Y nuestra música dejó de sonar.

Y nuestra música dejó de sonar.

Y nuestra música dejó de sonar.


Notas discordantes.

Atrás quedan los dulces y tenues sonetos

susurrados al oído

Partituras sin corcheas de amor.

Armonía interpretadas para dos.

De sus gestos tocando, o de sus miradas encontrando.

Han dejado de sonar… con el tiempo avanzar.

Al pasar los minutos, días y años …
todas las estaciones meteorológicas!

Y nuestra música dejó de sonar.

Llegué a odiar este mundo
compuesto de palabras sacadas de un diccionario,

para no importar la melodía.

Nuestras almas vagas de oído dejaron de escuchar.

El sonido mudo del amar, de amantes envueltos de incienso, velas y palpitar.

Y en ese momento pensé que podríamos ser infinitos si fuésemos música.

Pero ahora escucho el silencio
como la lluvia tras la ventana golpear:

Mientras renunció
y triste mis oídos cubiertos de algodón
voluntad de lo escucho
saber que hay un mundo
de mí escondido

en mi propia partitura…
Eramos felices cuando la música se derramaba
en el cuerpo terrenal
de la palabra haciendo de ella pura poesía.

Como música de fondo
brota una nota en mi pesar
que mientras vibra crece y vuelve a menguar

brota del profundo silencio
otro silencio,espada cortante del alma
para subir y bajar mientras nos suspende

como se eleva la caída
recuerdos, esperanzas ,
de grandes y pequeñas mentiras queremos gritar

y la garganta
aguarda un grito a punto de sonar
mientras desembocamos silencio
en el que en la partitura de nuestra alma ya no podrá desenterrar .

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