Orgasmo inundado de pasión

Ahora mismo estoy en la ducha…


El agua caliente se desliza por mi piel, el vapor me envuelve, la luz tenue hace que me vaya relajando poco a poco…

En mi mente se repiten las escenas de ese día. Imposible olvidarlo. Era un cualquiera. Tú no trabajabas y viniste a casa a pasar el día festivo conmigo. Yo había tenido una semana dura y estaba un poco estresada, por eso me propusiste darnos una ducha relajante.

Recuerdo como tus manos acariciaban mis piernas haciendo círculos con el dedo a lo largo de mi piel. Recuerdo como clavabas tus uñas en mi espalda, como presionabas mis muslos hacia ti, como tus dedos subían y bajaban ardientes por mi cuerpo a la par que se resbalaban con el aceite de aloe vera.

Sin darme a penas cuenta, empecé a notar como mi sexo se iba humedeciendo. Hacía tiempo que no me sentía así, hacía tiempo que el sexo salvaje no corría por mis venas.

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Sigo recordando. Recuerdo como tus manos comenzaron a presionar mis glúteos y mi vagina empezó a echar chispas entre mis piernas. Tus dedos se deslizaron despacio entre ellas como si hubieses leído mis pensamientos y hubieras intuido mi deseo silencioso. De repente acariciaste mis labios, fuiste adentrándote en ellos hasta provocarme pequeños espasmos de placer. Comencé a apretar mis piernas hundiendo tu mano todavía más. Mientras estaba concentrada en saborear el éxtasis que me provocaban tus dedos dibujando espirales sobre mí, noté como tu lengua se perdía por una de mis nalgas.

Recuerdo como sacaste los dedos de mi interior, te colocaste detrás de mí y me sujetaste por las caderas. Me obligaste a levantarlas un poco y me penetraste mientras el agua caía y lubricaba aún más tu pene endurecido por la situación. Yo gritaba, me estremecía. La marea de embestidas entraban y salían acompasadas. Los movimientos se iban haciendo cada vez más rápidos y fuertes. Mi orgasmo estaba al llegar. 

 

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Cuando pensaba que no podría aguantar mucho más, sacaste tu miembro de mi interior y lo pusiste en mi boca. Recuerdo lo sucia y lo viva que me sentía al mismo tiempo… Absorbi tu sabor, deslicé mi lengua por tus testículos y te masturbé mientras hundí tu pene lo más profundo posible en mi boca. “Me voy a correr ya”, dijiste. Esas palabras hicieron arder mis oídos y mi vulva al máximo. Te saqué rápidamente de la ducha y te llevé hacia el sofá. Me puse encima de ti y comencé a cabalgarte. Empecé a moverme de arriba a abajo rápidamente mientras tú besabas y mordías mis pezones.

Recuerdo cómo en mitad de esa furia te corriste dentro de mí. Tu semen comenzó a abrirse paso por las paredes de mi vagina y yo excitada como nunca antes empecé a tocar mi clítoris. Entre las descargas de espasmos procedentes de tu pene, el líquido caliente que invadía todo mi sexo, mis dedos recorriendo mi clítoris y tus dientes mordisqueando mis pezones alcancé el orgasmo en cuestión de segundos. No pude evitar y retorcerme a la par que sentía como rozaba el cielo.

No sé cuánto tiempo he estado en la ducha recordando cada detalle de aquel jueves , pero sí sé que ha sido el suficiente como para volver a sentirme húmeda. Dirijo el chorro de agua caliente hacia mi rincon prohibido y así, inundada de nuevo por el vapor, vuelvo a correrme, pero esta vez solo para mí.

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