Tormenta en mi interior.

Tormenta en mi interior.

Tormenta en mi interior.


Desde muy niña siempre sentí miedo de las tormentas.

Cada trueno, cada relámpago hacían me estremeciera para esconderme bajo las sábanas, temblando hasta que amainara. No llegué nunca a superar ese miedo así que la astrafobia se hizo algo habitual en mi vida.

Pensé en visitar en alguna ocasión a un psicólogo e incluso hacer algún tratamiento de hipnosis. Pero siempre llegaba a la conclusión de que todos debemos lidiar con nuestros propios miedos por nosotros mismos y así superarlos.

Aquella noche diluviaba en la calle, había llegado a mi apartamento empapada tras salir del trabajo sin paraguas y no conseguir taxi alguno. Las noches de tormenta parecía que toda la ciudad se volvía loca en un sin sentido de coches atascados en el asfalto y gente corriendo bajo la lluvia de aquí para allá.

Deseosa de entrar a casa, aproveché en el ascensor para comenzar a quitarme los zapatos empapados. A duras penas y cargada de paquetes abrí la puerta de casa con el recibimiento de mi gato maullando sin cesar.

-Buenas noches Garfield. ¿Has pasado buen día? Vamos a la cocina, te pondré algo de comer.

Mientras mi adorado y fiel felino me perseguía por la estancia, iba me desprendía de mi ropa empapada e iba cerrando todas y cada una de las ventanas de mi casa.

No podía evitar sentir miedo, las tormentas me ponían nerviosa , alteraban mi carácter y me convertían en alguien realmente vulnerable.

Me serví una copa de vino y un somnífero.

Abrí el grifo del agua caliente y me dispuse a prepararme un buen baño caliente. La música clásica a un volumen alto amortiguaba el sonido de la tormenta y sus truenos.

Me introduje en el agua caliente, banalizando con mi móvil las redes sociales para distraer a mi pobre mente asustada. Me costaba aislarme de las inclemencias metéreologicas. Un mensaje en un buzón parpadeaba incesante. Procedí a abrirlo.

  • Te echado de menos. Tengo una sorpresa muy caliente para ti. Quizás necesite el duro y frío mármol de tu cocina para llevarla a cabo.

¡Maldito cabrón!.le insulte hacia mis adentros. No debería haber leído el mensaje, necesito concentrarme en mi relax y superar esto yo sola.

Un sonoro trueno acompañado del fulgor de un relámpago se vislumbraba tras los cristales opacos del baño. Los escalofríos me recorrían por completo y deseaba que mi pastilla hiciera efecto lo antes posible.

Pip-Pip, de nuevo otro mensaje de texto.

-He pensado en ir a verte esta noche, ¿me abrirás la puerta?….

Carlos era uno de esos folla amigos muy persistentes.

Empezaba a gustarme en serio y reconozco me tenía enganchada a su buen sexo y su dulce olor a Armani.

No quise responder enseguida por no parecer desesperada. Subí dos puntos más el volumen de la Traviata de Verdi. Quería evadirme. Bebí un buen trago de vino y me sumergí bajo la espuma caliente del baño. De repente mis pensamientos volaron y me puse a pensar en su proposición.

Me sentí muy tentada de ir a buscar mi vibrador favorito y masturbarme bajo el agua con él. Llevaba más de una semana sin verlo y mi coño notaba su ausencia.

Mala idea, mis cinco sentidos estaban más agudizados que nunca y era incapaz de relajarme y permitir a la pastilla actuar. El calor entre mis piernas aumentó y se hizo más consciente con el roce de la espuma caliente y la esponja sobre mis pezones…

De nuevo sonó el teléfono, esta vez era Carlos y su voz varonil llamando.

-¿Hola, Claudia? ¿Te pilló en mal momento?

-Verás Carlos… No es buen momento, estoy cansada y pretendo darme un baño relajante e irme pronto a dormir.

-Ummm… puedo imaginarte en la bañera, desnuda. Tu fina piel blanca y pecosa recubierta de espuma.

¿ Seguro no te has acordado un poco de mí?…..

Un silencio invadió la línea mientras Carlos esperaba de nuevo mi respuesta.

¡AGGGG!, ¡Maldito cabrón! De nuevo sabe como meterse bien en mis pensamientos. Creo me va a costar darle largas por está noche.

-Quizás un poco sí…. dije yo medio coqueta y con voz lasciva.

-Que interesante..Quiero me digas lo mojada que estás.

Una sonora carcajada salio de mi boca.

-Pues claro estoy en la bañera, como no voy a estar mojada…

-Ya sabes a que me refiero y quiero proponerte un juego, ¿aceptas?

