de nuevo mis anhelos a sus formas.

Me he descubierto también en él, y por eso siento que necesito más, él me ha enseñado a explorar de nuevo mi sexualidad.

Años más tarde, sigo mirando su cuerpo con deseo como si fuera algo nuevo y atrayente para mí.


Siempre pienso: -“¿Y si  nos duchamos juntos?”.

Y aunque ello no sea posible en aquel momento, la posibilidad de hacerlo realidad , me excita rápidamente, me enloquece.

Si supiera lo que pasa por mi mente cuando oigo que abre la ducha,  y voy con la excusa a hablar con él de cualquier obviedad mundana.

Sólo para permitir que mi voayeur interna sea saciada con aquella visión de su cuerpo desnudo, el agua resbala creando millones de gotas en su piel.

Imagino como  me dejaría entrar y acariciar su cuerpo con el jabón.

Quizás me permitiría jugar y frotar su cuerpo delicadamente y chupar esas gotas de agua que bajan desde su cuello.


Me invade el deseo con tan solo escribirlo. Pero él siempre caza mi mirada atenta con una sonrisa sórdida:

-¿Qué haces mirándome?

Y yo aún me sonrojo intentando coordinar mis palabras con lo obsceno de mis pensamientos.

Como una autómata le habló de temas banales mientras se ducha. Desafiando el opaco de la mampara para ver traslúcido su cuerpo desnudo que tanto me excita.

Espero paciente a que salga, enrollando la toalla a sus caderas, dejando ver ese pliegue sobre su pelvis, marcando sus trabajados abdominales.

En mi mente le arrancó la toalla y miro sus ojos….

No me detengo. Beso, chupo su cuello, y comienzo a sentir cómo su cuerpo lucha; pero su piel erizada en mi lengua reconoce su derrota entre la rabia y el deseo.

Y caigo de rodillas frente a su abdomen plano y sensual.


Con mi lengua en su ombligo, le indico que ya no habrá nada que me detenga: acarició sus piernas y mi lengua recorre su pene erecto, excitado ante la situación.

Mientras el agua  aún cae por su espalda, mi ropa interior lo hace sobre el suelo. Soy suya, es mío.

Su mirada lasciva y sus manos apresurando por quitar mi ropa y esparcirla por el suelo del baño haciendo que mi apetito sea más voraz.

Me agarra por la cintura empujándola contra el mármol, para besar y morder mis labios. Y al girarme, mi imagen más viciosa se refleja en el espejo empañado del baño.

Su lengua recorre mi columna y para en círculos entre mis nalgas.


Las aprieta y me da una cachetada de las suyas, de esas que tienen la intensidad para doler lo justo y excitar demasiado.

Humedece sus dedos con saliva para buscar la entrada de mi vagina y abrirse paso. Acto seguido me penetra con una fuerte embestida.

Nuestras miradas se encuentran en el espejo, mientras me folla hasta hacerme correr varias veces de placer.

Yo sonrío–.

Esto no es siquiera el comienzo de lo que viviremos, continuaremos por todos los rincones de la casa, en todas las posturas posibles, viviendo miles de orgasmos entre jadeos y susurros.


–Sal pronto y cierra la puerta por favor, se escapa el calor.

Se oye detrás de la mampara…

Sus palabras me devuelven a la realidad, un día más, mi fantasía mental ha hecho mella en mi pervertido cerebro.

Salgo del cuarto de baño y cierro la puerta tras de mí, con mi ropa interior húmeda por las imágenes mentales de tamaña fantasía de sexo y agua.

Mañana regresaré al cuarto de baño, a la misma hora, en su ducha diaria, para imaginar un encuentro fugaz de nuevo, mientras miro su cuerpo desnudo …..

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