-Esta bien. dije yo. – Solo si así me dejas en paz por hoy… necesito de verás concentrarme en superar mis miedos.

Nunca le había hablado de mi problema de astrofobia. Para mi no era una carta de presentación con mis amantes. De echo pareció no importarle utilizará la palabra miedo.

Se le notaba muy seguro de sí mismo y de que su juego haría me olvidará por un buen rato de lo que a fuera sucedía.

-De acuerdo, escúchame bien. Respira hondo, toma aire y concéntrate en la música, en las notas. Quiero te fundas en la historia y te dejes llevar.

Verdaderamente Carlos tenía una voz sensual y su argumentación surgía efecto en mí. Era un hombre culto y eso también me atraía hacía él enormemente. Me concentre por completo. Siempre me había fascinado esa obra maestra de la opera.

Si bien es un genero difícil de comprender, a mí siempre me había fascinado. Quizás también porque siendo pequeña mi padre me inculco a ello y me la ponía cuando había tormenta. Para mi era un potente tranquilizante. Llegué a amarla por ambas cosas.

-¿Excitada? Quiero que lo compruebes. Tócate y dime lo mojada que estás. Pero tus pensamientos deben seguir en la historia que cuenta la Traviata.

Mientras mis dos dedos bajaban hasta mi entrepierna. Desplace toda la espuma que tapaba mi monte de venus para poder observarlo detenidamente y comencé a acariciarme con un movimiento circular que abarcaba mi clítoris y su hendidura.

Estaba húmeda y endulzada por culpa de la copa de vino.

-Estoy empapada —murmure, con la voz atenazada. Los acordes del primer acto en donde se celebra una fiesta para celebrar el amor se abrían paso embriangandóme de la historia. Había conseguido dejarme llevar…

-Ahora ya no escuchas a la tormenta, escucha a tu agitada respiración.

La autoridad de su voz no palidecía, pese a estar al otro lado del teléfono—. Hazlo. Despacio. Acaríciate para mí. Quiero escucharte.

Frote mis muslos, intentando apagar el fuego entre ellos, sin resultado. Sabía que me estaba provocando a propósito y esboce una sonrisa torcida. Se lo haría pagar en la cama otro día, de eso estaba segura.

El segundo acto se abría paso por los altavoces de música. Recordé como mi padre me explico en este acto la protagonista se da cuenta entonces de la situación que allí ocurre: Dos seres hechos el uno para el otro acaban separados y destrozados (“Ah sì, che feci!… ne sento orrore”).

Quizás me equivocaba y estaba dejando escapar a Carlos. Se le veía predispuesto a ser algo más que un simple amante de usar y tirar.

-Claudia..¿Sigues ahí o te has ahogado?

Sus palabras interrumpieron mi ansiada calma que tanto me había costado conseguir después de un silencioso orgasmo. Apenas aguante un minuto. Y no quise regalarle a Carlos mis gemidos por el teléfono.

Mi cuerpo se había quedado destensado como si hubiera soportado toneladas de presión.

-Sigo aquí. Le dije recomponiéndome mientras salía a por un albornoz. El agua se había enfriado y no quería perpetuar más mi llegada a la cama.

—Has tardado una eternidad en responderme — eso es que he conseguido llevarte a un orgasmo…murmuró entre labios.

De nuevo parecía conocía cada uno de mis movimientos, realmente me tenía muy estudiada.

-Sabes qué..he pensado quizás no me iría mal tu compañía esta noche…ya sabes donde están las llaves. Te espero acurrucada en la cama.

Me acurruque desnuda bajo el edredón, como cuando era pequeña, con la música aún de fondo. Me negaba a escuchar cualquier atisbo de tormenta que sucediera a fuera. Aquel era mi templo donde me resguardaba y no estaba dispuesta a renunciar a él.

20 minutos mas tarde sentí como se abría la puerta, unos pasos entraban en la habitación mientras el sonido de la ropa iba cayendo por el suelo de tarima.

Carlos se acurrucó junto a mi. Su cuerpo me ofrecía calor y una especial ternura.

-Shhh. Tranquila ya estoy aquí. No temas. Aquella noche sólo me abrazó tiernamente mientras me acariciaba el rostro. Por primera vez conseguí dormir del tirón bajo el sonido de la lluvia.

Al amanecer el sexo llego con la salida del sol y fue increíble, salvaje y muy guarro.

Nunca más he vuelto a sentir miedo de las tormentas.

Carlos me acompaña desde entonces y estamos descubriendo como una buena opera, una copa de vino y una tormenta enciende nuestra pasión.

Fuera…mientras…llueve.

 

 

 

 

 

 

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